
La lámpara se supone que simula a una abeja, aunque creo que el parecido es más bien remoto. En cualquier caso, no es fea, incluso sin encender, aunque sí la veo un poco de plastiquillo malo. Para encenderla y que se proyecten estrellas y lunas basta con tocar levemente en una de las estrellitas que tiene en el lomo. Con cada toque se iluminan de un color distinto o con una combinación de ellos.
El efecto es muy bonito, aunque debo decir que para mi tiene un inconveniente común a todas estas lámparas proyectoras y es que para que se vea bien la habitación tiene que estar muy oscura. Normalmente en casa no bajamos tanto las persianas por lo que no la veo para usarla para dormir al niño, por lo menos no de momento, pues tanto a él como a nosotros preferimos que entre algo de iluminación natural de la calle y si una vez dormido queremos subir la persiana, podría despertarse.
En cualquier caso, aunque el efecto es precioso, hoy por hoy mi hijo le hace más bien poco caso. Si le dejo la lámpara cerca, lo que hace es comérsela, pero el efecto luminoso, para él, pasa bastante desapercibido. Es normal, es un bebé pequeño y estas cosas, salvo que se muevan o tengan musiquita no le llaman demasiado la atención.
Eso sí, estoy segura de que cuando sea algo mayor le gustará mucho porque, insisto, el efecto que produce en la habitación es bonito y relajante. La guardaré para más adelante y así tendrá un juguetito nuevo que estrenar.
Muchas gracias, Pabobo, por darme a probar este producto.
