Revista Educación

La mayoría silenciosa

Por Siempreenmedio @Siempreblog

la resignacion es un suicidio cotidianoConfieso que no lo entiendo. Cada día encuentro más casos y cada vez me resulta más difícil comprenderlo ¿Qué puede llevar a una persona a elegir la renuncia a su desarrollo individual y profesional a cambio de criar niños? Eso, las que tienen niños como excusa, que hay otras personas que ni siquiera para eso. Conste, para los más susceptibles, que no me refiero a quienes la vida niega una y otra vez una oportunidad, que los hay, sino a aquéllos que dejan pasar los trenes instalados en la cómoda resignación como zona de confort.

Debe ser la edad. Antes me resultaba más fácil asumir que simplemente es otra forma de ver la vida. Que no es mejor ni peor que la mía. Sólo distinta. Ahora, sinceramente, me cuesta respetar su criterio. El de los que renuncian y, más aún, el de quienes les ayudan a hacerlo. Especialmente rechazo a las parejas que compadecen y justifican a estas personas, en vez de motivarlas y empujarlas para que actúen y cambien sus limitados destinos ¿Será que el egoísmo es el origen de una falsa compasión por conveniencia?

Mi madre lo hizo, como tantas otras madres de la época. Renunció creyendo en un cuento y unas extendidas costumbres sociales de las que pronto se desengañó. Se resignó ante un contexto y unas costumbres que hoy han cambiado.

Ella me inculcó desde el primer biberón que yo no debía seguir sus pasos. Creo que ésa fue su mayor lucha y su mayor victoria vital.

Me grabó a fuego que siempre defendiera mi independencia económica y sentimental. Me hizo entender que sólo así, lograría un amor sincero y una familia en la que la admiración recíproca entre todos sus miembros prevaleciera sobre la compasión del “fuerte” ante la dependencia del “débil”.

El camino fácil, es no moverse. Resignarse. Aceptar que la vida es criar niños o esperar en el sofá a que algo suceda. Lo fácil es dejarse caer en la cómoda autocomplacencia y la resignación, más aún si están alimentadas por la malentendida compasión de los más cercanos.

Tener familia y desarrollar una carrera profesional satisfactoria es compatible. Fácil, no. Pero sí es posible. Exige un esfuerzo extra relevante, que no todas las personas están dispuestas a dar. Pero se puede y, desde mi punto de vista, se debe.

Estoy cansada de escuchar cómo mujeres y hombres justifican en la crianza de sus descendientes u otras excusas similares su propia autolimitación individual, su carencia de empuje e iniciativa.

Valoro cada día más a los valientes, a los que no se resignan, a los que cada día se levantan y dan prioridad a nutrir la individualidad propia, haciendo que sea compatible con una vida plena en familia. En la que todos sus integrantes, ante todo, sean individuos.

Somos muchos. Una inmensa mayoría pero muy silenciosa.

Y tú, ¿eres parte de ella?


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