Revista Cultura y Ocio

“La máquina del tiempo”, de H. G. Wells

Por Guillermo Guillermo Lorén González @GuillermoLorn

Para jóvenes a partir de 13 años

«La obra pionera de los viajes en el tiempo, escrita por uno de los padres de la ciencia ficción.»

“Respiré profundamente, apreté los dientes, me aferré a la palanca de inicio con ambas manos y despegué con un fuerte estallido. El laboratorio comenzó a difuminarse y a oscurecerse. La señora Watchett entró y avanzó por la sala, aparentemente sin verme, yendo hacia la puerta del jardín. Supongo que tardó más o menos un minuto en atravesar la estancia, pero a mí me pareció que que cruzaba la habitación como un cohete. Presioné la palanca hasta su posición final. Se hizo de noche como si se hubieran apagado todas las lámparas y, un segundo después, volvió a amanecer. El laboratorio estaba cada vez más difuminado y desvaído, y cada vez más desvaído. Regresó la noche, muy oscura, y luego el día, la noche de nuevo, otro día, cada vez más deprisa, cada vez más deprisa. Un rumor como de remolino de agua me enloquecía, y una extraña y aletargada confusión se abatió sobre mi conciencia…”   [Pág. 46-47]

Impresionante, verdad. A que dan ganas de seguir leyendo. Yo os lo recomiendo.

“La máquina del tiempo”, de H. G. Wells

Cubierta de: ‘La máquina del tiempo’

A que no os suena un libro titulado Crónica de los Argonautas (The Chronic Argonauts). Pues este era el título original de La máquina del tiempo, pero este detalle muy poca gente lo conoce.
Hoy os traigo a este blog uno de los libros que marcaron mi juventud: La máquina del tiempo (The Time Machine) es una novela de ficción del escritor británico Herbert George Wells, publicada por primera vez en Londres en el año 1895 por William Heinemann. Una parte del libro, la que versa sobre la explicación del invento y en la que se discute sobre la cuarta dimensión, fue publicada en el año 1893 en el Henley’s National Observer. El escritor desarrolló el resto de la novela, que trata de las aventuras de El Viajero del Tiempo en el futuro dos años después, tarea que le llevó escasos quince días. Pese al tiempo que ha pasado desde entonces el libro mantiene su frescura y su interés como el primer día.

Al contrario que Julio Verne, padre del detalle y la explicación minuciosa, Wells describe (a propósito) la máquina de modo superficial y a la ligera, con algunas pinceladas de color (como cuando comenta que tenía partes de metal, cristal de roca y marfil), que nos dejan con la curiosidad por saber más del invento y su mecanismo.
Fue la primera novela de uno de los considerados como padres de la ciencia ficción y, con su mezcla de aventuras y doctrina social, alcanzó un notable éxito, contribuyendo así a la estabilidad de Wells, que a partir de ese momento pudo dedicarse plenamente a la escritura.
El argumento es, creo, muy conocido. Aún así lo expondré de una manera rápida para los que todavía no hayan disfrutado de la ciencia ficción de verdad y crean que Star Wars es lo máximo.
Ante el escepticismo de sus amigos, un científico de finales del siglo XIX logra descubrir las claves de la denominada «cuarta dimensión» (el Tiempo) y construye un vehículo que le permite viajar físicamente a través del mismo. Mientras tanto sus amigos se reúnen en su casa, pero en una ocasión el anfitrión no aparece. Luego de esperar un rato, sus amigos lo ven entrar en un estado calamitoso.
Les cuenta la historia de cómo viajó a través del tiempo: con la intención de conocer el futuro de la humanidad se desplazó hasta el año 802.701, pero lejos de encontrar una sociedad en la plenitud de su desarrollo, ve un mundo en decadencia habitado en su superficie por unos seres hedonistas (los Eloi), pero sin escritura, inteligencia ni fuerza física. El Viajero supone que así debió de terminar la humanidad tras resolver todos sus conflictos existenciales, sin embargo, poco después descubre que estos seres viven con un inmenso miedo al subsuelo y a la oscuridad.

