«Era un pensamiento raro, pero a poco más de diez kilómetros al norte, al otro lado de la bahía, estaba Sausalito, donde Stevie y el resto de Fleetwood Mac grabaron Rumours en 1976, y al este, a unos veinte kilómetros, estaba Berkeley, donde ese mismo año vivíamos mi padre, mi madre y yo, en un pequeño estudio pegado a la avenida College, mientras mi padre terminaba su tesis y solicitaba su primer puesto como profesor titular. Era allí donde Alison, Finn y yo vivíamos ahora, aunque temporalmente, y donde nos habíamos labrado una vida como familia. En cierto sentido, parecía que en mi vida todo regresaba siempre a ese lugar, a esos 25 o 50 km cuadrados, y sin embargo, en cuestión de semanas, nos iríamos, nos iríamos para siempre»
La vida imaginada del norteamericano Andrew Porter, nacido en Lancaster (Pensilvania) hace 51 años, me ha parecido una interesante novela, aunque en mi opinión algo extensa. Según la leía reconocía en ella (o eso me ha parecido a mí) el típico estilo de la actual narrativa norteamericana. La verdad es que no sabría cómo describir esto, cómo traducir en palabras la positiva sensación que me transmite la lectura de la prosa de autores como Johnatan Franzen, como Colson Whitehead, como James Salter, como Richard Ford, incluso como Philip Roth y tantos otros cuyas obras me atraen por demás. Hay en ellas naturalidad, fluidez, aparente facilidad y mucha profundidad a la que el lector accede como sin querer. Y eso, a mí me lo parece, es magnífico. En la trama de La vida imaginada de Andrew Porter, al igual que en creaciones de muchos novelistas norteamericanos actuales como los antes citados, es muy relevante el papel dado a la música pop contemporánea, especialmente la de los años 70 y 80 del siglo pasado, la que escuchaban los jóvenes y adolescentes en esos años. Es en la sociedad burguesa norteamericana del bienestar, concretamente la conformada en torno a las universidades, donde la acción de esta novela se desarrolla. El narrador protagonista de la historia es Steven Mills, un hombre que está en la cincuentena. Steve lleva 40 años sin saber nada de su padre, quien abandonó a su mujer e hijo sin previo aviso. Tenía por entonces el narrador doce años y sentía por su padre veneración absoluta. Steven se dedica a la literatura y la escritura creativa como su padre. Este, que nunca aparece citado por su nombre, era un popular profesor de Literatura en la universidad de Saint Agnes que luchaba por conseguir plaza de profesor titular en la misma. ¿Qué pasó el curso que Steven recuerda de fiestas en casa, ese año en que la afición a la bebida de su padre se desató sin medida, en que éste y sus amigos pareció que desconectaron de la realidad, en que la madre, Mava la denomina el padre en un momento dado, de Steven sufríó en silencio como nunca? El narrador está pasando por un período de problemas en casa con su mujer Alison y con Finn, el hijo de ambos. Por indicación de su terapeuta, Steven decide visitar a amigos y familiares de su padre para así intentar conocer los motivos que llevaron a éste a desaparecer. Y es que Steve carga desde el momento de la desaprición del padre en 1984 con una mochila que contiene un enorme peso de culpa y el deseo de no parecerse a él, de no ser como él, de no padecer los problemas que él padeció y el daño que ocasionó a su mujer e hijo.
¿Quién es esta segunda persona a la que en frases como las anteriores se dirige el narrador? A lo largo de mi lectura esta pregunta no me abandonaba en ningún momento. Poco a poco descubrí que efectivamente la novela es el resultado del ejercicio que el terapeuta al que Steve acude le ha recomendado. Es el mejor medio para desprenderse de la pesada carga que durante los últimos cuarenta años ha representado la figura del padre para él.
