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La Mano de la Buena Fortuna, de Goran Petrović

Publicado el 17 septiembre 2020 por Carlos Huerga @carloshuerga
La Mano de la Buena Fortuna, de Goran Petrović

La Mano de la Buena Fortuna, de Goran Petrović (Traducción de Dubravka Sužnjević, Sexto Piso, 2020).

Feliz noticia esta reedición de La mano de la buena fortuna (esta reseña corresponde a la primera edición publicada en 2006). 


Si ya antes Sexto Piso publicó en España a otro escritor serbio, el gran Milorad Pavić, ahora le toca el turno a este alumno aventajado del autor de Diccionario jázaro. Siempre se agradece la difusión de este tipo de autores, ante la escasa atención de literaturas provenientes de Europa del Este. Pero algo debe de tener el país serbio cuando leemos a autores de la talla de Milorad Pavić, Goran Petrović o Vladimir Velikić –y sin nombrar al gran Danilo Kiš, autor reconocido internacionalmente-.

Vayamos ahora a esta La Mano de la Buena Fortuna. El libro Mi legado de Anastas S. Branica es el punto de partida que une todas las historias de esta novela de novelas. Adam Lozanić es un joven filólogo belgradense que tiene por encargo la misión de corregir la novela de un tal Anastas S. Branica, un autor desaparecido cuya obra apenas es conocida, debido a su alto grado de experimentación, pues se trata de una obra descriptiva y sin personajes. El joven Lozanić no tarda en verse inmerso en la propia novela, en la que sin embargo, aparecen varios personajes como el propio Lozanić, Anastas Branica, su amada Natalia Dimitrijević, la joven Jelena, Madame Didier, Sreten, lectores de esa misma novela, protagonizando un conglomerado de historias cruzadas –algunas hermosísimas- que son un trozo de la historia del siglo XX.

Se trata de muchas novelas dentro de una misma novela, porque incluso hay cabida a elementos políticos e históricos –como esa dificilísima historia que ha marcado y sigue marcando el destino de los Balcanes y de Europa-. Pero no olvidemos que la realidad histórica, que importante, no es más que el contexto donde se mueven el curioso Adan Lozanic y el aburrido y sensible Anastas Branica. Es tal vez por ello que, ante la fría e insípida realidad cotidiana, Anastas Branica escribe su codiciado libro.

Escrita con un lenguaje fluido y vivaz, si la traductora Dubravka Sužnjević hace justicia al original, podríamos decir que se trata de una joya lingüística, pues el propio Petrović ha reconocido su pasión por el léxico y las palabras en desuso en contra del actual empobrecimiento (¿globalización?) del lenguaje. Tal vez por ello la traductora ha advertido de la dificultad de traducir una obra de este calibre.

Encontraremos algunos pasajes brillantes, que son un verdadero canto a la poesía, como los inolvidables 23 y 25, donde Anastas Branica entra en contacto por primera vez con la literatura y realiza su primer viaje al mar, así como el divertido pasaje en que su protectora madre, que rehúsa tener relaciones sexuales con su marido, prefiere soltarse el pelo con la lectura de un libro. Momentos en que la literatura puede suplir la vida, porque de eso trata La Mano de la Buena Fortuna; de la frontera entre la literatura y la vida cotidiana, de la fuerza de la literatura y de los libros, de la realidad, del pasado, futuro y presente. De todo a la vez.

Petrović tiene la destreza de saber contar además de saber jugar con el lector, dejando vías abiertas. Anastas Branica es una especie de Don Quijote, un ser complejo, medio loco y muy sensible, para quien la realidad literaria supera la pura realidad cotidiana y por medio de esas lecturas simultáneas conoce a Natalia, la mujer de quien se enamora y por quien escribirá Mi legado, una novela de amor en la que no hay personajes, si bien ellos dos podrán encontrarse en ella, huyendo de la realidad, superándola. La realidad se multiplica, siempre urdida por la lectura del personaje Adam Lozanić, pero también por la de los propios personajes que entran y salen a su antojo, sin olvidar a los propios lectores, o sea, nosotros.

Petrović demuestra ser un claro heredero de esa línea que va desde Cervantes a Perec, pasando por Borges o Calvino. ¿Qué ocurriría si este libro lo hubiese escrito un argentino o un italiano? No sé qué calado tendrá en la crítica española, pero de momento no parece que se le preste mucha atención. ¿Prejuicios?, ¿falta de curiosidad? Al menos en México, donde se han editado varias de sus codiciadas obras, parece que Petrović tiene una importante serie de lectores y admiradores. Sigamos su ejemplo.

(Reseña publicada originariamente en 2006 en www.deriva.org y retocada ligeramente). 


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