Revista Economía

Lampedusa.

Publicado el 11 octubre 2013 por Torrens

La inmensa tragedia de Lampedusa es difícil de digerir, y a la hora de repartir las muchas responsabilidades la digestión todavía se hace más difícil.

La tragedia es una nueva demostración de que la U.E., a pesar de sus excelentes equipos técnicos es un absoluto desastre de gestión que acaba funcionando a medio camino entre el pelotón de los torpes y el sálvese quien pueda. No tiene ningún sentido que España e Italia tengan que enfrentarse solas al grave problema de la inmigración africana, sin que el resto de la U.E. haya colaborado más que mínimamente, y no exista una política común para enfrentarse al problema, probablemente porque los países que no lo padecen directamente piensan que de esta forma evitan el tenerse que implicar en su solución a pesar de que muchos de los africanos que arriesgan la vida al atravesar el Mediterráneo tienen como objetivo alguno de los países no implicados. Ahora todos están de acuerdo en que el problema se ha de solucionar, y hacen maravillosos discursos llenos de frases grandilocuentes, pero no creo que lo vayan a solucionar ni tan solo en un plazo excesivamente largo.

Por cierto, me ha parecido mal que nuestro querido gobierno se haya puesto de ejemplo en lo referente al control de la inmigración porque en los últimos años ha descendido sensiblemente el número de inmigrantes ilegales. Si hubiese ocurrido al revés ahora estarían poniendo el grito en el cielo, porque los que se juegan la vida son africanos pero no idiotas, y aunque en Gibraltar la distancia sea mucho más corta que desde Túnez a Lampedusa, la navegación por el estrecho es muy peligrosa ya que a las corrientes extrañas se añade el hecho que se trata de uno de los puntos de mayor tráfico marítimo de todo el mundo, el control en una zona tan corta y estrecha es más eficaz y si la patera se desplaza pocas millas fuera de la zona del estrecho, para evitar el control o a causa de las corrientes, la distancia a navegar aumenta rápidamente hasta llegar a ser igual o superior a la que hay de Túnez a Lampedusa. Todo esto para acabar en un país con el 25% de paro donde para encontrar trabajo se ha de emigrar. Se entiende que se concentren en Lampedusa.

Lo que sigo sin entender es la forma que tienen de mortificarnos y de entender lo que ocurre en el mundo por parte de muchos periodistas, intelectuales y políticos europeos. Ya tuvimos un buen ejemplo de esta tontería hace una semana cuando todos estaban la mar de contentos porque en Irán el presidente Ahmadinejad ha sido sustituido por el “moderado”  Rouhani. Esto es lo mismo que decir que la picadura de una sola cobra es manos grave que la picadura de dos cobras, será menos grave, pero uno se muere igual. Ambos tienen como objetivo la implantación del Islam en todo el mundo por las buenas o por las malas, solo que a uno le gustaría poder hacerlo a lo bestia y el otro está dispuesto a concederse el tiempo que haga falta.

Con el tema de la inmigración ilegal también se hacen comentarios incongruentes. En demasiados casos se culpa casi en exclusiva a los países europeos u occidentales del problema. Aparte la inoperancia de la U.E. en lo que a inmigración, y a muchas otras cosas, se refiere, y en lo que si tienen razón, ¿Qué deberían hacer España e Italia?, ¿abrir las fronteras, como algún loco de atar ha insinuado?.

En mi opinión el problema tiene dos vertientes, una mafiosa y otra social, ambas entre extremadamente difícil e imposible solución. La vertiente mafiosa es muy difícil de solucionar porque los gobiernos de los países de donde parten las pateras ponen un esfuerzo escaso o nulo en la lucha contra las mafias, eso cuando sus altos cargos y funcionarios no participan en el negocio, y para romper esa situación los europeos deberían actuar con cierta contundencia contra unos y otros, que no están dispuestos a utilizar, entre otras razones para evitar que los mismos medios de comunicación que dan casi toda la culpa a Europa les tachen de neocolonialistas y nazis. La solución a la vertiente social del problema está en África, antes de embarcarse, pero se trata de una solución prácticamente imposible de alcanzar, porque se trataría de aportar ayuda financiera, técnica y educativa para que el propio desarrollo económico de la zona ya no obligase a sus habitantes a emigrar para sobrevivir, ayuda que en este momento está casi parada por culpa de la crisis, pero que siempre ha supuesto cifras muy importantes de inversión que ha tenido un impacto casi nulo en la mejora económica de África por varias razones.

En primer lugar la corrupción en África no es un problema sino un modo de vida. La corrupción ha hecho desaparecer la mayor parte de la ayuda externa a África. Siempre he dicho que los progresistas que exigen que aumente la ayuda al subdesarrollo ganarían muchísimo en eficacia si exigiesen que a sus destinatarios les llegase el monto total de la ayuda, rebajado solo en los razonables costes de manejo y transferencia, cuando en la actualidad a los proyectos de ayuda africanos no les llega ni el 10% de lo que sale de Europa.

