Cuando el caudillo musulmán Tarik desembarcó en España, en el año 711, el obispo cristiano de Sevilla se le unió y lo acompañó a conquistar el país.
Este hecho lo recuerda ahora José Antonio de Taboada, autor del libro “Religión para Ana y Laura”, como prueba de que en distintas épocas hubo alianzas históricas entre responsables de ambas religiones: altos representantes de las dos creencias presionan para que no se apruebe un documento sobre fundamentalismo y mujer que elaboró el Parlamento Europeo.
“Coinciden siempre en combatir la dignificación de la mujer”, afirma Taboada, cuyo libro es una historia crítica de las religiones escrito para sus hijas adolescentes. Está editado por Foca-Akal.
El Parlamento ha lamentado que esas injerencias, basadas en dogmas y sharias, fueran apoyadas por los Partidos Populares, incluido el español, y que “trataran de limitar los derechos humanos y las libertades fundamentales en el ámbito sexual y reproductor, y que provocan discriminación”.
El islamismo puede dictar la terrible lapidación de mujeres adúlteras, encerrarlas bajo la cárcel del burka, maltratarlas a voluntad del hombre de la casa, la ablación de clítoris o a cualquier otra horrible sevicia.
Pero en nuestro primer mundo el Vaticano todavía pide la cárcel para las mujeres que aborten, les prohíbe el control de la natalidad, el divorcio, o ejercer altas responsabilidades religiosas.
La mujer católica siempre será inferior al hombre, en contra de la legislación comunitaria, y “siempre que en Europa se propone la igualdad, el Vaticano y los islamistas se unirán para combatirla”, insiste Taboada.
