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La historia de la calle Placentines.

Por Sevilladaily

La historia de la calle Placentines.
La calles del centro de Sevilla, aún enmascaradas dentro de la propia historia de la ciudad, también tienen su propia historia que le confieren un carácter particular. El caso de la calle Placentines no es ajeno a esta circunstancias. 
Gracias a la asociación "Raigambre de Sevilla" que colocó el azulejo (año 2000)  que vemos más abajo y a D. Juan Aragón (sito en calle Águilas, 25 según podemos ver en su firma) podemos conocer, aunque sea en una pincelada, el origen de esta calle que albergó a italianos venidos de la ciudad de Piacenza, nombre propio cuya traducción debiera ser Plasencia, pero como aquí cerquita en Extremadura tenemos una ciudad de este mismo nombre, evitaremos el duplicado tomando su forma italiana.
La historia de la calle Placentines.
Piacenza es una de las ciudades importantes de la región de Emilia-Romana, una región del norte de Italia que se extiende desde el Mar Adriático hasta casi el Mediterráneo sin tocar la costa. A pesar de tener abierto paso fluvial a través del río Po hacia en Adriático, la ciudad de Piacenza ha tenido más vínculos con el Mediterráneo al que tienen a escasos kilómetros a través de la ciudad de Génova.
Cuenta la historia que los piacentinos (o placentinos) llegaron a la ciudad an ayuda del Rey San Fernando para la conquista de la misma. En agradecimiento de su labor, el propio rey les permitió ciertos privilegios: tener calle propia, horno para pan y baño para los aseos.
Con el tiempo fue modificándose la calle y, aunque sufrió cierta deslocalización respecto a sus vecinos, el nombre de Placentines permaneció en recuerdo de su peculiar origen y fue tomado como nombre de la calle en el siglo XIX.
La historia de la calle Placentines.
Como curiosidad podemos comentar que la esquina de la calle Placentines con el Palacio Arzobispal fue llamada Matacanónigos. 
Se le llamó así al menos al principio del siglo XIX por las corrientes de aire que se formaban en invierno y las pulmonías que provocaban. Como los residentes del Palacio Arzobispal eran los que más frecuentaban la zona, entre ellos los canónigos, pues eran los que más se constipaban y de ahí el peculiar nombre.Sigue leyendo >>>

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