La mayor parte de los países de origen de los inmigrantes ilegales no son pobres. Algunos incluso tienen riquezas considerables que bien explotadas y administradas serían más que suficientes para proporcionar una vida digna a todos sus habitantes. Pero en esos países las riquezas están concentradas en muy pocas manos que normalmente son las de sus gobernantes y allegados, lo sean por la fuerza o por las urnas. Una característica de muchos países africanos que a mí me costó captar y todavía no he entendido es que al pueblo llano ya le está bien la corrupción e incluso llegan a considerar razonable que sus gobernantes se lo roben casi todo, porque su sueño personal es alcanzar algún día una posición que les permita llenarse los bolsillos y ejercer poder absoluto.

A la corrupción se le añade otra razón que de alguna forma deriva de ella: el caos. Pero el caos africano, que quien no lo ha vivido en directo no se lo puede ni imaginar. Una forma de conocer el caos africano de manera instructiva y divertida es leer “El Antropólogo Inocente” de Nigel Barley, que ya va por su 21ª edición en castellano, que es una descripción, muy amena y comprensiva, de las maneras africanas por un antropólogo que después de algunos años de vida académica y muy británica, le conceden una beca para llevar a cabo una investigación sobre el terreno en Camerún y tiene un aterrizaje sumamente movido en Africa.

Parece ser que el buque hundido en Lampedusa se incendió porque unos pasajeros hicieron un fuego en cubierta que prendió en una de las muchas manchas de combustible de la embarcación.  Hace años tuve que pasar casi cuatro semanas en Kenia y cada fin de semana me dediqué al turismo, en uno de ellos me embarqué en una corta excursión en ferry por el lago Victoria, y cuando al cabo de unas horas bajé del barco estuve tentado de hacer como el Papa y arrodillarme para besar el suelo. A pesar de que los pasajeros eran turistas y keniatas ricos, el estado general de la nave era destartalado y solo con salir del pequeño puerto de partida ya me entraron ganas de bajarme al notar la rozadura con una roca. Lo de fuegos en cubierta parece ser algo corriente en las embarcaciones africanas porque en aquella excursión vi a un grupo de tripulantes haciendo té o cociendo algo en uno de esos fuegos en el suelo de cubierta.

El caos africano es la causa de los señores de la guerra, las guerras que ni tan solo son noticia, y los países totalmente desestructurados donde el sistema tribal ha podido con la división administrativa artificial de la época colonial.

Uno de los aspectos que hace más absurdo el comentario que responsabiliza totalmente a Europa del desastre inmigratorio, es el hecho que Europa y en general los países occidentales son los únicos que se han tomado en serio el prestar ayuda incondicional al desarrollo, aunque la corrupción propia y ajena haya impedido su eficacia. Países inmensamente ricos como Arabia Saudita y los emiratos del golfo no solo dedican a ayudas unas cifras muy inferiores tanto en valor absoluto como relativo, además las condicionan a la expansión de la fe islámica, o el caso de China, que aplica una política mucho peor que la de las potencias coloniales europeas siglos atrás. Los chinos, los actuales banqueros del mundo, llevan años invadiendo Africa a base de colaborar con los tiranos para poder explotar al máximo y con toda comodidad las riquezas africanas y las habilidades de su población, y en caso de cambio de tirano ellos cambian de socio. Curiosamente esta explotación china ha mejorado las cifras macroeconómicas de algún país africano, vía comercio exterior, pero la situación de los africanos de clase trabajadora de estos países bajo influencia china, no solo no mejora sino que se acerca a la esclavitud y por supuesto no evita la emigración.

Aparte las consecuencias políticas y sociales de esta forma de actuar. También se dan graves consecuencias medioambientales, porque después de lo mucho que costó que en casi toda Africa se estableciesen y respetasen normas de explotación forestal sostenible, los chinos vuelven a explotar los bosques por el método salvaje que a la larga los acaba transformando en desierto. Y mientras, una pandilla de imbéciles en Europa nos responsabiliza del problema.

Hablando de la misma pandilla de imbéciles, hace tiempo que opino que la responsabilidad por el éxito de partidos fascistas y xenófobos en muchos países europeos es de los partidos tradicionales, porque está muy bien luchar contra el racismo y la xenofobia, pero no a base de efectuar análisis y hacer afirmaciones generalistas y extraordinariamente simplistas que acaban por hartar a la ciudadanía. Recientemente en Francia se ha producido un muy buen ejemplo de lo que digo. El Ministro del Interior, el barcelonés Manuel Valls manifestó su opinión de que era imposible solucionar el problema de los gitanos rumanos porque se niegan a tener otro medio de vida que no sea mendigar y robar. Inmediatamente el coro mediático puso el grito en el cielo, se rasgaron todas las vestiduras rasgables, alguna comisaria de la U.E. soltó el rebuzno de turno,  y se llegó a exigir su dimisión por insultar a los pobres rumanos, pero resultó que todas las encuestas evidenciaron que la popularidad de Manuel Valls subió como la espuma, por la sencilla razón que cualquier ciudadano que se pasee por una ciudad del sur de Europa, vea actuar a los gitanos rumanos, como los veo yo cada día en la Plaza Cataluña de Barcelona, y esté algo enterado de las ayudas que han recibido, en especial en Francia, para que cambien de oficio, sabe que lo que dijo Manuel Valls es totalmente cierto, y si es cierto ¿por qué se ha de callar?.

 

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LAMPEDUSA.

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