Revista Opinión

La lotería del mercado laboral (II)

Publicado el 09 agosto 2010 por Cambiosocialya

Discutía en la anterior entrada acerca de los efectos que el trinomio globalización-descentralicación-tecnificación podría estar teniendo en la destrucción de puestos de trabajo de economías como la española, cuando José Luis Ferreira sacó a colación el tema de la polarización del mercado laboral, en referencia a los trabajadores cualificados y no cualificados, respecto a su capacidad para usar la tecnología:

Yo creo que el problema del futuro es la polarizacion del mercado de trabajo. No estoy pensando en la sociedad española con su polarizacion en los contratos, sino en la polarizacion entre trabajadores con alta productividad y trabajadores con baja.

Los primeros seran personas cualificadas, indispensables para el empresario, que estaran bien remuneradas y que podran imponer sus condiciones. Sabran diseñar y manejar las maquinas. Los segundos seran los no cualificados, con los que ocurrira lo contrario.

En este punto desde luego coincido con su diagnóstico, aunque me gustaría matizar algunos aspectos, puesto que lo que no está tan claro para mi son los efectos de esta “polarización” de cara a los trabajadores. Porque podría deducirse que este escenario lleva inmediatamente a la conclusión de que “los que manejan y diseñan las máquinas” tendrán salarios superiores en mucho a los que no saben ni manejarlas ni diseñarlas. Ignoro si esto será así en el futuro, pero mucho me temo que en el presente no está sucediendo tal cosa. Nunca olvidaré una conversación que tuve con un trabajador (mantendremos la empresa en el anonimato) al que le habían comunicado su despido unas semanas antes. Llevaba 28 años trabajando para esta empresa, demos la pista que es un gigante del sector audiovisual, y en un momento de nuestra charla me lanzó una frase que se me quedó clavada: “la diferencia de salario entre trabajar en McDonalds haciendo hamburguesas y trabajar de ingeniero no llega a los 200 euros”. Es decir, que la diferencia entre esos trabajadores a los que se refiere José Luis como “de alta cualificación y productividad” y otros de “baja cualificación y poca productividad”, es en la España del 2010, de unos escasos 200 euros. Podría narrar decenas de casos de conocidos que se encuentran con la misma situación, pero para no aburrir, simplemente podríamos resumir diciendo que los salarios actualmente no reflejan las diferencias de productividad y cualificación de una manera justa.

Por otro lado José Luis esboza un panorama en el que habría muchos puntos que matizar y precisar. Por ejemplo cuántos trabajadores, en proporción, se necesitarán para manejar las máquinas y cuántos para diseñarlas. Porque muchísimo me temo que los primeros serán enormemente superiores en número a los segundos. Por otro lado, no veo ninguna razón por la cual los que manejan las máquinas tengan que estar especialmente cualificados. De hecho, creo que en muchos procesos productivos los que “manejan” las máquinas, cada vez más se limitan a hacer clicks o pulsar botones, sin que sea necesaria mucha cualificación para tales tareas. Lo cual nos lleva al principio: los salarios se aplanan, porque este tipo de trabajos acaban convirtiéndose en “commodities”, y son puestos que el empresario puede cubrir con tremenda facilidad, haciendo outsourcing o descentralizando.

Por último, José Luis toca tangencialmente el tema de la educación, complicado donde los haya:

Para evitar que esto ocurra habra que procurar el acceso facil a la educacion y a la inversion en “capital humano”.

Sospecho que tanto una cosa (la educación) como la otra (la inversión en “capital humano”) son tomadas en esta frase de una manera un tanto idílicas. Por un lado da la sensación de que la educación es un proceso mágico mediante el cual se toma a un niño y se le convierte en lo que uno quiere. Cuando la realidad es que hay miles de circunstancias (desde genéticas hasta económicas y sociales) que impiden que todos los niños acaben siendo “altamente cualificados”. Con lo cual tal vez habrá que pensar en alternativas laborales para los que no pueden llegar al nivel de “diseñadores de máquinas”. Lo contrario llevaría a ese escenario que tanto le gusta a nuestro querido Santiago Niño Becerra de “insiders” y “outsiders” del mercado laboral. Es decir: uno en el que existen un conjunto de trabajadores que trabajan siempre y  otro conjunto de trabajadores que no lo hacen nunca porque “no son necesarios” (para el sistema productivo, se entiende). En cuanto a la inversión en “capital humano”, llegaríamos a lo que expuse más arriba: no se puede pretender que un ingeniero cobre 100 euros más que un camarero, puesto que esa situación lo único que consigue es desmotivar a los ingenieros e incentivarlos a que se conviertan en camareros.

En España, lo que se hizo durante los años de la burbuja inmobiliaria fue algo parecido: un albañil podía llegar a ganar 3.000 euros al mes, cifra que muchos “diseñadores de máquinas” no podían ni soñar. Pero claro, también es cierto que el albañil sabía manejar una máquina muy importante: la máquina de hacer dinero fácil.


 


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