De repente mamá se giró hacia mí y me ordenó ir a comprar algo de comida a la tienda al otro lado del río, la única que estaba abierta un día como hoy. Yo protesté. Estaba muy lejos y cogería frío. Además es una tienda muy concurrida y tendría que esperar demasiado tiempo. Aunque lo peor sería encontrarse a las vecinas cotillas que siempre quieren saber y nunca cuentan nada de su vida. Pero como no quería discutir con mamá, obedecí. Me abrigué lo más que pude y con valor salí a la calle.

En la tienda me encontré a la señorita Müller, mi profesora del año pasado. ¡Hacía tanto que no la veía! Insistió en acompañarme a casa y yo accedí encantada. ¡Es tan guapa y buena! Por el camino le estuve contando lo mucho que había mejorado ese año en matemáticas.
Se empezaba a divisar mi casa a lo lejos cuando vimos a unos hombres sacando a la fuerza a mi familia de casa. También al vecino del tercero. Y a más gente que no conseguía distinguir. Quise correr y gritar, pero la señorita Müller me cogió, me tapó la boca y nos escondimos en un callejón.
Esperamos más de una hora ahí. Yo lloraba. No sabía muy bien qué había pasado. Fuimos a mi casa y todo estaba revuelto: papeles en el suelo, muebles rotos e incluso alguna mancha de sangre. Lloré más fuerte. Llamé a mamá sin esperanza de que contestara. ¿Dónde estaban? ¿Por qué se los habían llevado? ¿Qué iba a ser de mí?
Más calmada, la señorita Müller me dijo que cogiera mis cosas y que fuera a su casa. Ahí estaría a salvo. Ella cuidaría de mí.
Era el invierno de 1941 cuando mi familia desapareció y nunca más volví a verlos. Al final de la guerra, me enteré que los habían llevado a un campo de concentración y que ahí habían muerto.
Hoy, las aceras de Alemania recuerdan la última vez que vieron a miles de personas deportadas a campos de concentración durante el régimen nazi. Al lado de sus antiguas casas, a la puerta de iglesias o de la universidad hay unas pequeñas placas conmemorativas con el nombre de los desaparecidos.
NOTA: La historia es inventada. Me inspiré en la foto de este post para escribirla, pensando en qué podría haber pasado a los nombres que aparecía en una acera de Colonia. Es inventada, pero pudo haber sido cierta.
