Un país fallido. Al final, el trabajito que empezó con el tándem Macri-Caputo (ya que la "revolución de la motosierra" es solo la continuación voraz de la "revolución de la alegría") tienen la misma finalidad: descuartizar a los discapacitados, jubilados, niños enfermos, el poder adquisitivo de los trabajadores, miles y miles de pymes y decenas de miles de puestos de trabajo en el sector privado en tiempo récord, endeudarnos de por vida, desacreditar al Congreso con una caterva de ignorantes que dan vergüenza ajena, enriquecerse mediante la timba financiera y la corrupción a cielo abierto y, la frutilla del postre, convertirnos en "una de las joyas más preciadas de su graciosa majestad" (hoy en día, Donaldo Trumpeta), como dijo en Londres -sin siquiera ruborizarse- uno de los delegados de la comitiva argentina que fue en 1933 a Gran Bretaña a venderle el país al imperio dominante en ese entonces. 
Hace unos días, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, ofreció una línea de crédito de 20 mil millones de dólares al gobierno argentino de Javier Milei y se comprometió a comprar sus bonos, ya que la administración Trump se quiere apuntalar a su aliado ideológico. Las medidas detuvieron temporalmente los ataques en los mercados argentinos de divisas y bonos desencadenados por el rápido agotamiento de las reservas extranjeras del país mientras Milei intentaba defender una moneda sobrevalorada.
Tal como pasaba en los tiempos de la Década Infame, detrás de todo esto además de la obvia sumisión colonial y entrega del país a manos extranjeras, hay negocios concretos con beneficiarios concretos. Son la versión bizarra de aquella oligarquía de la Década Infame que confundía sus intereses de clase con los del país, y seguía aferrada al vasallaje con el león británico, aun cuando la hegemonía mundial de éste estaba claramente tocando a su fin. Son tan miopes que siguen apostando a orbitar en torno a una potencia declinante, que ya no puede imponer su voluntad a discreción en un mundo pluripolar, tanto que tiene que tratar de reforzar su influencia en su patio trasero por miedo a perderla. Son gente limitada a la que no le cabe en la cabeza (ni en la voluntad) la posibilidad de hacer un país en serio, que construye por sí mismo su propio destino; y no una colonia de segundo orden, cuyo destino deciden otros. No sé cuál de los dos planes avanza a mayor velocidad: si el de convertirnos en una colonia, o el de transformarnos en una idiocracia.


De manera que vemos con total normalidad a un funcionario de un gobierno extranjero hablando de ayudar a la Argentina "si los resultados electorales son positivos". Bessent actuando como el FMI, le dice explícitamente a un gobierno extranjero que medidas concretas de política económica tiene que tomar. A esto nos llevaron.

Los inversores extranjeros y las agencias internacionales se apresuraron a elogiar los objetivos de la economía del libre mercado y las medidas de austeridad fiscal del gobierno de Milei como una alternativa con éxito al "socialismo rosa". Con un alfiler de solapa con la "motosierra" de Javier Milei en su chaqueta, durante una conferencia de prensa en la reunión de primavera del FMI, la jefa del FMI, Kristalina Georgieva, instó a los argentinos a "mantener el rumbo" y respaldar a Milei en las próximas elecciones legislativas de octubre."Es muy importante que no descarrilen la voluntad de cambio", dijo.
Yo preferiría que al gobierno de la Argentina lo elijan los argentinos, aunque muchos voten como el culo y por eso llegamos a esto. Pero son gustos personales, vió?.
Pero resulta que la motosierra se rompió, fue un desastre, cada día el partido de Milei pierde votos y magia. La motosierra de Milei ha destruido puestos de trabajo, cerrado negocios y obligado a la gente a trabajar "informal", es decir, a ganar un peso donde pudieran. Y esa es la historia a largo plazo del capitalismo argentino. La economía se ha estancado básicamente desde 2008. La producción industrial está cayendo y el consumo de los hogares está estancado, con la caída de las ventas minoristas. Lo que no es sorprendente cuando los salarios estatales bajan un 33,8 % en términos reales y los argentinos se ven obligados desesperadamente a encontrar trabajo "informalmente" lo mejor que puedan.


Está claro que no pueden evitar el desastre y el plan es aguantar hasta las elecciones para que se terminen de ir todos los amigos de Toto Caputo, y después cuando todo se vaya a la mierda echarle la culpa a la sociedad por votar mal. Como Macri en 2019. Nuestra derecha original.
Hasta ahí llegó la economía de la motosierra.
