Revista Opinión

La pandemia ha puesto de relieve muchos defectos

Publicado el 25 junio 2020 por Manuhermon @manuhermon
La pandemia ha sido muy grave, ha puesto de relieve muchos de los defectos institucionales del estado y los peligros de las redes sociales como creadores de opinión. La gente se cansa, está hasta el gorro, no es extraño que vuelva el no tenemos remedio y muchos se retiran lamentándose ¿Qué he hecho yo para merecer este castigo? Sí, quizás este no sea momento adecuado para seguir con el trabajo de apartarse de los árboles para ver el bosque, o quizás sea el momento indicado para mirar con proyección de largo plazo, quizás sea el peor momento para dejar a un lado tanta brutalidad cainita de las derechas españolas y apartar la vista del árbol para mirar el conjunto, o quizás sea buen momento. Quizás por ello aparezca la necesidad de alejarse un poco de lo cotidiano, del enredo diario, igual que hacemos cuando viajamos al extranjero y poder mirar España y lo español desde la distancia, algo que permita encajar nuestra realidad de manera distinta a como si estuviéramos siempre hundidos en el barro.
Desde la distancia se relativiza todo, no es que mejore nuestra situación, sino que podemos contextualizar y entender que no somos únicos, es global el momento de acoso a las democracias liberales o representativas, las derechas cavernícolas europeas campan por todos los países, los ultranacionalistas crecen en Europa, las derechas cainitas se movilizan por todos los países, crece la crispación mundial   cientos de millones de personas en el mundo soportan a los anti-ilustrados y las religiones, que gobiernan en muchas partes, en países y en instituciones.
La traición del PP actual, de las derechas españolas, aliándose con los holandeses -un paraíso fiscal frecuentado por corporaciones españolas- y uniéndose a partidos de otros países del norte de la UE para poner dificultades a las ayudas comunitarias destinadas a España, con el objetivo de encarecerlas e impulsar exigencia de recortes, que España se hunda, luego ellos aparecerán como salvadores, eso decía Montoro en la anterior crisis. Es terrible, pero necesitamos mirarlo con perspectiva para sobrevivir, necesitamos mirar con distancia para resistir. Ni siquiera eso de las traiciones es nuevo; Franco, la iglesia, las derechas, los adinerados, ya traicionaron su patria y a los españoles aliándose con los nazis alemanes y fascistas italianos, para matar españoles. Tampoco fue nuevo en Europa, los franceses fueron traicionados por el gobierno de Vichy aliado de los nazis, o los noruegos, o los nazis checos, rumanos, polacos, austríacos u holandeses… Sí, también lo hicieron las élites nacionalistas periféricas, traicionaron a la República, a los españoles, a vascos y catalanes, intentando pactos con los nazis alemanes y los fascistas italianos. Lo siguen haciendo, partidos fascistas europeos participan en las marchas nocturnas con antorchas junto con los independentistas catalanes actualmente.
No sentirse protagonista, constructor de esta sociedad, regala ventajas a las derechas, deja el terreno libre a la reacción, que se intentará apropiar de lo construido, les entrega la democracia, la historia y su narración, aquí estamos llegando a un punto en el que parecen ser ellos, la derechona, los creadores y defensores de la Constitución, cuando precisamente a ellos les fue arrancada. Ahora aparecen como si fuera suya, como si fueran los creadores de esta sociedad, se aprovechan del abandono de algunos que lucharon contra la dictadura. Desde la Transición, algunos sectores antifranquistas no se sintieron protagonistas de aquella nueva sociedad que se configuraba como resultado de las luchas de fuerzas muy diferentes, no apoyaron la democracia por considerarlo poca cosa en relación a sus utopías. Así fueron dejando el camino expedito para quien quisiera ocuparlo con sus banderas y cuentos. El error de ese abandono es tan grande que, para muchos jóvenes de hoy, los resultados de la democracia fueron logrados por los franquistas, cuando no directamente por Franco.
La idea de asimilar esta sociedad democrática a aquella vieja dictadura se manifiesta habitualmente entre algunos sectores de izquierdas, se materializa en escritos, libros e intervenciones políticas, la idea de que esto no sirve y por consiguiente habría que derribarlo, cala en gentes que por consiguiente no ven razones para apoyarlo, la lista de negatividades es amplia, y una de sus consecuencias es el eslogan de todos son iguales, en cuyo caso no creen merezca la pena intentar arreglar o corregir los defectos. Por ejemplo, en Madrid decenas de miles de votantes en los barrios obreros, Orcasitas, Vallecas, Carabanchel, Usera, Villaverde… no ven razones para votar a los grupos de izquierda, la abstención tiene enorme peso, entre el 40 y 60%, mientras los barrios ricos y acomodados aumentan su participación, dando como resultado un Madrid con gobiernos derechosos desde hace 25 años en la Comunidad. Uno de los caminos del activismo político de las derechas es la crispación, lograr desanimar para impulsar la abstención de los votantes de izquierdas, cuyos resultados han comprobado son efectivos y favorables para sus intereses.
Franco murió en la cama, lo cual ciertamente fue signo inequívoco de la fuerza del franquismo, como también fue cierto que la sociedad franquista tal como era, fue rota por las luchas antifranquistas de aquellos años desde finales de los sesenta hasta los ochenta forjando como resultado una sociedad extraordinariamente diferente a la del franquismo. La nueva sociedad democrática española, no fue una revolución, pero tampoco el franquismo, inicialmente fue rechazada en algunas gentes de izquierdas, otros sectores nuevos la rechazaron posteriormente, hasta hoy mismo, porque no se ajusta a sus patrones idealizados de sociedad. Tiene defectos y hay que aprestarse a corregirlos, eso se hace considerándolo algo nuestro, si crees que es de otros uno se desentiende, mientras la derechona aprieta para hacerse con mayores cuotas de poder aprovechando los espacios vacíos. La democracia española no es la mejor del mundo, pero resiste comparaciones con aquellos países considerados primeros eslabones de la cadena. Tiene muchos puntos negros que habría que arreglar, mejor que derribar antes de pretender conquistar los cielos, sin tener ninguna garantía de que la nueva construcción lograra mejor resultado que el existente.

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