Revista Cultura y Ocio

"la posada de los rostros pintados" -víctor virgós-

Por Orlando Tunnermann
LA POSADA DE LOS ROSTROS PINTADOS (EXTRACTO) 
RELATO INCLUIDO EN "EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS", PRÓXIMAMENTE A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES


Los restos moribundos de un naufragio quedaron descuartizados como repudiados cadáveres de astillas y maderos frente a las paradisíacas costas caribeñas deBelice.
El alarido de la pequeñaMelinale catapultó a las caliginosas brumas volátiles de la consciencia. Los impenetrables tejidos de hilanderas que le anublaban la visión se descorrieron como los visillos de una mansión fantasmal.La luz prístina de la alborada comenzó a bañarlo todo con un manto de claror que cabalgaba sobre las lomas ondulantes de la brisa salada.
Entre reniegos y gemidos de dolor,Mauricio O´Connor "resucitó" en medio de una bacanal de destrozos apocalípticos que habían convertido su flamante velero,"La Sirena Azul",en un esbozo estragado y devastado.
Se llevó las manos a la cabeza, que ardía como una galera en llamas. Se le tintaron inmediatamente de sangre reseca. Tenía las ropas empapadas y su velero era un rompecabezas descoyuntado entre pavorosas rocas afiladas y descollantes que se asemejaban a una procesión de penitentes orando ante el mar.Los recuerdos comenzaban a aflorar con la discreta motilidad holgazana del perezoso.
El"diluvio universal"había arreciado desde el Sur de México hasta Nicaragua, vomitando toneladas de rayos, truenos y relámpagos sobre las aguas enervadas deGuatemala, Honduras y Belice.Era un milagro que estuviera vivo, que no se hubiera ahogado; acaso hubiera sellado un pacto de sangre con los magnánimos dioses oceánicos que moraban en regiones abisales.
Una copiosa comitiva de aldeanos, pescadores, mercaderes, lugareños curiosos, se habían arracimado en torno a la despavorida niña de atezado rostro rechoncho.
Le ayudaron a incorporarse recitando preces o santiguándose, como si también ellos quisieran participar de su privado monólogo de la teoría del milagro de su supervivencia.
Por unos instantes su ex-mujer,Katrina, se infiltró en sus pensamientos. Estaba tumbada sobre la mullida y cálida arena de la playa, boca abajo, con un minúsculo bikini atigrado, leyendo distraídamente naderías de moda en un ejemplar de la revistaVogue.
Se giró, quitándose unas enormes gafas de sol de cristales opacos como si fuera una diva del celuloide de los años 50... Le observó con severa crueldad en su ademán, con ese arrebatador semblante suyo que parecía haberle afanado a la divinaSofía Loren.
- "¡Te lo tienes bien merecido, Mauricio! ese maldito velero acabará contigo algún día... ¡Y conmigo! ¡A quién se le ocurre salir a navegar en medio de una tormenta tropical tan espantosa!"VÍCTOR VIRGÓS, AUTOR DE "LA CASA DE LAS 1000 PUERTAS" DISPONIBLE EN WWW.AMAZON.ES FORMATO ELECTRÓNICO

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