Revista Sociedad

La marea negra y el ocaso de la democracia

Publicado el 02 septiembre 2013 por Durruti
La marea negra y el ocaso de la democracia

Ya, por fin, ha llegado el día que todos nos temíamos. Era inminente pero no por ello menos sorprendente. Una simple cuestión de tiempo, y los acontecimientos de los últimos meses no han hecho sino acelerar el proceso, provocando que este verano durante la última ola de calor toda la mierda acumulada en estos duros años de crisis haya comenzado a desbordarse y esparcirse metodicamente por los rincones de la ciudad. Ni las mermadas fuerzas públicas del ayuntamiento, ni los solícitos ciudadanos que, fregona en mano, se esfuerzan en despegar los chicles fosilizados del asfalto han sido capaces de detener esta marea negra. El espectáculo no deja lugar a dudas. Mientras los privatizados servicios de limpieza local gastan todas sus fuerzas en mantener relucientes los mármoles que rodean la catedral y las cuatro calles turísticas del centro, el resto de la ciudad se ahoga en la inmundicia. Es un paso más en la degradación de la vida urbana. Las cloacas del estado han reventado. La presión de los gases en descomposición ha hecho saltar por los aires todos los mecanismos de contención social poniendo al descubierto la materia fecal de la que estaban compuestos sus sueños de grandeza.

Ni el mundial de fútbol, ni el conflicto con Gibraltar son capaces de tapar el nauseabundo olor que emana de sus alcantarillas. Las ratas se han apoderado de la ciudad y campan a sus anchas por los pocos restaurantes VIP's que se mantienen tras el fracaso de la política de grandes eventos. Se han vuelto inmunes a los raticidas tradicionales por lo que han dejado de temer a los ciudadanos. Los paseos por el centro y otros lugares estratégicos como los juzgados y la avenida de Francia se han convertido en toda una aventura. Aparecen por sorpresa, se bajan de sus coches blindados, cruzan rápido las calles para ir a colarse por los sumideros. Uno si lo ve no puede hacer otra cosa que taparse la nariz e intentar alejarse lo más rápidamente posible. El riesgo sanitario es alto y las medidas de precaución insuficientes así que sólo nos queda la huída, una mala estrategia que sólo consigue envalentonarlas. Tanto es así que en los últimos días podemos ver a sus cachorros brazo en alto lejos de sus estercoleros habituales. Sus actos de impunidad crecen provocando situaciones de tensión entre la ciudadanía. El colectivo de ancianos denuncia un aumento en las violaciones de sus derechos. Aprovechan cualquier agujero legal para echar mano de sus alimentos básicos e incluso llegan a entrar en las viviendas provocando el abandono de las mismas. Estos ancianos se ven abocados a ocupar el sitio de las ratas entre los desperdicios y competir a brazo partido con los grupos organizados de rumanos en bicicleta. Muchos de ellos se han organizado en cuadrillas que las persiguen hasta sus propias madrigueras pero no es suficiente. Al riesgo sanitario y el problema de olores se añade además la deslocalización de la sociedad civil que prefiere buscar otros horizontes democráticos más saneados. El lumpen no puede hacerse cargo de la situación y se abandona a la suciedad circundante, lo que a su vez alimenta a los parásitos. Es un problema circular de difícil solución. Pero el proceso no termina aquí. Las ratas abren el camino de las cucarachas. Estos insectos son producto de una metamorfosis en sus hábitos de vida. Lo que antes eran prolíficos animales del bosque, que cumplían una función determinada por el ecosistema natural, han devenido en dependientes carroñeros. Se alimentan principalmente de los desperdicios y heces de las ratas. Su exoesqueleto de cemento les confiere una extraordinaria resistencia frente a las agresiones externas. Son ciegos y sordos pero se ven compensados por unas largas antenas sensibles al olor de la putrefacción. Las altas temperaturas y la estructura jerárquica de nuestra sociedad favorecen su éxito. Otra plaga más que se adapta a las ruinas de la democracia burguesa. Nos hemos acostumbrado demasiado rápido a este estado de cosas. La telebasura ha triunfado sobre la ideología, extendiéndose por todas las capas de la sociedad hasta volcarse por las calles. Y es ahora cuando lo vemos. Cuando sus efectos tóxicos empiezan a irritar nuestros delicados aparatos olfativos. ¿No estabamos allí cuando la plaga de los contratos basura?. ¿Cuando Jesús Gil paseaba a su Imperioso por Marbella, o Rajoy se atizaba en el barco de Os Caneos?. ¿Cuando el trio de las Azores? Pero ande yo caliente y ríase la gente, y ha hecho falta que nos encontremos hasta el cuello de mierda para ver que algo no andaba bien. En vez de acometer la limpieza en momentos de euforia y crecimiento nos toca hacerla ahora so pena de morir asfixiados de tanta penuria. Pero la depresión merma nuestras fuerzas y obceca nuestro entendimiento, y cuando rebuscamos un poco descubrimos que hemos construido el país encima de un cementerio de más de cienmil muertos que se pudren en los bordes de las carreteras. Desde " Polstergeist " todos sabemos lo que ocurre cuando destruímos la memoria de los muertos construyendo encima, que los muertos se levantan a reclamar lo suyo. Cada día se hace más habitual encontrarse legiones de falangistas emitiendo extraños sonidos guturales que atraen a las ratas y los insectos. A su vez los insectos son portadores de gran cantidad de enfermedades infecciosas que no dudan en inocular en los más imprevisibles obligándoles a votar a partidos abiertamente antidemocráticos. Las montañas de basura no dejan de crecer a nuestro alrededor. Las grandes compañías extranjeras hacen caja a nuestra costa obligándonos a pagar costosos tratamientos desinfectantes. Para ellos es el dinero de nuestra sanidad y nuestra educación. Para ellos es el futuro de nuestro país. El presente pertenece a los oligopolios del cemento y la energía. Y el pasado está enterrado bajo la mentira y el rencor. Sólo nos queda dar un salto y salirnos del tiempo. Buscar nuestro propio lugar en la historia lejos de la decadencia. Ver arder las montañas de basura desde nuestros refugios y mantenernos serenos cuando suenen trompetas de guerra y el nuevo paradigma salga a la luz. El tiempo está de nuestra parte. Las nuevas formas de organización social encontrarán la manera de despejar las mentes y limpiarnos las manos. Sólo hay que hacerlo realidad con nuestro ejemplo. En esto no estamos solos sino que una marea humana está llamada a aniquilar cualquier resto de carroña y corrupción en todas las naciones del mundo. Sin miedo, sin odio, sin vergüenza. Todo es posible.


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