Y así fue que se fundó la República del Caibil. Todo funcionaba a pedir de boca para los dueños del Caibil y eso les encantaba porque les permitía sepultar las esperanzas de una población a la que ni le daban es estatus de personas. Eran felices en una opulencia criminal sostenida por herramientas que aunque parezca difícil de creer eran muy efectivas: la violencia, el terror y el despojo. Sazonaban ese caldo con demagogia y mentira y añadían enormes cantidades de virus que hacían creer a la gente en mundos oníricos que flotaban en las nubes.
(Crosby)
