Revista Cultura y Ocio

La Historia de los Judios Toledanos del Siglo XIV, en los documentos ( II)

Por Pablet
Resultado de imagen de judios en españa siglo xivDice el rey que Per Alfón "seyendo mío vasallo e mío natural, fue en fabla o en consejo que los de Toledo se al:l.asen contra mí en contra mí e contra mío servicio con la boz que touieron con la reyna donna Blanca mi muger, e estando Sr con ellos, enseñándoles e faciendo algunas cosas c¡ "e non deuía, contra mío servicio.
Et teniendo en su poder la puente q,ue dizen de Alcántara que es en la dicha cibdat, e teniendo las llaves della, metió por la dicha puente al conde e a don Fadrique con muchas conpannas de a cavallo e de pie, seyendo míos desnaturados, e andando en mío de servicio,quemando e robando la mi tierra, por ande se ellos apoderaron de la dicha cibbdat e la mi judería, e pusieron fuego en ella, salvo porque me quiso Dios ayudar que la oue a entrar e cobrar por fuerza estando Sr los sobredichos.
Et otrosy, el dicho Per Alfón tomó e robó muy grandes cuantías de mrs. de los mis tesoros e de las mis juderías e de las mis rentas e pechos e derechos, syn mi carta e syn mi mandado e fizo otras cosas que non deuía contra mi sennorío, por las cuales razones sobredichas el dicho Per Alfón cayó en mal caso e podría pasar contra él e ha perdido por ello el su lugar de Ajofrín e todos los otros sus bienes muebles e raízes ...  .

