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La linterna mágica - el nombre de la rosa

Publicado el 16 noviembre 2009 por Antonioparrasanz
LA LINTERNA MÁGICA - EL NOMBRE DE LA ROSA
EL NOMBRE DE LA ROSA

Desde Rusia, pero sin amor, así le han regalado a Arturo Pérez-Reverte una “matrioska” rellenita de trampas y censuras. Y todo porque el Servicio Antidroga de allá ha incluido a su novela “La reina del sur” en una lista negra de más de treinta títulos, por incitar al consumo de estupefacientes, nada menos. Será que como no hay mafias rusas suficientes, ahora temen que aparezca alguna nueva, de importación, eso en un país en el que la nieve cae no sólo durante el invierno, el mismo que tiene a un presidente de bíceps exhibicionistas y que antes tuvo a otro que conservaba su propia momia en vodka, y no como la de Lenin, que debe de andar ya parcheadita de ver tanta tontería.

Esto de elaborar índices de libros prohibidos ya lo han hecho antes los hijos de Obama, sobre todo tras el jaque mortal que recibieron sus torres, pero entre todos tendríamos que conminar a Zapatero para que entrase a exigir lo que nos toca, a saber, los derechos de la exclusiva que creó el Santo Oficio y que el gran Cervantes puso en el papel en aquel donoso escrutinio. Desde aquí propongo la creación de una plataforma reivindicativa de la memoria negra histórico-literaria, que por algo nos lo trabajamos a conciencia en su momento.

LA LINTERNA MÁGICA - EL NOMBRE DE LA ROSA

Rabietas aparte, imagino al bueno de Arturo, barbado ya como el Fray Guillermo de Baskerville de la pantalla, dispuesto a batirse por defender a su Teresa Mendoza, y dispuesto también a decirles a estos ex bolcheviques que, ya puestos, tendrán que censurar “Romeo y Julieta”, por incitar al suicidio, y lo que es peor, al amor, o “Los tres mosqueteros”, que fomentan las intrigas gubernamentales, o “Cyrano de Bergerac” por instigar la superchería del buen poeta, o “La Regenta”, no vaya a ser que las rusas quieran sentirse queridas, o hasta “Cien años de soledad”, no sea que rusos y rusas quieran vivir y soñar.

Estoy, no me importa repetirme, hastiado de tanta falsaria corrección política, mejor dicho, de tanta ultracorrección política. Si yo llamo tonto a un alumno mío, en un alarde de enajenación impropio de mi persona, me pueden arruinar la carrera aunque a la criatura le falten dos o tres hervores, pero si un politiquillo se empeña en condenar libros, no pasa nada. Vamos, será que las obras de la literatura rusa no eran perniciosas, “Crimen y castigo”, una antología del gerontocidio, “Ana Karenina”, la apología del adulterio, y “El idiota”…, bueno, ¿a qué incitaría esta otra? Esperemos que, ahora que nos falta invierno, los rusos no nos hagan más regalitos de este jaez.


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