
En lo que vino a llamarse la “movida”, que se inició en Madrid y luego se extendió por todo el país, la actitud general de los jóvenes era en general frívola y pasota, con actitudes provocativas, pero poco dañinas para el orden establecido. El fenómeno juvenil fue enseguida deglutido, metabolizado y encauzado por el sistema, convertido rápidamente en un movimiento superficial que por su actitud no resultaba en absoluto lesivo para el poder.
La presunta rebeldía era sólo una cuestión de estética y de lenguaje, no de ideas arraigadas. Era todo fachada, maquillaje y pelos cardados de colores. Lo importante no eran las ideas sino la simple y llana provocación. El mercado discográfico vio una buena oportunidad de hacer dinero y llenó tiendas, bares y discotecas de música facilona y vacía. Nunca un movimiento generacional como el de la “movida” ha contado con una cobertura mediática, comercial y hasta política tan importante. De todos son conocidas las imágenes del antiguo alcalde de Madrid, el señor Tierno Galván, diciendo aquello tan populista de “y el que no esté colocado, que se coloque”, entre aplausos y vítores de la gente en fiestas.
Salvo honrosas excepciones musicales y plásticas, y aquí pienso en gente como Ceesepe, el fotógrafo García- Alix o en algunas letras de Auserón, el de Radio Futura, las manifestaciones culturales dejaban mucho que desear. Tal vez porque se trataba en líneas generales de un movimiento muy superficial donde más que calidad se buscaba simple y llanamente provocar. No hay más que leer algunas letras bobaliconas de algunas canciones o algunos comentarios de sus más genuinos representantes. Grupos con nombres como Kaka de Luxe, Zombies o Alaska y los Pegamoides. Con letras que nos hablan de “bellos y trascendentales” temas como… “Terror en el supermercado, horror en el ultramarinos”, “Quiero ser un bote de colón”, “Te mataré con mis zapatos de claqué”, “Me paso el día bailando, y los vecinos no paran de molestar”, “Bailaré sobre tu tumba” o “No me lavo en la vida” (Siniestro Total).
Ya lo dijeron precisamente los componentes de Golpes Bajos, aquellos eran “Malos tiempos para la lírica.” Digamos que de un padre rebelde y contestatario nació un hijo frívolo y pasota. Y que los sueños encaminados a cambiar el mundo de momento quedaron relegados para mejor ocasión.