El total de lo que había robado Per Alfón ascendía a 350.000 mrs.; el rey dona luego la villa de Ajofrín a su guarda mayor Fernand Pérez de Portocarrero, con la condición de que se hiciera responsable de esa deuda y pagara la cantidad expresada a su tesorero Semuel ha-Leví y otros.(11) Véase Judíos d. Tol.do, 1, .. 06-407.
El 12 de octubre del mismo año 1355, Pedro 1 otorga perdón a los vecinos de Toledo que se habían sublevado en contra suya, excluyendo del perdón a los moros que hubieren hecho algún maleficio contra los judíos, y además cita nominalmente como fuera de su gracia, a Yohan Ferrández Abayud, 9apatero, amo que fue de la muger de don YU9af el Levy, hijo de su tesorero Semuel, y a Ramiro, un criado de Alfón Ferrández el Nieto (12). El cronista López de Ayala dice que los enriquistas mataron en el Alacava, que era un barrio exterior judaico, hasta 1200 judíos (13), pero este número resulta bastante exagerado .
Resultado de imagen de judios en españa siglo xivEn realidad, la verdadera guerra civil no empieza hasta la primavera de 1366, cuando el conde don Enrique, que estaba en Francia, pasa a Castilla llevando a su servicio a las Compañías Blancas de Beltrán Dugesclín, y en Calahorra se hace proclamar rey de Castilla y León; durante un año, Toledo, como gran parte de Castilla, estuvo con los enriquistas, y su aljama hubo de dar en 15 días un cuento de mrs. para el pago del ejército mercenario.
Pedro 1 también acudió al extranjero en busca de ayuda, y con las tropas. del príncipe de Gales, llamado el Príncipe Negro, entró por Roncesvalles y el 3 'de abril de 1367, obtuvo en Nájera' una gran victoria contra su hermanastro; recuperó así las riendas del reino, pero no por mucho tiempo, pues las discordias con su aliado originaron la retirada de las tropas inglesas, mientras que el de Trastámara, con auxilios de Francia, hace una nueva incursión por Castilla, deteniéndose en Calahorra y Burgos; en esta ciudad, por haber encontrado resistencia en la judería, adicta al rey verdadero, impone a la comunidad hebraica la multa de otro cuento de mrs., a cambio de sus vidas.
Toledo en esta segunda etapa se mantiene fiel al rey don Pedro, lo que costó a la ciudad sufrir un duro asedio desde abril de 1368 hasta el drama de Montiel. Desde la judería y el castillo, de nuevo combatieron juntos cristianos y judíos para impedir la entrada de las tropas trastamaristas, viéndose obliados a inutilizar el bello puente de San Martín, que rehizo más tarde el arzobispo Tenorio.
Pedro 1 salió de Sevilla donde se había refugiado, con ánimo, sin (12) Id.m, 407-409. (1~) B.A.E .• tomo 66. tó2. 54 duda, de acudir en defensa de Toledo, pero el encuentro de los dos hermanos en Montiel, puso fin a la contienda con el regicidio de don Pedro, el 23 de marzo de 1369. Todos los cronistas hispano-hebreos recogen noticias de estas luchas que tan funestas consecuencias tuvieron para los de su raza, ya que hubieron de soportar atropellos y rapiñas de las tropas mercenarias de ambos lados; señalan en número de 8.000 los judíos que murieron por su completa indigencia; otros historiadores elevan hasta 28.000 las víctimas.
En represalias por la parte activa que habían tomado los judíos en la resistencia de Toledo, el nuevo rey impuso a la aljama una sanción de 20.000 doblas, recomendando su recaudación al tesorero mayor Gómez García, con poder para vender en pública almoneda, los cuerpos de los judíos y sus bienes, y les hiciera toda clase de apremios, incluso el tormento, hasta que cobrase la cantidad citada (14).
Después de los desastres de la guerra, la multa puso a los judíos al borde del agotamiento. Dice el cronista Yosef ha-Kohen: "también los judíos que había en Toledo bebieron la copa del vértigo, y comieron carne de sus propios hijos, a causa de la carencia de todo". (15). En los libros del Refitor de la catedral, se refleja en estos años el pellO de la guerra; muchas casas de su pertenencia, están vacías o derribadas; refiriéndose a las de la judería, es frecuente encontrar frases como:"derribaronla e es muerta (quien la ocupaba) ella y sus herederos"; en el Degolladero, también las casas de un judío "derrocáronlas a la cerca, et él es muerto"; en el barrio de Cosperos, donde se encontraban en años anteriores muchas tiendas ocupadas por judíos carpinteros, sólo quedaba ya una tienda derribada; en Santo Tomé, había pasado a Mosé, (1 ") Publicon: Amador, Hidor;o".d./os ¡udlol d. Españo: 11, 571; Baer, Die Juden, 11, 201-203.
Algunos autores han destacado 101 términos tan duros con que le amenazo (a los judlos infractores en el documento de Enrique II pero en realidad no pasaba de ser una cl6ululo conminatoria empleada en las escrituras de to 'poco. El albol6 dado .16 d. junio d. 1369, inmediatamente despues la entrada del nuevo rey en ToIedo, 1\010 e1 valor de la doblo en mn., que resulta una cantidad global inferior 01 cuento de mil. que tuvo que pagar la aljama toledana en 1366 y la de Burgos en el mismo año y al siguiente. (15) V'ose mi traducción ola obro de este autor, Emeq "'0-&0",.,6, Madrid, 196-1, págs 151-153. 55 tundidor, las casas del platero don Mosé, "por quanto éste no era en la tierra", y así podríamos citar multitud de ejemplos.
Con la nueva dinastía de los Trastámara, se acentuó la quiebra en las relaciones de cristianos con judíos. Las dificultades económicas como consecuencia de la guerra, habían exacerbado en el pueblo el odio contra un sector judaico que, a pesar de todo, seguía poderoso e influyente.
En todas las cortes que se celebraron en el reinado de Enrique 11, se plantea la cuestión de las deudas a los judíos, llegando a pedir los procuradores toledanos, ya en mayo de 1366, la condonación total de las cantidades adeudadas; exponen más tarde, lo pobre y despoblada que estaba la tierra por los grandes impuestos que les había exigido el rey tirano, los elevados intereses que les habían llevado los prestamistas apoyados por Semuel Leví, pero también por los robos y matanzas de las compañías extrañas que el propio don Enrique tenía a su servicio.
El rey perdona parte de las deudas judiegas y concede algunas moratorias de pago, pero no accede del todo a las exigencias de las peticiones, sino que defiende a las aljamas, que también estaban pobres porque no cobraban mida desde hacía tiempo; parecía desmentir con la nueva actitud hacia los judíos, la anterior etapa de propaganda antisemita que tantas adhesiones había atraído a su partido.
Exponen también los procuradores al monarca, el peligro que representaba el que los judíos tuvieran en sus barrios cercas y castillos; concretamente en Toledo, reunidos en sus fortalezas con bandas de cristianos, habían decidido la contienda en dos momentos críticos, a favor de Pedro 1; el nuevo rey, sin embargo, no quería dejar a los judíos demasiado expuestos, y se contenta con ordenar al arzobispo Gómez Manrique que inspecciones los trabajos de la cerca y que mande abrir en ella los portillos que creyera necesarios.
A pesar de su anterior hostilidad, Enrique II confía también a los judíos las rentas públicas y otros cargos administrativos; no se encuentran en este reinado documentos de prestamistas toledanos; casi todos los judíos pudientes eran arrendadores de los bienes del reino o de la catedral, ya que eran los únicos que disponían de personal apto, y sobre todo, de dinero para invertir.56
Habían pasado apenas dos años desde la terminación de la guerra y en las cortes de Toro de 1371, se ofrece un cuadro del estado social de los judíos, que contrasta vivamente con los relatos de los cronistas hebreos. Según los procuradores, los judíos disfrutaban de gran soltura y poderío en casa del rey y en las de los ricos-hombres, donde tenían tales oficios y eran tratados con tanta honra, que todos los cristianos tenían que obedecerles y reverenciarlos; incluso villas y ciudades les estr.ban sumisos y sufrían sus daños y cochechos. Ya antes, habían intentado conseguir del monarca que no hubiera enlas casas de la familia real, judíos que desempeñaran cargos, ni siquiera el de físicos, petición que indigna a Enrique II pues nunca hasta entonces se habían atrevido a formularla.
En las cortes mencionadas de 1371, se pide que los judíos llevasen señales en los trajes para que sediferenciasen de los cristianos, como se hacía en otros reinos; en elogio de Enrique II dice más tarde el converso Pablo de Santa María, que fue el primer monarca castellano que obligó a los judíos a llevar divisas.
Juan l, su sucesor, pone en vigor las medidas aconsejadas por la Iglesia sobre apartamiento doméstico; prohibe a los judíos que reciten la oración contra los herejes (16) contenida en el Talmud; manda que no puedan trabajar públicamente los domingos y festivos, y les obliga a reverenciar al Santísimo Sacramento, o a quitarse de en medio, si le encontraban por la calle.
PILAR LEON TELLO
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