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La novena hora - Alice McDermott

Publicado el 20 diciembre 2018 por Rusta @RustaDevoradora

La novena hora - Alice McDermottEdición: Libros del Asteroide, 2018 (trad. Carlos Manzano)Páginas: 296ISBN: 9788417007409Precio: 19,95 € (e-book: 11,99 €)
Alice McDermott (Brooklyn, Nueva York, 1953) es, con justicia, una de las autoras más importantes de su generación, y no solo por la retahíla de premios y nominaciones que colecciona (mención para el National Book Award 1998 por Un hombre con encanto). Pertenece al linaje de los narradores de lo cotidiano, los que prestan atención a los problemas de la gente corriente, como sus compatriotas Elizabeth Strout y Anne Tyler. Tal como demostró en su anterior novela, Alguien (2013; Libros del Asteroide, 2015), no necesita construir una trama llena de enredos para hacer literatura; a ella le basta con lo común, las experiencias sencillas del día a día. En su título más reciente, La novena hora (2017; Libros del Asteroide, 2018), que ha recibido el Prix Femina Étranger 2018 en Francia, lo vuelve a poner de manifiesto con una historia ambientada en el Brooklyn de la primera mitad del siglo XX, tierra de inmigrantes, escasez y catolicismo.La novena hora - Alice McDermottEn el primer capítulo, un hombre irlandés se suicida. Deja a su suerte a su joven esposa, Annie, que además está embarazada. Sola y sin recursos, Annie se apoya en las monjas de la comunidad, que le dan trabajo en la lavandería del convento y la ayudan a sacar a su hija adelante. Esta niña, llamada Sally, crece arropada por las hermanas y se convierte en el hilo conductor de la historia: su coming-of-age, la relación con su madre y los vecinos, su descubrimiento de la labor social de las religiosas, su temprana vocación monacal. No obstante, el punto de vista, que se asemeja a un narrador omnisciente, tiene una particularidad: en determinados momentos, esa voz se identifica como los descendientes de Sally, por lo que ya sabemos de antemano que no tomó los hábitos y se casó. No importa, pues el «misterio» no está ahí. La estructura, por otra parte, no consiste en una línea recta dividida en porciones, sino que posee una naturaleza episódica, es decir, ahora un capítulo sobre una monja, luego otro sobre Annie, etcétera, todos interconectados por Sally y su entorno, una mirada rica y poliédrica a ese microcosmos. De este modo, cada escena tiene entidad, casi como un relato.Si bien Sally se erige en «protagonista», puesto que se sigue su evolución, me ha parecido que el verdadero motor de la novela no es tanto un único personaje como una «forma de estar en el mundo» ya desaparecida, encarnada en las monjas. La autora rinde homenaje a unas mujeres, un sistema, que se ocupó durante muchos años de velar por los más desfavorecidos, antes de que las ayudas se integraran en las políticas de seguridad social: cuidar a los enfermos, abastecer a los pobres, escuchar a los desamparados. Alice McDermott es una gran narradora de la fragilidad, retrata con delicadeza la vulnerabilidad del cuerpo maltrecho, del abandono, de la soledad; cada gesto importa. Presta atención también a los dilemas morales a los que se enfrentaban en ocasiones las hermanas, y que ponían a prueba su fe (basta recordar que la novela comienza con un suicidio). Realmente nos introduce en ese ambiente, ese modo de entender la solidaridad, el sacrificio, la entrega a los demás. Algunos lectores pensarán «Monjas y enfermos, menudo rollo», y, en efecto, no es un libro para todos, no trataré de convencer a nadie; pero la narración convierte estos temas poco explorados en literatura de primer nivel, de una hondura y una humanidad excepcionales. Aunque a priori no despierte interés, lo que encontramos en sus páginas compensa.Más allá de las monjas, las otras protagonistas son las mujeres del distrito, en general, porque ellas, más que los hombres, sufren las carencias que las llevan a recurrir a las religiosas: la pobreza, la viudedad, la crianza de los hijos, las enfermedades (físicas o mentales). Se plantean reflexiones acerca del rol de una esposa, la dependencia del marido y, al mismo tiempo, el miedo a él. Se contrapone a la mujer casada con la monja, y a la vez la solidaridad entre ellas, la complicidad. Hay personajes soberbios, no solo Annie y Sally, como la terca hermana Lucy, la compasiva y jovial hermana Jeanne o la lisiada señora Costello. Episodios como la instrucción de Sally o el viaje en tren son piezas de una excelencia literaria incuestionable. Todo lo expresa a través de una mirada, una postura, una actitud; Alice McDermott entiende como muy pocos el lenguaje no verbal y la información que da cada inflexión, cada matiz.

La novena hora - Alice McDermott

Alice McDermott

Hacia el final, se hace esta reflexión: «Nos asombró pensar en lo mucho que pasaba silenciado en aquella época, lo mucho que, según consideraban, estaba en juego» (p. 289). En cierto modo, La novena horapuede leerse como una indagación en el ámbito privado que ha permanecido oculto, invisible, porque se consideraba poco jugoso, porque la literatura parecía destinada a narrar hazañas y pasiones desbordantes, no el cuidado a los desvalidos. Muchas obras exploran el sufrimiento por la guerra o el amor; esta, sin embargo, muestra el dolor por circunstancias ordinarias, la senectud, los trastornos, las penurias. Paradójicamente, se ha escrito menos acerca de lo básico que de lo excepcional; por fortuna, autoras como Alice McDermott enriquecen el canon de la mejor manera posible: con elegancia, pulcritud y una perspicacia psicológica extraordinaria.

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