Revista En Femenino

La importancia del contacto.

Por Eltallerdelaeam @elTallerdelaeaM

La importancia del contacto.

“Existir, en alemán se dice “dasein” o sea “estar ahí”. Para existir en la vida de otra persona hay que estar junto a ella, y para estar hace falta acompasarse a su ritmo. Existe un tiempo de las caricias, ahora lo sé, y quiero vivir contigo en él”.

Pepa Horno. Ser madre, saberse madre, sentirse madre.

“El abrazo del rescate”. La primera semana de vida de estos gemelos, cada uno en una incubadora. Aparentemente uno no se esperaba que sobreviviera. Una enfermera del hospital, en contra de las reglas del hospital, puso a los bebés en la misma incubadora. Cuando los pusieron juntos, el más sano de los dos, puso su brazo sobre su hermana, “abrazándola”. El ritmo del corazón del bebe mas pequeño se estabilizó y su temperatura se normalizó. Ambos bebés sobrevivieron. Y el hospital cambió sus normas después de ver el efecto que produce el estar juntos los bebés.

A raíz del escrito que compartía hace unos días (“Mamar lo suficiente… o convertirse en un mamón“), en el que hablaba de la importancia de la disponibilidad de la madre durante el primer tramo de vida del bebé para que éste pueda desarrollar una buena capacidad de vinculación tanto con el “otro” como con él mismo (con sus necesidades y emociones básicas), y a raíz también de que me llegó esta hermosa imagen con su texto, me emerge el deseo de ampliar aquello que comentaba.

Es cierto que nuestro sistema social actual dificulta que, sobretodo las madres de clases trabajadoras, tengan esta disponibilidad en relación al cuidado de nuestras “crías”, no sólo por la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, sino también por el exceso de “atención” que requiere nuestro sistema actual. Estamos invadidos por el, cada vez más complejo y complicado, entorno nuestro. Llamadas de teléfono continuas, facturas, gestiones, impuestos, multas, normas, seguros, noticias, extractos bancarios, responsabilidades… hemos logrado montar un sistema social que requiere nuestra atención continuamente, y nos impide atender otras cuestiones de mayor relevancia: la atención psicoemocional de nuestros bebés, una educación realmente satisfactoria y potenciadora de un crecimiento integral, nuestro papel en la política, el disfrute de la vida de forma genuina, la incorporación a determinados circuitos sociales de personas con situaciones particulares (personas con trastorno mental grave, discapacidades, personas mayores, inmigrantes, familias monoparentales…), la responsabilidad medioambiental, la responsabilidad económica y política internacional, y un largo etcétera de cuestiones que obviamos, pues bastante tenemos con lo nuestro. Todo esto es imposible sin tener una disponibilidad que lo favorezca, y andamos entretenidos en sobrevivir, en lugar de tener una posición vital plena y responsable, asumiendo con resignación el horror que vemos alrededor nuestro, impotentes y con la convicción que no podemos hacer gran cosa para transformar nuestra sociedad y nuestro entorno.

Toda la responsabilidad recae del lado del sujeto. Ya lo dice aquella máxima legal: “el no conocimiento de la ley no exime de su cumplimiento“. De manera que, aunque la madre no trabaje, la disponibilidad que requiere atender a un bebé de menos de un año de vida es tal, y la exigencia social para atender las responsabilidades que nos requieren es tal… que no hay sujeto suficiente para estar con calidad en ambas partes.

Por tanto, es la calidad del contacto, más que la cantidad, lo que va a determinar el buen arraigo del bebé en el vínculo con su madre. Si ésta está presente, pero su mirada no recibe amorosamente la del niño, poca calidad va a haber en ese vínculo. “Estar en cuerpo y alma”, no sólo en cuerpo con el alma en otro lugar. Claro que es normal estar distraído, invadido por aquello que requiere nuestra atención… nuestro bebé también va a demandar nuestra atención. Repetida e insistentemente. Y esa demanda puede ser atendida directamente, con un buen contacto amoroso, receptivo… o con un seudo-contacto de poca calidad, ofreciendo todo tipo de objetos sustitutos que van a dejar al bebé “insatisfecho”, pues no son lo que está requiriendo, sino el contacto con su mamá… el contacto con lo tierno… Es ese contacto, si tiene la calidad suficiente, el que va a permitir que el bebé se arraigue en su mundo emocional y en el contacto consigo mismo.

Poco a poco, si este contacto ha sido de buena calidad, el bebé podrá irse separando física y emocionalmente. Conquistará la capacidad de gatear, de caminar, y se meterá de pleno en el lenguaje, esa maravillosa capacidad humana que nos permite poner cierta distancia con “lo real”, y por tanto “separarnos” de la mamá y a la vez hacerla presente cuando ella no está.

De manera que, no basta con que la mamá tenga tiempo disponible. Tiene que haber, además, disponibilidad interna. Es en la medida en que ella ha resuelto sus propios asuntos, que permitirá a su hijo arraigarse primero en ella, luego en sí mismo y separarse progresivamente, hacia una vida autónoma y plena.

Paco Jaume.


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