Revista Opinión

La verdad mal entendida

Publicado el 13 enero 2026 por Manuelsegura @manuelsegura
La verdad mal entendida

Es más que probable que genios como Picasso, Neruda o Salinger no salieran ilesos, hoy, a poco que buceáramos en su relación con las mujeres. Habrá quien alegue que se trataba de otro tiempo, aquel en el que determinados comportamientos eran vistos por aquella sociedad con relativa normalidad.

No deja de asombrar que sea bastante la gente que se ha visto sorprendida, ahora, por las denuncias de dos antiguas empleadas del cantante Julio Iglesias. Dejando patente el principio de la presunción de inocencia, el artista español no sería el primero, ni el último, que tuviera una actuación alejada de lo que hoy consideramos procedente.

Hay personas a las que fagocita el personaje. Y Julio, basta con leer las completas biografías -que no hagiografías, especialmente la primera, como otras- que sobre él publicaron en 2022 el sociólogo Hans Laguna y en 2025 el periodista Ignacio Peyró; ambas son un claro ejemplo, como antes lo fueron los casos de otros grandes de la música: Michael Jackson o Plácido Domingo. Gente que, a fuerza de tenerlo todo, son incapaces de aceptar en sus vidas un ‘no’ por respuesta.

Lo que han relatado las exempleadas de Julio Iglesias es la crónica de una muerte anunciada en lo que a la imagen pública de un artista universal se refiere. Alguien que, sin cuestionar su impresionante carrera y su éxito arrollador, ha sido capaz de construir un personaje que, a decir de algunos que estuvieron cerca de él en determinadas etapas profesionales, no deja de tener sus aristas.

Un exponente fue Alfredo Fraile, su mánager en los comienzos, quien se llevó a la tumba muchos de los secretos inéditos del personaje. O el colombiano Fernán Martínez, que fue su jefe de prensa durante años y que últimamente ha ido desgranando determinados detalles sobre la ejecutoria del cantante.

Uno puede imaginar la rutina diaria de una personalidad como Iglesias, encerrada en una especie de búnker caribeño, rodeada de asistentes cuya única misión es hacerle la vida más fácil. Lo narrado por estas dos mujeres, con sueldos de 350 euros al mes y jornadas de trabajo extenuantes, no parece ser una invención de quien busca notoriedad y dividendos a cualquier precio. Como requisitos para acceder al puesto de trabajo que ostentaban, se les pedían fotos variadas, franja de edad hasta los 35 años o análisis sobre posibles enfermedades de tipo sexual. Como alguien apuntó en el pasado, no hay mayor mentira que la verdad mal entendida. Y en todo esto, convendrán conmigo, existían circunstancias bastante predecibles.


Volver a la Portada de Logo Paperblog