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La poesía en 2026, ¿elitista o necesaria?

Publicado el 23 diciembre 2025 por Emprendedores De Hoy

La poesía en 2026, ¿elitista o necesaria?

La poesía es un género que no deja indiferente: tiene asiduos lectores y grandes detractores. De hecho, cualquiera que se acerque a una Feria del Libro escuchará repetidamente la frase “noooo, yo no leo poesía”, con la que el respetable increpa a los poetas.

Sin embargo, esa misma Feria incluirá como acto estelar algún recital, jam session u homenaje. Proliferan asimismo los talleres de escritura, concursos y festivales líricos. No pocas asociaciones y proyectos como Visibilidad, el Gran Reto, apuestan por la poesía.

Simultáneamente, no hay poemarios en las listas de superventas y en España se ha perdido la costumbre de memorizar poemas. He aquí la raíz del problema: ni en la escuela ni en los hogares se inocula el sano veneno de la poesía.

No obstante, los cantautores son muy populares en España e Hispanoamérica. Últimamente, el adiós a los micrófonos de Sabina y Serrat ha dejado a varias generaciones huérfanas. Pero que nadie se alarme: la popularidad de artistas como Marwan, Leiva o Ismael Serrano garantiza el relevo, cantantes todos con giras multitudinarias. Evidentemente, ellos también escriben poesía y hasta ganan premios por ello (recordar el reciente Nobel de Literatura a Bob Dylan).

Su enorme magnetismo choca con el estereotipo de poeta en boga: un ser afectado, vestigio del pasado. Lo cual demuestra que la sociedad fluctúa entre afirmar “la poesía es un arma cargada de futuro”, como Celaya, o quejarse de los “malos tiempos para la lírica”, que profetizara Bertold Brecht. Tan de moda está el “yo sólo leo el Marca”, como tener de gurú espiritual a Mario Benedetti o a García Lorca.

De hecho, el auge del feminismo en la sociedad occidental bebe mucho más de Safo, Emily Dickinson o Alejandra Pizarnik que de la política. Y ya en el XIX toda nación, grande o chica, eligió a un poeta como símbolo: sea Pushkin en Rusia o Rosalía de Castro en Galicia.

En esta sociedad de las prisas muchos lectores se refugian en la poesía mientras viajan en metro, se van a dormir con el ingenio de Szymborska, o se identifican con los bares contraculturales que retratan Karmelo Iribarren y Bukowski.

Quizá por eso, durante la guerra que asola Ucrania se han creado 79 editoriales, según datos del último Liber. Lo cual retrotrae a la España de 1939 cuando, a pesar de la escasez de papel, la revista republicana El Mono Azul seguía llenando el frente de poemas inéditos de Alberti, Miguel Hernández o Cernuda.

Para terminar, si realmente la poesía no fuera más que un adorno elitista, la fuerza telúrica de Lluís Llach tampoco habría traspasado fronteras. L’estaca, himno antifranquista por excelencia, ayudó a derribar los Mury de la Polonia comunista (con Jacek Kaczmarski). Actualmente, en la garganta de Gorki Águila, es una de las grandes canciones protesta de la disidencia anticastrista.

(Amelia Serraller) Visibilidad El Gran Reto.

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