
Cuando llegan las vacaciones, yo desaparezco. No es nada personal, es algo así como un mecanismo de defensa.
Se rompen las rutinas, los días se desordenan, el reloj deja de tener sentido y el blog pasa a un segundo (o tercer, o cuarto) plano. Pero tranquilos, que como todo en esta vida, las vacaciones se acaban y yo vuelvo a mi estado natural: la rutina. Así que aquí estamos, retomando el blog después del parón navideño, haciendo un pequeño repaso de lo que han dado de sí estas semanas. Empiezo por Cangrejito, que estas navidades ha recibido un arsenal de cosas para montar, desmontar, experimentar y, en general, poner a prueba las leyes básicas de la física… y mi paciencia. El famoso set de robots solares sigue intacto. Ni uno montado. Supongo que no es falta de ganas, sino acumulación de faena, porque este año los Reyes (y compañía) han venido fuertes. Han caído tres libros de Policán, que siempre es buena señal. También un juego de ciencia magnética para construir un tren de levitación magnética y hacer otros ocho experimentos más, que suena espectacular incluso leído en voz alta.A eso se suma otro kit sobre la ciencia de los circuitos eléctricos, para explorar el mundo de la electricidad mientras te diviertes haciendo experimentos, creando maquetas y jugando. Todo muy inocente hasta que empiecen a sobrar tornillos. Y por si no fuera suficiente, una maqueta de madera inspirada en una rueda hidráulica: un puzzle 3D con engranajes, bolas que recorren caminos imposibles y pilas que no vienen incluidas, porque la vida es así, aunque también lleva una pequeña placa solar. El plan es montar, observar cómo todo se mueve y sentirnos un poco ingenieros del siglo XIX.Por otro lado, antes de Navidad os dejé con el spam de mi libro, y tengo que decir que estoy contento. Muy contento. Se agotó en las librerías y tocó reponer, así que estas fiestas han sido, literariamente hablando, un poco apocalípticas para unas cuantas personas en esta ciudad. En Amazon la cosa va por otro camino, pero no nos pongamos exquisitos. ¿Y mis regalos? Por si alguno se lo pregunta, son fáciles de adivinar. Discos. Dos de jazz, como mandan los cánones, y La flauta mágica, que sigue siendo mi ópera favorita y a la que siempre vuelvo, como a las buenas rutinas. Ahora toca ponerse al día, reengancharse a los horarios, a escribir, a barrer migas mentales y a aceptar que enero siempre cuesta un poco. No podía dejar pasar más tiempo sin pasar por aquí y, aunque llegue con retraso, aprovecho para desearos un feliz 2026. Creo que no me dejo nada. Si me dejo algo, saldrá en la próxima entrada. Como siempre.