Revista Salud y Bienestar

La Primera Facultad Humana

Por Dlemus

Al contrario de lo que uno cree, porque se nos ha enseñado, no es la voluntad la primera facultad humana, sino la imaginación.

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Cada vez que, en efecto, hay un conflicto entre estas dos facultades, es siempre la imaginación la que importa; cada vez que estamos en ese estado mental, tan frecuente, lamentablemente, en nosotros y que se manifiesta por el “Yo quiero hacer tal o cual cosa, pero no puedo” no solamente no hacemos lo que queremos, sino incluso

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hacemos lo contrario de lo que queremos, y mientras más voluntad tenemos de hacer lo que creemos no poder, más hacemos lo contrario de lo que queremos.

Estoy seguro de que esta aserción parece un tanto paradójica, a muchos de ustedes: mi idea no es, sin embargo, nueva, ya otros la han expresado antes que yo, sin no obstante, afirmarla tan categóricamente como yo lo hago.

San Pablo, decía así:

” El bien que quiero hacer, no lo hago, el mal que no quiero hacer, lo hago”

Es decir: “Quiero hacer el bien, pero hago el mal; mientras más quiero hacer el bien, más hago el mal”

Por ejemplo: Si una persona que no duerme en la noche, busca dormir, no duerme, es verdad, pero se queda tranquila en su lecho sin revolcarse. Si esta persona por el contrario quien dormir y hace esfuerzos para lograrlo, se tensiona, se sobrexcita. Por lo que no hace lo que quiere, sino justamente lo contrario; busca el sueño y en lugar del sueño encuentra sobrexcitación, lo cual se opone a su deseo.

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Tambien cuando se olvida el nombre de una persona. En muchas circunstancias, buscamos encontrar el nombre de la Señora, señora… Señora… Señora cosa, mientras más buscamos, más se nos escapa. Al cabo de unos instantes, si dejamos de buscar, aparece como por sí mismo.

Si consideramos de cerca este fenómeno, si analizamos, constatamos que está constituido por dos fenómenos sucesivos.

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Veamos como ocurre esto: En medio de una conversación, usted se interrumpe súbitamente, para decir: “A propósito Esta mañana me encontré con la Señora… Señora…” Usted vacila para decir el nombre –– inmediatamente esta vacilación hace nacer en usted, la idea: “Olvidé”. Como toda idea que tenemos en la mente se torna realidad para nosotros, en el dominio de la posibilidad, la idea: “olvidé” deviene una realidad, y el tiempo que gaste por encontrar el nombre es vano.

Generalmente, al cabo de poco tiempo, usted cesa de buscar, diciéndose: “ya me acordaré”, En ese momento, la idea: “olvidé” desaparece, a pesar de haber sido verdadera, y se sustituye por la idea “Ya me acordaré” que se torna verdad a su vez, como efecto, luego de algunos instantes, de nuevo usted interrumpe para gritar: “

Ah!, me acordé, es la Señora X…” y retoma su conversación.

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También con  la risa loca. Muchas veces, cuando más buscamos impedirnos la risa, más nos reímos, y nos reímos tanto más fuerte cuanto más buscamos contenernos.

Otro más, el ciclista principiante, quiere evitar el obstáculo en el que teme caer, mientras más busca impedir el obstáculo, más hacia él se dirige.

¿Cuál es el estado mental de las personas en estos diferentes casos? : “Quiero dormir, pero no puedo, quiero acordarme pero no me acuerdo. , no quiero reírme, pero me río, quiero evitar el obstáculo pero no puedo”

Ustedes lo ven, siempre es “no puedo”, es decir, imaginación, sobre voluntad “yo quiero”.

Si entonces la imaginación gana sobre la voluntad, es la imaginación, la primera facultad del hombre y no la voluntad.

Esto puede parecerles sin importancia porque no lo conocen, pero su importancia es enorme.

Cuando la conozcan y sepan advertir las consecuencias del uso de tal facultad, estarán en capacidad de ser amos de ustedes mismos, tanto física como moralmente.

Es preciso que sepan, además, que cada uno de nosotros está compuesto de dos seres bien distintos el uno del otro. El primero es el ser consciente y voluntario que conocemos y creemos ser quien nos dirige; pensamos en efecto que estamos dirigidos por nuestra voluntad y por nuestra conciencia. Pero, tras este primer individuo, hay otro: el inconsciente o subconsciente, al que no prestamos atención, por la buena razón de que no lo conocemos, y es lamentable, pues, es él quien conduce, tanto en lo físico como en lo moral, como en todo lo que sucede en nuestra vida. 

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El Dominio de si Mismo Emile Coué


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