Y es obligación de los pequeños, valientes como jabatos, plantar cara en la intromisión de sus juegos, plantarse con pie firme en el arenero y negarse a hincar el diente en las viandas.
Y una madre bien aleccionada, con la sabiduría que da el instinto, dirá, como generaciones y generaciones de féminas antes que ella:
- ¡Pues cómete lo de dentro!
