La Marioneta. Texto: José Antonio Garriga Vela. Diario Sur – 31.01.2010.

Me fastidia no ir con él a la calle cuando voy a comprar al supermercado. Lo dejo en casa, hundido en su chistera negra, sumergido en su mágico universo. Estoy seguro de que si lo hiciera, si lo llevara conmigo, aumentaría la fama de hombre raro que ya poseo desde hace tiempo. Desde que hablar se convirtió para mí en algo tan dificultoso como tener que trabajar para subsistir. No soy ventrílocuo. No soporto a los que exponen públicamente a sus marionetas. Yo me dedico a otras cosas.
Ahora lo tengo delante. Escribo y me mira escribir. Ignoro lo que piensa. No sé lo que piensa nadie. Por eso vivo solo, con él. Me dan miedo los pensamientos de los otros. No soportaría que alguien que vive conmigo, de pronto, un día dejara de pensar. Las cosas nos sobreviven. No quiero decir con eso que la marioneta sea un mero objeto. Pero si algo tengo claro es que cuando yo me haya ido ella permanecerá quieta y callada en algún desván del planeta.
Un conejo surgiendo de una chistera es un acto de magia. Un pequeño milagro blanco. Yo vivo con un milagro que compré en una tienda. Al verlo en el escaparate tuve la sensación de que ambos nos necesitábamos. Él para recobrar la vida y yo para no perderla. La vida se pierde. Las relaciones amorosas se desgastan. Eso es lo que yo creo. Desde la soledad. Desde esta reclusión voluntaria. Desde este sueño permanente en el que he convertido la vida. La convivencia con la marioneta constituye, paradójicamente, mi única relación con el mundo de los mortales.
Ella, tan dócil. Tan divertida a veces. Me hace sonreír cuando estoy triste. Me consuela cada vez que los pensamientos se obstinan en rebelarse contra los tímidos momentos de felicidad. Quieta. Suave y cariñosa. Asomando sus ojos inocentes por el ala del sombrero con la vergüenza de quien sabe todo sobre el hombre que tiene delante. Ella sólo teme que deje de quererla y decida echarla de casa como un trasto viejo. Mi querida marioneta. Mi testigo. Mi única confidente. El milagro de vivir gracias a alguien que se cuela en tu alma y te impulsa a salir de la inquietante oscuridad de la chistera”.
En Algún Día│ José Antonio Garriga Vela.
