Revista Espiritualidad

LA MUERTE DE MANDELSTAM (una reseña)

Por Josep Pradas

Contra toda esperanza (Acantilado, 2012), de la escritora judía rusa Nadiezhda Mandelstam (1899-1980), dedicado a su marido, Osip mandelstam, perseguido y asesinado por el estalinismo en 1938 (el año de la Gran Purga). La reseña la firma Gisela Kozak, para LETRAS LIBRES, septiembre de 2026. Muy interesante, aunque a la reseñadora se le ve un poco el plumero neoliberal de afinidad con la revista donde publica su escrito.

MUERTE MANDELSTAM (una reseña)

La lectura de Contra toda esperanza (Acantilado, 2012), de la escritora judía rusa Nadiezhda Mandelstam (1899-1980) –publicado en inglés por primera vez en 1970, después de su circulación clandestina por la Rusia soviética– es un magnífico antídoto contra los lugares comunes que recorren esta época. En particular, los de una izquierda sin ideas para el siglo XXI que se regodea en rasgarse las vestiduras con el auge de las derechas, olvidando convenientemente los horrores de las dictaduras socialistas. Si es cierto que la ética tiene todavía algún valor, la figura de esta mujer tiene que interpelarnos, sobre todo en un período histórico en que el sacrificio pareciera un atavismo propio de cristianos primitivos y la democracia liberal el enemigo común de extremistas de todo pelaje. Se trata de unas memorias escrita con una lucidez extrema por una mujer ya mayor que, –al igual que el pensador judío Víctor Klemperer (Quiero dar testimonio hasta el final: Diarios 1942-1945) sumergido en el nazismo– decidió ser testigo de su tiempo, subsistiendo con lo mínimo y en espacios pequeñísimos.

El texto retrata la persecución estalinista que sufrieron tanto ella como su esposo Ósip Mandelstam (1891-1938), desde la primera detención del poeta en mayo de 1934 a causa del “Epigrama contra Stalin”, poema satírico inspirado en el tirano, hasta su segunda detención y posterior muerte por infarto en un campo de tránsito cerca de Vladivostok. Esta es la versión más creíble del fallecimiento según la propia viuda, quien se enteró de su fin porque le devolvieron un paquete de provisiones con la indicación de que su destinatario había fallecido. Mientras los poetas soviéticos pasaban por estas amarguras, los de Occidente cantaban loas a Stalin, caso de Miguel Hernández (“Rusia”), Pablo Neruda (“Oda a Stalin”), Rafael Alberti (“Redoble lento por la muerte de Stalin”) o Nicolás Guillén (“Stalin Capitán”). El pobre Mandelstam incluso llegó a poner su esperanza en figuras como Romain Rollan, escritor comunista francés, Nobel de Literatura, por cuyo intermedio pensaba que podía congraciarse con Stalin. Para la autora, la identificación de los poetas extranjeros con la Unión Soviética constituía motivo de humillación, tristeza y desconcierto.

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