
Capítulo ICarrieDenso y asfixiante humo entra por mis fosas nasales, el aire está cargado con olor a gasolina y hace muchísimo calor. No sé lo que está pasando, pero me siento mareada y nauseabunda. Aprieto mis ojos con fuerza, intentando inútilmente de despejar mi mente. Me esfuerzo por recordar lo que sucedió, pero mi cabeza duele como el infierno. Súbitamente soy consciente de un dolor en mi pierna derecha. Algo me está aplastando la pierna. Literalmente me están haciendo tortilla.
Abro los ojos de golpe y tras unos segundos de insistente parpadeo, mi visión se aclara. Es entonces que soy plenamente consciente de mi alrededor, del metal retorcido que prensa mi pierna, del filo de sangre escurriendo desde mi cabeza, las bocanadas de humo que salen del capo de nuestro auto, del cuerpo inerte de mi padre sobre el volante, los llantos de mi hermano menor… El oxígeno comienza a faltar en mi sistema, pero no puedo respirar. Mi pecho sube y baja de manera irregular. Inhalo profundamente, lo más que me es posible, pero escupo el aire. Apesta a humo y gasolina, es caliente y abrumador. Mis ojos se llenan de lágrimas y mi pecho se oprime. ¡Lo que daría por un poco de aire fresco!—¿Carrie?Escucho la voz de mi madre. Suena baja y entrecortada, pareciera que algo le está oprimiendo el pecho.—¿Carrie, estás despierta? Me da la impresión que no es la primera vez que me pregunta lo mismo.Abro la boca para responder, pero me sorprendo al no poder encontrar mi voz. Es como si mi voz hubiera sida atrapada en mi pecho. Las palabras se quedan en mi garganta, ahogándome lentamente. Siento una lágrima resbalar por mi mejilla antes de escuchar el exasperante sonido de mi reloj despertador.Respiro ansiosamente el aire a mi alrededor al mismo tiempo que abro los ojos y me siento de golpe. Estoy bañada en sudor y mi respiración es irregular, mi corazón está palpitando duramente contra mi pecho adolorido que lucha por guardar las lágrimas saladas que insisten en salir. Justo en el momento que estoy trabajando en mi respiración, la puerta de mi habitación se abre y mi hermano pequeño entra, gritando. —¡Feliz cumpleaños! —Salta en mi cama para abrazarme.Me obligo a ignorar la aguda punzada de dolor que se ha instalado en mi pecho. Pero no puedo hacer lo mismo con las lágrimas escurridizas que se precipitan a rodar por mis mejillas. Estoy llorando mientras abrazo fuertemente a mi hermano. Él es como mi refugio, mi salvación. —¿Estás bien? —pregunta, alejándose lo suficiente para verme.Kevin tiene apenas ocho años y es la luz de mis ojos. Su cabello negro azabache es herencia de mi padre, pero tiene la misma personalidad risueña de mi madre.—Estoy bien, corazón. —Le aseguro, acariciando su cabello.—Entonces, ¿por qué lloras?Sonrío. Su inocencia siempre será algo que admire de él.—A veces las personas lloran también de felicidad, Kevin —murmura mi padre.Doy un pequeño brinquito al escuchar su voz y repentinamente me siento culpable de no haber percibido su presencia antes. Mis ojos buscan los suyos mientras intento sonreírle, pero fracaso terriblemente. Ese par de ocres color miel me dicen que él sabe porque lloro, que él también lo ha hecho durante estas fechas por los últimos años. No lo culpo. Él y yo recordamos el accidente como si hubiese sido ayer. La culpa y el dolor están grabados en nuestras memorias por el resto de nuestras vidas.Mi hermano ha empezado a decir algo sobre un pastel que espera por mí en la cocina, pero realmente no me siento muy entusiasmada con la idea. Justamente hoy se cumplen siete años desde que ella nos dejó. Y justamente hoy es mi decimoctavo cumpleaños.—Será mejor que dejemos que tu hermana se aliste para la escuela.Papá comienza a arrastrar a Kevin fuera de mis brazos, pero él se aferra a mí con fuerza.