
9. La crudeza de la guerra y su enorme cantidad de muertos, tanto en Nueva España (México), como entre los virreinatos de Perú y el Río de la Plata, así como en Nueva Granada y Venezuela, nos habla de una revolución social en el que muchas veces el campesinado y los indígenas no peleaban por abstracciones (“la nación”) sino por la tierra como sustento vital de las familias y los pueblos. En otros casos se contraponían ciudades comerciales monopolistas (como Lima) con ciudades librecambistas (como Buenos Aires). En otros caos los pueblos sentían los abusos con los impuestos (como el diezmo) por parte de las autoridades monárquicas. En fin, se trató de guerras y revoluciones sociales y políticas, más que “nacionales”.10. Al final del proceso de guerras de más de 15 años, después de toda la sangre derramada, fue derrotado el absolutismo monárquico con la instauración de las repúblicas hispanoamericanas. Hecho al que contribuyó notablemente, aunque no suele mencionárselo, la sublevación del general Riego en Madrid, que obligó por tres años a Fernando VII a aceptar una monarquía con poderes recortados, y que decidió ceder en la guerra de este lado del mar. El resultado final de las revoluciones fue inconcluso: se logró instauraran sistemas republicanos pero no muy democráticos; y socialmente, los criollo se negaron a ceder derechos sociales, con lo que persistió la esclavitud y la discriminación y explotación de los indígenas. Hacia fines del siglo XIX, las élites criollas locales no solo habían estancado el avance democrático y social, sino que se supeditaron a nuevos imperios: Inglaterra y Estados Unidos. Por lo cual, continúa planteada la necesidad de la lucha por una Segunda Independencia.Panamá, 30 de octubre de 2021.
