Revista Coaching

La innovación es un estado mental

Por Juan Carlos Valda @grandespymes

La innovación es un estado mentalpor Pedro Arboleda

Hace unos años estaba entrevistando a un socio de una de las mejores firmas de capital riesgo de las Américas y le pedí que me dijera cuál era la mayor diferencia entre el tipo de ejecutivos que venía a su sede en Princeton, New Jersey, una región que no es conocida por tener un nivel altísimo de actividad emprendedora, frente a aquellos que entraban en la sucursal de San Diego, en California, una región admirada por ser la meca de los emprendedores.

Él señaló que la mayor diferencia era que en New Jersey los ejecutivos entraban por la puerta curriculum vitae en mano, en busca de ayuda para que les colocara en un puesto en una gran empresa a través de los excelentes contactos que tenía la empresa de capital riesgo, mientras que en San Diego los ejecutivos llegaban con planes de negocio bajo el brazo, ansiosos por montar nuevas empresas y queriendo convencer a aquellos en la empresa de capital riesgo de que financiaran sus arriesgados intentos.

Tal y como ilustra esta sencilla historia, la emprendeduría de gran impacto y la innovación que a menudo conlleva son, simplemente, un estado mental.

Es la actitud de la sociedad frente al riesgo, frente a la emprendeduría como carrera profesional que define la capacidad de innovar de una sociedad. ¿Cuál sería la reacción de una familia típica de su región si la persona que trae el sueldo más importante a casa llegara un día a cenar diciendo que iba a jugársela y convertirse en emprendedor, en vez de aceptar un puesto más o menos seguro en una gran empresa o un cómodo trabajo de funcionario?  Si la respuesta es “no muy bien”, entonces es probable que en su región los resultados de innovación sean deficientes.

La actitud de la sociedad frente al fracaso también importa. ¿Cómo reaccionaría esta misma familia típica si esa misma persona se declarara en bancarrota? ¿Los vecinos le considerarían digno de recibir financiación para su próximo intento? En sociedades con un alto nivel de tolerancia al riesgo y al fracaso―San Diego, Silicon Valley, Shanghai―esta mentalidad resulta ser fundamental para explicar la innovación de alto impacto.

La actitud de la sociedad a la hora de premiar a los emprendedores por el riesgo asumido tiene un efecto similar en la innovación. Si todo va bien, ¿cuánto puede esperar el exitoso emprendedor como premio por el riesgo que asumió para crear y lanzar al mercado su innovación? En sociedades muy innovadoras, la respuesta a la pregunta resulta ser “mucho más que en sociedades poco innovadoras”.

Más allá de la actitud idiosincrática ante el riesgo, el fracaso y sus recompensas, la innovación es el resultado de que un emprendedor individual no pierda de vista, bajo ningún concepto, el objetivo que persigue.
A menudo nos perdemos en los etéreos conceptos de la innovación y sus difusos términos: creatividad, patentes, planes de innovación y productos “de alta tecnología”. Aún así la esencia de la innovación se remite a las personas y su estado mental.

Los emprendedores son quienes marcan la diferencia, arriesgándose con innovaciones que abocan en grandes oportunidades para la sociedad, lidiando con anomalías que se encuentran en la sociedad, que en un principio sólo ellos han identificado. Estas personas, ayudadas por una sociedad con mayor tolerancia al riesgo, son quienes producen los cambios que hacen historia y que hoy por hoy se esperan de la innovación.

Autor Pedro Arboleda es socio de Monitor Group y miembro del Future Trends Forum de la Fundación de la Innovación Bankinter.

Fuente http://www.cotizalia.com/emprendedores/2011/innovacion-estado-mental-20110427-67855.html



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