—Ve a cambiarte tú también —le digo, despeinando su cabello—. Bajaré a comer pastel en un momento.Hago mi mejor esfuerzo por impregnar mi voz con felicidad y entusiasmo. Dibujo una gran sonrisa en mi rostro y hasta dejo salir una risita de entre mis labios. Eso parece hacerle feliz y me suelta para ir a su propia habitación y alistarse. Papá me da una ligera inclinación de cabeza a modo de felicitación y cierra la puerta detrás de él.Tan pronto como me encuentro sola en mi santuario, dejo caer mi faceta de la chica del cumpleaños. Ya habrá tiempo para usarla durante el día. Me apresuro a salir de la cama y elijo mi atuendo antes de entrar a la ducha. Un par de jeans y una blusa blanca de seda son más que suficientes para mí. El agua fría actúa como un remedio para mí y me permito llorar un poco bajo el chorro del agua. Nunca he llorado realmente la pérdida de mi madre porque tengo que ser fuerte ante mi hermano menor y mi padre; tengo la sensación que si me rompo, ellos lo harán también. —Luces cansado —le digo a mi padre cuando entro a la cocina.—He tenido una semana bastante pesada.—Deberías considerar pedir tus vacaciones ahora. —Sugiero—. Tal vez podamos salir un fin de semana o qué sé yo.Me encojo de hombros mientras paso a su lado para coger una tostada. Después de llorar siempre quedo con un apetito tremendo que casi soy capaz de devorarme una vaca yo sola. Vale, tal vez sea exageración, pero de verdad que muero de hambre en este preciso momento.—¿Recibiste la carta?Me quedo quieta un segundo. Mi cerebro intenta procesar lo que ha salido de entre los labios de mi padre y casi puedo imaginar a la pequeña rata corriendo en mi cabeza para hacerla funcionar. Por supuesto que sé a qué carta se refiere. Es esa jodida carta que he estado esperando desde la semana pasada.—No. —Y logro mantener mi voz tan indiferente que de verdad llego a creer que no me importa lo que pueda decir la carta esta vez.Kevin baja las escaleras en ese momento y el asunto de la carta sale rápidamente de mi cabeza. Él y papá cantan feliz cumpleaños para mí, me hacen soplar una velita que está encendida en el centro de mi pastel de chocolate y a darle una mordida. Salgo de casa con el tiempo suficiente para llegar a la universidad. La música que siempre me ha relajado acompaña mi tranquilo traslado hasta mi alma mater. Intento con todas mis fuerzas no pensar en mi madre, pero es algo que me cuesta muchísimo trabajo. Afortunadamente cuando creo que no puedo mantener las lágrimas a raya, estoy doblando a mi derecha para entrar al estacionamiento de mi universidad. Es hora de ser la chica sonriente de siempre. Es hora de comportarse como la chica del cumpleaños y aparentar que todo en mi vida es de color rosa… Como si eso fuera posible.
El pasillo está lleno de personas que me saludan y me dedican sonrisas amistosas. Muchos creen conocerme, pero realmente sólo un puñado sabe quién es Carrie Sullivan. A mi padre siempre le ha gustado que me relacione con las personas que están a mi alrededor y que asuma el mando de las situaciones cuando algo va mal, justo como él lo hace; razón por la cual soy la presidenta del cuerpo estudiantil. También formo parte del club de teatro, aunque a papá no le guste tanto que participe en este tipo de actividades, es algo que realmente me gusta. Estudio Negocios Internacionales para complacerlo a él y para tomar el mando de Charles & Co. algún día. Me gusta mi carrera, pero si hubiese dependido totalmente de mí, habría elegido algo relacionado con las artes escénicas. Mientras me dirijo a mi clase de administración, Richard se acerca a mí. Es un chico simpático y realmente agradable que trabaja como becario en la oficina de la profesora Melrose.—Hola, Carrie.Él cree que no sé que se siente secretamente atraído hacia mí. —Hol… —antes de que pronuncie la última letra, tiende un sobre color beige que casi me deja sin respiración. Tiene el sello de la universidad—. ¿Para mí? Sé que mi pregunta fue estúpida, pero no pude evitar hacerla. —Quise dártela personalmente.Estoy relativamente cerca de atragantarme con mis palabras. Mi respiración se vuelve irregular, escucho un exasperante pitido en mis oídos y mis manos comienzan a temblar con extrema fuerza.—Oye, tranquila.—No sabes lo que significa esto para mí. —Le riño—. Tú no has estado esperado esta carta en los últimos tres semestres. Repentinamente me siento cabreada. Él no sabe lo que esta carta puede significar para mí y sin embargo aquí está, diciéndome que me tranquilice. Seguramente para él esto no es más que una simple carta de aceptación o rechazo.