La denominada Reforma Laboral es una reforma conservadora, escribe Alfredo Grande. Más bien, aclara, es una restauración patronal. Es por eso que plantea que utilizar el lenguaje del enemigo es peligroso. Y en ese camino no hay inocentes y sobra el silencio: a esta altura, la CGT es una patronal más.Por Alfredo Grande Lenin decía que, salvo el poder, todo es ilusión. Yo agrego “y alucinación”. Definida como “percepción sin objeto”. Lo digital facilita demasiado la alucinación. Más que facilitarla, diría que la genera. Hasta hace poco, se insistía con que el lenguaje era performativo. Goebbels ya lo sabía, por eso estaba seguro de que, aunque se mintiera, algo quedaría.
Hoy pienso que ese algo es la alucinación. La madrastra patria dijo hasta el hartazgo que Colón descubrió América. Llamando descubrimiento lo que fue un genocidio. Es necesario aclarar que la denominada Reforma Laboral es una reforma conservadora. Pero pienso que no es suficiente.En realidad, es una Restauración Patronal. La restauración es volver hacia un estado anterior. O sea, lo opuesto a reformar. Pero no casualmente el enemigo usa la palabra Reformar. Que tiene un aire a mejorar, a cambiar para bien. El primer paso para cualquier intento de enfrentar al engendro, es nominarlo de otra manera. Luchar contra la reforma laboral, decir que no hay que pagar la deuda externa, sin nominarla de otra forma, es peligroso. Por eso digo que la democracia (esta democracia, la que tenemos) es la continuación de la dictadura por otros medios. Parafraseando la célebre frase del general Von Clausewitz.
Foucault invirtió la fórmula y estableció que la política es la continuación de la guerra. A esa continuidad yo la llamo Tregua, incluida la tregua democrática. Operación Desarme, equivalente a la Operación Masacre magistralmente descripta por Rodolfo Walsh.
La democracia como Operación Desarme incluye la Restauración Patronal.
El empresariado especialmente trasnacional, es la nueva aristocracia. Y la vieja también. Habrá que transitar nuevamente los caminos de la Revolución Francesa y darle más bola a los jacobinos.



Pero la Revolución sigue siendo un sueño eterno. Lo enseñó Andrés Rivera y creo haberlo aprendido.
Alfredo Grande

