Revista Cultura y Ocio
PORTADA DE MI PRÓXIMA NOVELA: "EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS", PRÓXIMAMENTE A LA VENTA EN WWW.AMAZON.ES (FORMATO DIGITAL).
NOTA DEL AUTOR: EXTRACTO DE "LA PRISIONERA DE LA OSCURIDAD", INCLUÍDO EN MI PRÓXIMA NOVELA, DE VENTA EN WWW.AMAZON.ES, "EL HOTEL DE LAS ALMAS PERDIDAS". VÍCTOR VIRGÓS.
LA PRISIONERA DE LA OSCURIDAD IV
Se había sentido arredrada por el advenimiento de aquel momento durante muchos años de sueños desvelados y túrbidos. Esperaba cada noche, con el miedo como leal comparsa, a que Dägmar demoliera la liviana puerta de su casa, furibunda, convirtiendo Reykjavík en una espectral necrópolis de hielo.
Venía a por su espada, sin duda, y a por ella… Volvería a encerrarla en las mazmorras de su palacio de hielo en las Islas Feroe.
Comenzaría de nuevo la era del terror, insuflado en cada una de las células de su cuerpo. Se reanudarían las transfusiones que acabarían por convertirla en un engendro, cuyo linaje se remontaba cientos de años antes de la aparición de los vampiros y los licántropos…
Tendría que despedirse de sus “recién estrenados” amigos: Vatna y Glauma. Adiós a la frágil tranquilidad de sus días monocordes y a las mañanas de clausura obligatoria.
Clamaría clemencia para que al menos respetara las vidas de sus amigos. Ellos eran inocentes y no tenía sentido mortificarla ni castigarla de una manera tan atroz, matando a Glauma y a Vatna.
La puerta cedió con suavidad… Vatna se incorporó bizarro, como un héroe gallardo dispuesto a dar la vida por su Amada.
-No te muevas. Voy a ver quien es –Exigió Vatna-
-¡No, por favor! ¡No vayas! Es peligroso –Le reconvino Yesenia. En sus increíbles ojos azules Vatna reconoció le huella de un secreto guardado en la caja de caudales de los confines del olvido.
La puerta se abrió despacio. Vatna y Yesenia corrieron a refugiarse en el dormitorio. Glauma salía del baño en ese instante. Quedó petrificado al observar los semblantes de terror de sus amigos.
-¿Qué pasa? ¿Qué hacéis? –Inquirió inocente-
-¡Calla, calla! –Susurró Vatna- Hay un intruso en la casa. Vuelve ahí adentro, no salgas.
Glauma devolvió su voluminosa anatomía al interior del cuarto de baño, asustado. Pisadas cercanas. El visitante nocturno se aproximaba. Se había detenido en el salón. Se escuchó el estrépito inconfundible del revoltijo y el desorden azotado por la acción humana.
Yagör sonrió satisfecho. Había indicios más que evidentes de habitabilidad: un fuego encendido, un pedido manuscrito de comida a domicilio…
El gigantón de reluciente calva y ojos pequeños y astutos continuó removiendo enseres, “desmembrando” estantes y sillas, desplazando objetos como si fuera él un heraldo de los dioses del viento huracanado.
-¿Qué está haciendo? ¿Busca dinero? Quizás fuera mejor que se lo diéramos y se largara.
Yesenia se sintió levemente decepcionada con la irreflexiva y candorosa sugerencia de Vatna.
-¡Pero qué dices! Ni se te ocurra moverte. Si la persona que está ahí afuera es quien creo que es, si nos descubre, nos matará sin pestañear. Te aseguro que no es dinero lo que ha venido a buscar.
Hablaban en voz baja, pero sus voces eran como la dinamita que prende la mecha unos segundos antes del cataclismo.
-Pareces muy segura de lo que dices… -Opinó Vatna suspicaz-
-¡Calla Vatna! No es momento de explicaciones –Imploró Yesenia, arrimándose a Vatna en el interior del armario ropero repleto de chaquetones y prendas invernales. En otras circunstancias aquella cercanía le habría resultado íntima e irresistible, pero el miedo se había encargado de erigir un farallón inexpugnable de hielo que ahogaba los débiles borboteos del deseo-.
Entonces les llegó el eco de un sonido diferente: el timbre de la casa, acompañado de una voz. Yesenia se había olvidado momentáneamente del repartidor de pizzas.
Tenía que hacer algo. Jamás fue una persona medrosa que se encogiera ante la adversidad. Salió del armario sin hacer ruido.
Entonces se escuchó una breve conversación, interjecciones rubricadas de sorpresa y una ebullición revoltosa de golpes, pisadas y un disparo…
Yesenia observó la espalda descomunal de Yägor extinguiéndose en la distancia como las huellas desvaídas en una playa caribeña.
El pizzero espeluznado había ganado unos metros y escapaba ya en su moto, rumbo al quimérico rumbo de la libertad. Vatna se arrimó a Yesenia en el umbral de la puerta y contempló cómo aquel sicario alzaba su mano poderosa y apretaba el gatillo de una pistola pequeña y plateada.
Tres disparos resonaron como sinfonía de una muerte anunciada. Glauma les arrasó en la puerta con su carrera de búfalo en estampida. Quedó hipnotizado ante la puerta abierta.
El pizzero estaba tendido e inerte sobre el asfalto como las ascuas de un fuego consumido.
Yesenia puso fin al macabro escenario cerrando la puerta con apremiante urgencia.
El tronido de la madera extrajo a Glauma y a Vatna del encantamiento absorbente de la alienación. Yägor se giró con rapidez, como una mangosta salvaje. Tuvo tiempo de sorprender a Yesenia antes de que la liviana franja de seguridad de su modesta vivienda ocultar su semblante ebúrneo, tan parecido al de su ama, la princesa de Dägmar.
Los recurrentes episodios de pesadillas y pasajes lóbregos le abofetearon el rostro con látigos y maromas de acero y fuego.
Ocurrió como una lluvia de relámpagos y truenos durante ese brevísimo intervalo temporal en el que los ojos del esbirro de Dägmar rasgaron las escamas de su alma para exponer a la luz puntos de flaqueza y áreas de coraje menoscabadas.
-¡Le ha matado! ¡Tenemos que avisar a la policía! –Rompió el silencio Glauma en tono desesperado-
-La policía no le detendrá –Se opuso Yesenia-
-Pareces muy segura de lo que dices –Contraatacó Vatna, que ya buscaba su teléfono móvil- ¿En qué andas metida? ¿Quién es ese tipo?
A Yesenia le ofendió su tono acusador y lacerante.
-No tengo tiempo de explicároslo, lo siento. Ese hombre es extremadamente peligroso y la policía no podrá detenerle, puedes creerme…