—Tengo que irme —murmuro precipitadamente. No puedo quedarme con él, necesito estar ir con Stefan y Nicole para poder abrir el sobre.Camino deprisa hacia mi salón de clases mientras escribo un rápido mensaje de texto para Stefan. Con suerte podrá reunirse conmigo en la cafetería durante la siguiente hora. Meto la carta dentro de mi bolso y siento como si estuviese cargando una loza de cemento; mi bolso pesa demasiado ante mi angustia de necesitar saber qué dice la carta. Necesito abrirla, pero no puedo abrirla si estoy sola. Voy a necesitar a mi mejor amiga y a mi novio.Cuando llego al salón de clases, la profesora ya está allí, pero no me presta demasiada atención cuando atravieso silenciosamente el umbral y camino hacia mi lugar habitual. Tan pronto como me deslizo en el asiento conjunto al de Nicole, lo más tranquilamente que me es posible, la siento tensarse. Ella me mira y en sus grandes ojos color avellana, logro identificar una pregunta muda.Solo la miro, ansiosa y suplicante. Mi móvil vibra entre mis manos y la profesora pide que apaguemos los celulares durante su clase, pero da el aviso mirándome directamente a mí. Apago el móvil sin leer si quiera el mensaje de texto que Stefan me mandó. Me reclino en mi asiento y saco el pesado y aburrido libro de administración y justo cuando estoy tratando de adivinar el número de página en la que se supone que debemos estar, una notita de Nicole me distrae.
“¿Qué te pasa? Pareces tensa y ansiosa al mismo tiempo”.Ha escrito con esa diminuta y redondeada letra suya. Rápidamente tomo mi lápiz y garabateo una respuesta. “Richard me abordó en el pasillo y me entregó una carta sellada por la universidad. Tengo miedo de abrirla”.Nicole la lee deprisa y pronto tengo una contestación en mi banco.“¿Crees que te hayan rechazado nuevamente?”Eso me pone triste inmediatamente. No quiero que me rechacen por cuarta vez en mi vida universitaria, necesito que esta carta sea de aceptación. “No lo sé, pero voy a abrirla frente a ti y Stefan la siguiente hora. Le mandé un texto”.Nicole lee la nota y rápidamente la guarda al ver que la profesora se aproxima a nuestros lugares. Ella nos mira despectivamente a cada una de nosotras y luego continúa su paso mientras habla sobre el FODA. La siguiente hora pasa lentamente. Y con cada segundo que pasa, siento que la carta va cobrando vida propia, casi la siento palpitar y la escucho gritar. Es ridículo, lo sé, pero realmente estoy nerviosa. Finalmente el final de la clase llega y casi salto fuera de mi lugar cuando la campana suena. Tomo a Nicole del brazo y la arrastro fuera del salón incluso antes de que la profesora salga.—¿Llevan prisa? —pregunta.—Sí. Mucha —respondo.Afuera nos espera Stefan. Tiene el móvil apretado entre los dedos y el ceño fruncido, cuando me ve, parece relajarse un poco pero aun así no se ve totalmente bien. —¿Pasó algo? —pregunta.Me siento como una estúpida por preocuparlo. Tal vez Richard tenga razón y esto no sea más que una carta, pero para mí es la carta y significa muchísimo. No sé qué contestar, así que le muestro el sobre, todavía sellado.—¿Es…? —Asiento lentamente con la cabeza. He comenzado a temblar otra vez—. Bueno, creo que todo irá bien. Ábrela, Carrie.Suspiro. Sé que debo abrirla y también sé que dentro de mí, quiero hacerlo, pero un hilo invisible me lo impide. No puedo simplemente halar una esquina del sobre y abrirlo. No puedo.—Adelante, cariño —me anima Nicole.Suspiro, otra vez. Bien, tengo que hacerlo.Entre dedos temblorosos, rasgo un pedazo del sobre y del interior saco una fina hoja membretada. Las letras son de un negro oscuro, que ridículamente hacen que mi corazón se presipite más. Estoy contemplando las letras pero soy incapaz de unirlas para formar palabras.—¿Y bien? —presiona Stefan.Poco a poco toda esa sopa de letras va tomando su camino y soy capaz de leer algunas palabras, hasta que me topo con esa palabra. Aceptada.Aceptada.Mierda. Aceptada.
Mi solicitud para ir de intercambio a Madrid ha sido aceptada.