- «Ojalá pudiera decirte que mi padre me reconoció, que entendió quién era yo». (pág. 305)
- «Si te parece que esta parte de la historia está incompleta, que no está terminada, es porque así existe en mi cabeza, como una serie de fragmentos, de imágenes fijas, vagas.» (pág. 306)
La acción, al desarrollarse en un ambiente universitario, incide mucho en elementos culturales, si bien los mismos son los propios de la cultura pop. Cine y música son motivo frecuente de conversación entre personajes. La propia crisis que sufre el padre del narrador tiene mucho que ver con la amistad entre él y un joven profesor de su departamento en Saint Agnes, Deryck Evanson. Ambos disfrutan de su amistad construida sobre aficiones comunes: la música de los Fleetwood Mac, en especial de su disco 'Rumours'; y también su amplio conocimiento del Cine, especialmente del cine clásico del que el protagonista innominado de la novela gustaba: títulos como Encadenados de Alfred Hitchkock, El tercer hombre de Carol Reed, El sueño eterno de Hawks; actores como Humphrey Bogart, Edward G. Robinson o Raymond Burr; etc.
«Le atraía cualquier película con una femme fatale, un narrador de moralidad dudosa y una sensibilidad fatalista, y obviamente sentía especial predilección por las películas de Nicholas Ray y Fritz Lang y cualquiera interpretada por Robert Mitchum o Lauren Bacall» (en pág. 16)Y lógicamente al tratarse de una novela protagonizada por profesores de Literatura hay muchas referencias literarias en la obra. Steven Mills lee con mucho interés las anotaciones que su padre hiciera en su momento en libros que leía, cartas escritas a su esposa cuando novios o lo escrito en un diario personal. Fundamentales me han parecido las siguientes: una de Soren Kierkegaard («la vida se vive hacia delante, pero solo se entiende hacia atrás») que en el fondo es lo que está realizando el narrador: entender a su padre desaparecido, imaginar la vida que realmente vivió y la que él mismo con él podría haber vivido; otras, centrales en La vida imaginada pertenecen a Marcel Proust, autor sobre el que el profesor desaparecido estaba preparando un libro con el que optar a la titularidad de la plaza en la universidad de Saint Agnes. Todas las citas de Marcel Proust están tomadas de "En busca del tiempo perdido". De ellas destaco las tres siguientes:
Por último me parece muy destacable la figura del propio Steven Mills adolescente de doce años, ese momento vital en el que el niño empieza a dejar de serlo sin aún llegar a la adultez. Así vemos cómo Steven alberga dudas sobre su propia sexualidad debido a su inmensa amistad hacia su amigo Chau; vemos cómo comienza a flirtear con las drogas, a escuchar música, a sentirse atraido por las fiestas de chicas y chicos de pocos años más que él, a observar a su propio padre con ojos que ya no son infantiles sino muy críticos... En definitiva, observamos a un humano mutando, metamorfoseándose en adulto. Pero en esta metamorfosis no se ha visto debidamente acompañado por su padre y de ahí el trauma psicológico que arrastra e intenta curar o superar a través de la escritura. Las fichas del puzzle que conforman la novela transmiten datos sobre intrigas universitarias, envidias dentro del propio Departamento de Literatura, indubitable alcoholismo y consumo de drogas por parte de mayores y pequeños, amores y relaciones heterosexuales y homosexuales, ocultación y mostración de la condición sexual, adolescencia e indefinición sexual, enfermedad mental, condición femenina... Todo esto y más aparece en esta novela aparecida en USA en 2025 y publicada entre nosotros por la editorial 'Muñeca infinita'.
- «Los verdaderos paraísos son los paraísos que hemos perdido»
- «Sólo curamos el sufrimiento a condición de sufrirlo plenamente»
- «Para nosotros, las personas no mueren unmediatamente. sino que permanecen sumergidas en una suerte de aura que no guarda ninguna relación con la verdadera inmortalidad, pero gracias a la cual continúan ocupando nuestros pensamientos de manera idéntica a cuando estaban vivas. Es como si estuviesen de viaje en el extranjero.»

