Revista Coaching

Las invitaciones remuneradas o ¿quién es el anfitrión, tú o yo?

Por Eyg
LAS INVITACIONES REMUNERADAS O ¿QUIÉN ES EL ANFITRIÓN, TÚ O YO?"Entiendo que si organizo algo e invito significa que NO PAGAN LOS INVITADOS".
"El sabado tengo una despedida de soltera ... se lo pagamos nosotras a ella".
"Creo que las invitaciones han tenido siempre éxito por su gratuidad... si invitas pero la gente tiene que pagar te pueden pasar 2 cosas o que te dejen más sólo que la una o que pases la velada rodeado de hipócritas".
"Me parece de muy mal gusto invitar a alguien y no decirle que tiene que pagarse el cubierto, al menos hay que avisar y de esta forma hay opción para ir o no, depende de la compañia. A mi no me importa pagar cuando estoy a gusto con las personas con las que voy a compartir mantel, pero una invitación para mí tambien es NO PAGAR..."
Estas son opiniones de personas que se han encontrado en la situación. Son invitadas, pero han de pagar su cubierto. ¿?
Merece la pena analizar los conceptos por separado.
En el protocolo social, decimos que cuando asistes a una comida, cena... a la que has sido invitado, el anfitrión por regla general ha elegido un menú para todos. El anfitrión invita, paga y elije. En este caso, tú no puedes protestar o cambiar los alimentos salvo una cuestión seria de salud (alergias, enfermedad...) que el anfitrión no tiene por qué saber si tú no se lo has advertido. Comes, y callas, que para eso han tenido la deferencia de invitarte y no pagas. Por contra, como no has elegido tú la comida, no tienes por qué comértelo todo si algo en concreto resulta especialmente desagradable para tu paladar.
Si el caso es que te invitan correctamente, es decir, que no pagas, y además te dejan elegir a la carta, debes ser considerado con el bolsillo del anfitrión y no elegir el plato más caro. En este caso, habrás de comértelo todo que para eso lo has pedido libremente.
Si te vas a cenar por tu iniciativa, eres tú quien elige lo que quiere comer y sabes lo que vas a pagar, y aceptarás lo que te cueste el menú pues el dinero es tuyo y la elección también.
En resumen: COHERENCIA.
Pero.... ¿y si te invitan a una celebración -cumpleaños por ejemplo- y después de agradecer sonriendo que quieran contar contigo en el evento y tu cabeza comience a pensar en el regalo que llevarás, oyes salimos a X euros...?
¿CÓMO? ¿Me invitan pero he de pagar? ¿Eso cómo es? Vayamos por partes...
RAE.ES:
Invitar. (Del lat. invitāre).1. tr. Llamar a alguien para un convite o para asistir a algún acto.2. tr. Pagar el gasto que haga o haya hecho otra persona, por gentileza hacia ella. (Ajajáááááá)
¿De dónde nos sacamos que el invitado paga?. Si yo quiero tu compañía en una celebración MÍA, te invito a que vengas y te agasajo. Tú me regalas algo en consideración a mí y según tus posibilidades y gusto personal; yo te doy las gracias y aquí paz y allí gloria. Así es como es, y cualquier otra cosa es una invención amañada para manipular mi buena fe.
Si tú me dices que tengo que pagar por asistir a TU cumpleaños, debería ser yo quien elija ¿no? Yo elijo ir o no ir, elijo lo que voy a comer, elijo con quién quiero estar y además no te llevo regalo. Es como cuando voy a tomarme el aperitivo del domingo por la mañana: Elijo en qué sitio, elijo cuánto me voy a gastar, y elijo con quién me lo quiero tomar.
Las cosas son como son, y empeñarnos en enredar, disfrazar y engañar utilizando supuestas modernidades disfrazadas de superguaychachipiruli, lo siento pero no cuela.
Me comentan que lo que subyace en estas actuaciones tan habituales hoy día es la crisis económica. ¿Perdón? ¿Crisis para quién? ¡Pero si yo estoy en crisis también! ¿Tu crisis la pago yo?
Creo que, en realidad, lo que subyace es la falta de elegancia, el cutrerío, el quiero y no puedo y la falta de perspectiva. Supongamos que te hace mucha ilusión celebrar tu cumpleaños pero no tienes dinero para invitar.
Te voy a dar ideas totalmente gratuitas (yo cobro por asesorar, es parte de mi trabajo, y para tí lo hago gratis, lo advierto):
Vienes y me dices: Charo, es mi cumpleaños y quiero celebrarlo, pero no tengo dinero para invitar a todos los que me gustaría ni hacer una fiesta como quisiera. ¿Qué opciones tengo?
Y yo te digo: Pues puedes hacer varias cosas:
Una, aguantarte y no celebrar nada, que si no hay dinero no se puede remediar. Ya vendrán tiempos mejores. Hay que ser responsable y consciente de nuestra situación y de las consecuencias que puede acarrearnos un gasto inapropiado.
Dos, pedir un préstamo por lo que te va a costar la celebración, y si te lo dan la haces y si no, pues ya vendrán los mismos tiempos mejores de antes. Difícil de entender pedir un préstamo para un cumpleaños... pero bueno, es decisión personal y más sorprendente que pedirlo es que te lo den, tal y como están las cosas...
Tres, decirle a tus amigos "es mi cumpleaños, te invito a café, copa de sidra y trozo de tarta en mi casa, a las cuatro de la tarde". Fantástico. Todo el mundo tiene claro que sólo se le invita a café, sidra y tarta. Y a las cuatro de la tarde todo el mundo sabe que ha de ir comido. Es un gasto asumible, te llevarán regalos y seguramente os lo pasaréis estupendamente. Sólo hay que valorar económicamente el gasto global: cuántos cafés, cuánta sidra y cuánta tarta.
Cuatro, decirle a tus amigos "es mi cumpleaños, te invito a una copita de sidra y trozo de tarta en el Bar X, ya me gustaría que fuera cena pero se trata de celebrar mi cumpleaños, y a más no puedo invitaros". Casi igual de fantástico. Sinceridad y nadie se siente engañado. Seguramente irán todos los auténticos amigos a los que invites. Lo que hay que valorar aquí, además del gasto que supondrá la factura del Bar X, es que esta sinceridad sólo debe tenerse con aquellos que sepamos que merecen esta confianza. A los conocidos o conomigos (más que conocidos pero menos que amigos) no les importa lo más mínimo tu situación económica, y si les dices eso seguramente no irán, créeme.
Cinco: decirle a tus amigos "es mi cumpleaños, te invito a una copita de sidra y trozo de tarta en el Bar X, el resto de comida o bebida corre a escote". Lo mismo de antes. Sólo para los auténticamente amigos.
¡Montón de posibilidades ¿verdad?! Y a lo que se da relevancia es al hecho que motiva la celebración y sobre todo a la intención sincera: Tu cumpleaños y el deseo de celebrarlo conmigo.
Lo otro, es tomarme el pelo. Es que yo pague tu fiesta, es poner en evidencia tu caradura.
Y la verdad, [email protected], a mis cuarenta y cinco y pico y a estas alturas, hipocresías las justas, y menos las que me cuesten dinero.

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