Revista Cultura y Ocio

La lata que da el trabajo

Publicado el 25 abril 2015 por Icastico

Las más grandes conserveras gallegas han declarado beneficios durante la larga travesía de esta crisis que va camino de convertirse en crónica. A pesar de esto los salarios del sector, tradicionalmente feminizado, están congelados (o en conserva) y las mujeres siguen cobrando menos que un compañero trabajador, aunque sea este ayudante y aquella encargada. La patronal pretende ir más allá, a las épocas de Franco, y pagar hasta el 30% del salario con las latas que producen, en especie. SMI + latas. Salario Mínimo Interprofesional (648,6 euros) y unas deliciosas sardinas en aceite de oliva, según la calidad de cada productor. El resto no cambiaría: jornada laboral de lunes a domingo, un 15% de las horas a libre disposición de la empresa, movilidad funcional entre secciones. El clásico “trabajar más, producir más y cobrar menos” propugnado por algunos gurús que no han dado un palo al agua en su vida y que están en la cárcel porque su mejor trabajo ha sido apalear a la hacienda pública, su ramera favorita, siempre que tenían la ocasión delante, que no eran pocas.

Si esta fórmula se impone y exporta a otros sectores debería aprobarse, también, como medio de pago en nuestras transacciones comerciales habituales de bienes, servicios, etc. ¿Qué no alcanza el SMI para pagar la hipoteca a fin de mes? No hay problema, señor director, ahí tiene usted una caja de mejillones en escabeche que están – se lo puedo asegurar – divinos de la muerte ¡y envasados con muchísimo cariño por estas mismas manos que firmaron la hipoteca con tanta ilusión! ¿Qué no llega para pagar la ITV del coche?, tranquilidad, que tengo aquí unos berberechos al natural que los puede desplegar en las mejores mesas sin sonrojarse ante ninguna vianda. ¿Qué echas gasolina?, no problem, señor Repsol, mirusté qué ventresca de bonito me trajino para estos menesteres, ¡buen provecho!

Los inconvenientes serían notorios, entre otros olvídate de la billetera y vete a la compra con un carro enorme bien pertrechado con una buena variedad de conservas para cumplir los caprichos de los interlocutores, alguno habrá que pretenda satisfacer los picos o flecos de la factura con un pack de 5+1 (lata gratis) de atún en aceite de girasol a mayores de las navajas y calamares en su tinta que le correspondan por la venta del iPad. Un lio. Llegadas las cosas a este extremo ya casi conviene ser pluriempleado, porque mira, unas horas en una fábrica de conservas, otras en una tienda de ropa y las que sobren y aguante el reventado cuerpo en, pongamos por caso, la limpieza de un hospital y tienes para comer, para vestir y para poder ponerte enfermo, y si te sobra energía para currar los fines de semana en un cementerio ya tienes donde caerte muerto. Es lo que tiene la “especie empresarial”, que es de tomo y lomo (sin conservantes ni antioxidantes). Frescos.

Conviene decir, en honor a la verdad, que de momento es solo voluntario, que es como empiezan las cosas que acaban siendo obligatorias si el globo sonda, a modo de test, no es pinchado convenientemente. Es como la Guardia Civil, primero aconseja y luego obliga, que decía mi extinto padre (RIP). Y en calidad de voluntario ¿a qué viene incluir esa opción en el borrador de un nuevo convenio colectivo?, allá cada trabajadora, que negocie con la empresa cuando y como le convenga sus latas, como negocian algunos políticazos la especie en sobre, y no es azafrán precisamente, a pesar de ser una de las más caras. No, aquí el túnel del tiempo, el viaje a otro siglo, no lo hacemos en ingeniosas máquinas sino en chafarderas proposiciones. Esperemos que las centrales sindicales, sean del plumero que sean, se muestren unánimemente inflexibles ante estos atisbos o tendencias que pretenden devolvernos a la edad del trueque.


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