El subsuelo está dominado por unas siniestras criaturas, los Morlock, otra rama de la especie humana que se ha habituado a vivir en las tinieblas y sale de noche para alimentarse de los Eloi que captura. Tras hacer algunas exploraciones por los alrededores a su llegada al futuro, vuelve al lugar donde dejó la máquina del tiempo, pero ya no está; más tarde se percatará de que los Morlock la han encerrado en el pedestal de una estatua que representa a una Esfinge situada en el lugar donde apareció el Viajero del tiempo. Hace todo lo posible para encontrar un modo de recuperarla, y se encuentra con una enorme construcción, el Palacio de Porcelana Verde, un museo en ruinas. Allí recoge herramientas para abrir las puertas de bronce del pedestal de la estatua de la esfinge, pero cuando vuelve descubre que ya está abierta. Entra en ella, encuentra su máquina, y descubre que todo fue una trampa, pero escapa con su máquina antes de que los Morlock lo capturen.
Tras abandonar esta era, el protagonista continúa su viaje avanzando aún más en el tiempo hasta llegar al borde de la finalización de la vida en el planeta Tierra, con una nueva era glaciar que casi destruye toda la civilización. Luego de millones de años, ve cómo el sol se detiene sobre el cielo en un crepúsculo eterno. Exhausto y atemorizado, vuelve a su época y le cuenta la historia a sus compañeros.

Nadie cree su historia, pero uno de los tertulianos habituales vuelve el día siguiente y ve cómo el viajero toma ciertas cosas de su laboratorio (entre ellas una cámara) y parte hacia el futuro. Aquel tertuliano, presente en la fuga del Viajero, comenta que aquello ocurrió hace más de tres años. Hoy en día espera al Viajero para preguntarle acerca de su nueva aventura.
Magnífica la traducción de José C. Vales.

Con motivo de la reedición en inglés de La Máquina del Tiempo, un veterano H. G. Wells escribió un prólogo exponiendo algunos datos acerca de la concepción de la obra y de la valoración literaria que le merecía. Lo podéis leer en español en el siguiente enlace.

Quiero terminar con una frase de Bertrand Russell que dice «El valor permanente de Wells reside, en primer lugar, en que fue un liberador del pensamiento y de la imaginación».

“La máquina del tiempo”, de H. G. Wells

Herbert George Wells en 1920

El autor:
Tras una infancia marcada por la pobreza y la tuberculosis, unos breves estudios en la Escuela Normal de Ciencia de Londres y una serie de trabajos poco adecuados, Herbert George Wells (1866-1946) empezó su carrera literaria como autor de unos relatos científicos de calidad excepcional. Publicó su primera novela, La máquina del tiempo, en 1895, y tuvo un éxito inmediato. Visitó a estadistas como LeninRoosevelt Stalin, con quienes discutió de igual a igual. Fue uno de los fundadores del Pen Club, cuyo fin es promover la unión de escritores de todo el mundo, y batalló sin tregua en defensa de lo que él llamaba una conspiración abierta para derrotar a las fuerzas que llevaban a la humanidad a su destrucción. Con el tiempo, su didactismo y su afán de reformismo social se convirtieron en lastres para su desarrollo creativo, y si bien hubo un momento en el que novelas como Kipps (1905), Tono-Bungay (1909), La historia del señor Polly (1910) y Lo que el señor Britling entrevé (1916) le ayudaron a mantenerse entre los escritores más leídos y apreciados de su generación, a la larga el agorero y el educador de la sociedad acabaron imponiéndose al novelista. Wells supo trasmutar sus amarguras en pesadillas inolvidables, como El hombre invisible (1897). Murió el 13 de agosto de 1946 en Londres.

El libro:
La máquina del tiempo (título original: The Time Machine, 1895) ha sido publicado por Ediciones Austral en su Colección Austral Intrépida. Traducción de José C. Vales. Encuadernado en tapa dura, tiene 222 páginas.

Cómpralo a través de este enlace con Casa del Libro.

Par saber más:
Herbert George Wells en Wikipedia (español).
Herbert George Wells en Wikipedia (inglés).

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