Revista Decoración

La puerta que solo abren los Papas

Por Dolega @blogdedolega

desvirtualización Dolega

Mi primer recuerdo es de tener mucho, pero que mucho frío en las manos. Un frío que me impedía mover los dedos y que me provocaba un dolor inmenso.

Un hombre con un traje azul oscuro me decía que me calentara las manos ahí y ese ahí era un radiador de esos antiguos de hierro que yo recuerdo muy alto.

Calculo que debía tener tres ó cuatro años. En ese recuerdo hay una serie de cosas que no sé si se corresponderán con la verdad ó no, pero que yo las he tenido siempre por ciertas; a saber:

Estaba en una oficina bancaria, esperaba a mis padres mientras ellos hacían algo, el hombre que me acercaba al radiador para que me calentara las manos era el portero ó el ordenanza de la oficina y era en Cádiz.

¿Y por qué les cuento todo esto?

Porque he estado en Cádiz y siempre que voy lo disfruto de una forma realmente intensa, para mi gusto es una de las ciudades más bonitas que conozco, así que paladeo cada minuto de andar por sus calles, por sus playas, de admirar el mar. El mar en Cádiz es realmente hermoso, me podría quedar horas sentada mirando el horizonte y esperando uno de sus maravillosos atardeceres pero no, estoy nerviosa, al día siguiente voy a conocer en persona a alguien muy importante para mí y lo único que me relaja es mirar por el objetivo.

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Salgo por la mañana temprano hacia Sevilla. Se me hace largo el recorrido y llego a pensar que la autopista se estira como un chicle para que yo no llegue nunca a mi destino

Llego, wasapeamos, donde quedamos, en la catedral mi hotel está al lado, ok, donde, en los alrededores, ok, como eres, una gorda con un sombrero Panamá, que exagerada eres, vale…

Salgo del hotel y el calor sofocante me reconforta, bajo por una callejuela y desemboco en la catedral. Cada vez que la vuelvo a ver, admiro lo magnífica que es.

Le pregunto a un transeúnte por la puerta principal

-Cual de todas señora, que la catedral tiene unas cuantas

-La más importante.

-Pues esa de allí solo la abren los Papas, no sé si le valdrá en importancia- me dice con la típica guasa sevillana.

-Esa misma me vale – le contesto con una sonrisa.

Guasapeo con la niña, que está de vacaciones para ver cómo se ha levantado. De pronto me entra un guasáp

-¿Pero Dónde estás?

-¿Yo? en la puerta de la catedral y tú.

-Pero en que puerta

-En una que debe de ser muy importante porque solo la abren los Papas.

De pronto alguien pregunta por mí y cuando la miro a los ojos, sé que no me voy a arrepentir. Es la misma Yeste Lima del blog, de los mail… viene con Sara una de sus hijas con las que me echado unas buenas risas por mail.

De pronto Yeste me da un tesoro y ahí estoy yo haciendo acopio de toda mi fortaleza para no montar una escena lacrimógena en medio de la cafetería donde estamos.

Nos vamos a comer, charlamos, nos contamos, reímos…

Admiro a esa preciosa chiquilla de hija que tiene y corroboro lo que decía siempre mi madre.

“La clase es algo que parece complicado y no, es sencillo pero se tiene ó no se tiene” Y esta criatura respira clase. Las fotos no le hacen ninguna justicia, es mucho más guapa en persona.

Seguimos charlando, planeando pero sobre todo riendo.

Al rato Sara dice que se tiene que ir a trabajar, que ahí nos deja a las dos.

En ese momento Yeste y Dolega se cogen del brazo como esas amigas eternas que se apuntalan una a la otra con la cercanía y es cuando empieza el verdadero encuentro.

prado-de-san-sebastian

Foto tomada de:
http://www.panoramio.com/photo/5570186

Sentadas en un banco en el Prado de San Sebastián y al rumor de la fuente la tarde es testigo de un encuentro muy especial entre dos amigas. Hay un hilo dorado que une a ciertas personas y cuando eso ocurre es realmente maravilloso y yo siento que soy amiga de Yeste desde hace siglos.

El final de la tarde nos vuelve a la realidad con los conceptos “enfrente”, “diagonal”, “glorieta”…

Se monta en el autobús, yo agito la mano y le lanzo un beso. Pocas veces en mi vida, un viaje ha merecido tanto la pena.

¿Y por qué no hay fotos? Porque se me olvidó la cámara en el Hotel.

¿Y por qué se me olvidó la cámara en el hotel? Porque estaba nerviosa.

¿Y por qué estaba nerviosa? Porque tenía miedo de que la cosa no fuera bien con alguien muy especial para mí.


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