
"Fuerza operativa Calidad de Vida: cuatro sudaderas en un taxi falso apostado en la esquina de Clinton Street, junto a la rampa de salida del puente de Williamsburg. Su cometido: determinar el perfil de la ruta del salmón entrante; su mantra: droga, armas, horas extra; su lema: todo el mundo tiene algo que perder."
La idea, entre tanta novela negra en el mercado, de encontrarme con una que apostara por un realismo casi total, me parecía sumamente atractiva. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La vida fácil.
Conocemos a Eric Cash, encargado de un restaurante, mientras regresa a casa una noche junto a Ike Marcus, el barman. Es la noche en la que matan a Ike. Erik declarará ante la policía que aparecieron dos chicos, pero su declaración no parece convencer a la policía que tendrá que investigar el homicidio.
Hay que empezar diciéndolo: Richard Price es guionista de la serie The Wire. Y hay que decirlo de entrada porque la novela tiene todo lo que se le supone al guionista de esa magnífica serie: realismo, calles, personas de verdad, diálogos endiablados, investigación, miserias personales, policías... Todo, absolutamente todo. Así que si os gusta la serie no hace falta que sigáis leyendo.
La vida fácil comienza con un asesinato y con la presentación de sus personajes. A partir de ahí el autor se decanta por diseccionar ese asesinato, no sólo en su resolución, sino también en la medida que afecta a todos los implicados y sus círculos. De este modo la novela se apoya en un realismo que es casi tangible a medida que vamos avanzando. El ritmo ante una novela que trata básicamente de la investigación policial, trabas incluidas, lo otorgan los diálogos. Y es que Price es brillante en los diálogos, esa parte tan complicada de los libros en la que nos encontramos con personajes que no cambian de voz entre ellos o niños adultos, Price la borda. De hecho tiene un interrogatorio que si os dijera que supera las cuarenta páginas, seguro que os asustaba, pero en realidad sólo por esa parte ya merece la pena echarle un vistazo a esta novela.
Entramos en el Lower East Side, conocemos sus calles, su ambiente y acompañamos por sus calles a los policías Matty y Yolonda, pero también conoceremos el impacto general. Y si comienzo hablando del barrio en el que se produce, es porque llega un momento en el que, incluso en una novela cargada de diálogos, el barrio se convierte en un personaje más, un personaje multirracial, con diferencias y presiones que a veces hacen saltar a sus habitantes, que habla precisamente por la boca de ellos. Hablar, una vez más la palabra mágica en este novela. Descubrir cómo les afecta, sus reacciones en un interrogatorio, las presiones de la policía, las contradicciones, la trampa. Conocer a Yolonda, un personaje redondo en muchos sentidos. Partir, en definitiva, de la declaración de un testigo que hace aguas porque, para empezar, se contradice con la de otros dos, e ir tirando del hilo hasta descubrir qué pasó.
¿La pega? Porque siempre parece haber una pega, esto es así. En este caso la pega es la ausencia del malo carismático que tira de la novela. Pero claro, Price no quiere hacer una novela de ficción que lleve la etiqueta "trepidante", él prefiere optar por el realismo. Y en la vida, suceden estas cosas con los malos.
El resultado, aunque digan que al autor le fastidia ser reconocido permanentemente como guionista de la serie, es una novela perfecta para los amantes de la misma. Una buena novela, como también lo fue Los impunes, que no puedo dejar de recomendaros.
Y vosotros, ¿en una novela negra preferías la espectacularidad o el realismo?
Gracias.
