Revista Homo

Las Bocas (Cuentos Homoeróticos)

Por Arturolodetti @latitudgay

Las Bocas

de Rodrigo Malmsten.

Las Bocas (Cuentos Homoeróticos)

@RodrigoMalmsten

Es una serie de cuentos homoeróticos que prensentamos en este sitio para ayudar un poco a pasar estos momentos dificiles que nos toca vivir. Silvio es el primero de un total de 11 micro relatos de alto contenido erótico… a disfrutarlos.

Silvio

Verano, Playa del Carmen, Caribe.Mexico

A los 20 años, decidí ir a México, mi madre me había regalado el viaje, para aprender sobre la cultura de ese hermoso pais.

Llego al Caribe, todo era azul, el mar, el cielo, las bellezas de sus playas blancas.

Unos kilómetros mas lejos de las playas familiares, se encontraba una playa nudista, gay, y entre pájaros, médanos y árboles, se reunían y se daban los encuentros maravillosos entre hombres, en la búsqueda del amor, del placer, del acontecimiento inaudito del ser gustado, deseado, y gustar, de otros desconocidos, que como yo, estaban alli, buscando cuerpos, jóvenes, adultos.

Durante el crepusculo, decidí nadar, desnudo en esas aguas de color turquesa. El sol acariaba el mar, mi pelo largo por los hombres, mi piel. Yo nadaba en el mar caribe de las costas de la península de Yucatan, desde la costa se vislumbraba la Isla de las Mujeres y la isla Cozumel.

Yo etretenido en esa imágen, en ese cielo, sin temor, solo, en paz conmigo mismo, observaba la maravilla de la vida, el perfecto encanto de nuestra madre natura.

Comienzo a nadar, unos minutos mas tarde, veo a mi lado, la cabeza de un hombre rubio, de ojos azules, de boca pudiente, voluptuosa y generosa, que me saludaba en italiano… de unos 45 años. Yo tenia 20, me sentia pequeño ante él, ante su desparpajo.

-Ciao, come va ?

-Bene- Respondo, el hombre comenzó a nadar en círculos, como si fuese un predador de aguas profundas, o un pájaro en un cielo húmedo y transparente. Yo en el medio y el rondándome.

Me atemoricé y decidí salir del agua, me dirigí a la playa blanquísima, bajo ese crepusculo inaudito que parecía eternizarse entre mis labios y mis ojos.

Cuando apenas pongo el pie, en la arena, Sergio, el hombre, me toca, me agarra, yo me suelto, me muerde dulcemente el culo.

Yo salgo, pienso que impertinente, que atrevido, pero era asi. En aquel juego de la carne y los corazones rotos.

Sigo caminando, cojo una toalla, me seco. Sergio se me acerca, yo no podia casi respirar de la emoción, de la sorpresa de la belleza de ese hombre, fuerte, alto y  simpático, de corazón sensible y generoso. Comienza a preguntarme de donde venía.

De Buenos Aires, le digo.

 – E te ?

– Io sono italiano

-Questo lo so- respondo.

– De dove-

– De Venecia-

– Venecia, che bello, che belleza, me piace tanto quella cita, ma no sono mai andato li. Un giorno lo faro, saro li.

Muchos años después, había de recordar, frente al duomo de Venecia, esa conversación, ese encuentro, con la nostalgia de un viejo, pero yo solo tenia 30 años. Y Sergio, un hombre, todo un hombre.

Sergio rie, ante mi inocencia y mi credulidad.

Hablamos de Frida Khalo, de los artistas mexicanos, de Playa del Carmen, que en ese momento, era una playa con pocos hoteles, y pocas gentes, mucho mas grande que Tulum, y mas habitada, pero no era como ahora, poseia una magia, un hechizo, una belleza única. Por lo menos en esas playas hermosas, generosas, y enternas.

Sergio, pregunta mi nombre.

-Come ti chiama ?

-Alfonso- Respondo.

-Che nome bello, me piacerebbe invitarti a cena, a casa. Vuoi ?

-Si- dije

Estabamos sentados en la arena, sobre una toalla color azul, contemplandonos, besandonos lentamente, casi con fragilidad y poetica violencia. Me acaricio la nuca, con suavidad, sus grandes manos viajaban por mi espalda, por mis brazos y mis piernas. Las lenguas iban y venian, en la profundidad de la tarde.

Los mexicanos nos espiaban desde lejos con curiosidad adolescente, detrás de los arbustos.

Observaron con desperpapajo, nuestro rotundo, nuestro deseo, nuestro fuego, nuestros sexos. Su cuerpo desnudo sobre el mio, su gran cuerpo, sus brazos fuertes, su boca profunda.

Recuerdo a Sergio, como si lo tuviera a mi lado.

Unos minutos después, nos levantamos, el cielo ya oscurecido, solo iluminado por estrellas brillantes y grandes, bajo la luna, y desde el corazón de nuestras bocas.

Me invita a su casa, los muros blancos, una gran mesa de madera, un candelabro de plata mexicana, libros, muchos libros, y fotos, el era fotografo marino. Y era cierto, su belleza se asemejaba al de un hombre de agua, un apolo de las profundidades.

Minutos después, nos sentamos en el living, desde las ventanas, los cortinados blancos, parecían, ángeles lujuriosos, bailando en la noche, había encencido, varios velones, y velas mas pequeñas.

Estabamos sentados en el living, se dirgió a la cocina y preparó una ensalada de palta, y otros frutos exóticos, rojos, violaceos, azulados, amarillos. Abrió una botella de vino. Sirvió dos copas y me dió una, sonriendo y acariciándome con una sola mano.

Sus ojos profundos, azules, comenzaron a besarme profundamente, me acerqué en silencio, una música de mariachis se escuchaba, desde la playa. El mar a lo lejos y yo y mi deseo de fuego, sobre el.

Nos besamos, abrazamos, lentamente introduce su lengua en mi, en mi boca, sobre mis labio, me acaricia la espalda, me gira, me acomoda, me invitada a desnudarme por completo, sacando, lentamente toda mi ropa, primero la camisola, luego el short.

Me puso en cuatro patas, mi boca contra la almohada, y sus manos y su lengua besando mi ano lampiño, solitario, y deseoso. La cabeza de su pena, rozaban los labios de mi culo, mi vulva, el interior de mi culo, besaba y mordía mis nalgas con pasión, me dió vuelta, me besó, ma lamió lentamente, abriendo con sus manos mi boca, sedienta de deseo y de lujuria.

Yo besaba y gritaba de placer, el también, me somete, me circunda, me desea, me profana, me restaura, me penetra lentamente, su pene era contundente, voluptuoso e impresionante.

Me puso boca abajo, nuevamente en cuatro patas, me metió los dedos, uno a uno, me besaba, y luego sentí la cabeza de su pene, penetrándome, me decía cosas, mientras me cogía.

Hicimos el amor hasta la madrugada, hicimos el amor, sin parar y hasta que el alba se puso roja, como asi mi culo, abierto al amor y a la perversion de Sergio, que seguia penetrándome, cogiéndome… hasta el dia de hoy, en donde la memoria se hace carne.

Las Bocas (Cuentos Homoeróticos)


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