
La superexposición que vivimos a que alguien nos grabe en tiktok diciendo a saber qué tontería, un amigo relate una anécdota nuestra o a cualquier otra cosa que atente contra nuestra intimidad, fue lo que me llevó a este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, La señora March.
La Sra. March lleva una vida estupenda en el Upper East Side junto a su marido, un conocido novelista cuyo último libro se ha convertido en un fenómeno de ventas. Un día, la Sra. March entra en la pastelería que frecuenta y la dependienta la felicita ya que, según le dice, esta vez el éxito de George también es suyo. A fin de cuentas escribe sobre ella.
Bien, ya lo dice la famosa frase: enamora a un escritor y te hará inmortal. El problema en este caso es que la supuesta Sra. March de la novela de George, Johanna, es un mal bicho, una mala puta. Y eso en los años 50 o 60 en un buen barrio de USA y con un grupo que se fija en las apariencias tanto como lo hace la Sra. March, es prácticamente una hecatombe. A partir de ese momento la Sra. March se agrieta, se fractura, y deja ver una pulsión debajo de su perfecta apariencia que hace que el lector se sienta atraído por una historia en la que empezamos a buscar a Johanna realmente dentro de la Sra. March, cuyo nombre permanece oculto como si la repetición de su cargo nos diera la pista de una revelación sobre lo poco que se la llega a conocer. El lector se ve arrastrado de forma imparable por la paranoia de esta mujer que se derrumba entre el miedo a ser y la ilusión de convertirse pero, sobre todo, es el juicio ajeno lo que parece aterrorizarla cuando es ella quien lo ha estado practicando. La Sra. March vive en un mundo controlado en el que todo es apariencia y todo se mide, no solo eso, si algo se le acerca, por ejemplo unos guantes que no son del color que ella hubiera elegido, rápidamente se ubica como un piropo sobre la seguridad en sí misma que tiene para usarlos. Y ese es el mundo que Feito dibuja con tiralíneas y en el que introduce una variación que hace que su protagonista cambie mientras lucha por su identidad: la Sra. March encuentra un recorte sobre una desaparición que teme esté vinculada a su esposo. Este es el segundo punto de ruptura que se convierte en un nuevo motor y a la vez en una ventana para que el lector observe como todo va cayendo mientras se dirige a un final que, sin ser particularmente sorprendente, sí que es impactante.
Otro de los puntos fuertes de la historia es la forma en que la autora ha elegido contarla. Con un cierto tono pasado de moda, con un fino humor negro que recuerda a aquellas películas como Arsénico por compasión en las que la muerte o lo terrible parecían sacar una sonrisa y con una innegable influencia, gracias a esa ama de llaves que nosotros si que vemos reflejada en cualquier otra que sea siniestra, de Daphne Du Marie.
Como iba diciendo, vivimos unos tiempos en los que la intimidad es un bien preciado, casi un tesoro. Y Virginia Feito lo sabe y juega con miedos presentes llevándolos a tiempos pretéritos para dejar una estupenda novela. La señora March es muy divertido. Y siniestro. Léanlo.
Dicen que es más difícil reír que llorar con un libro, ¿qué opináis?
Gracias.
