Hasta ahora, excepto Ana Karenina y la sociópata y animosa Lisbeth Salander, no han aparecido en este espacio grandes heroínas, pero no ha sido mala voluntad ni pereza para elegir textos sobre mujeres. Es cierto que hubo mujeres: la Cossette de Los miserables, o las errantes Kumiko y Rüya..., pero eran el objeto del deseo, o las Ariadnas, nunca han sido las protagonistas.
No quisiera decir aquella frase tópica y engañosamente falsa «el día de la mujer es todos los días»; sin embargo, mientras escucho la canción de Martirio, pienso en cuánto de cotidiano tiene para muchas mujeres la letra y también pienso en cuánto de cotidiano tiene la lucha de la que se habla implícitamente. No me refiero solo a la lucha simbólica, que es propia de los héroes, sino a la lucha en general. La lucha contra la decrepitud, contra el rigor del espejo, contra la discriminación o contra el desamor.
Para eludir los tópicos, entonces, y para ganar tiempo mientras van llegando las protagonistas, les dejo este homenaje.
