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Era una noche oscura y tormentosa... Me disponía a retirarme a mis aposentos, tras haber dejado en orden los asuntos de la mansión del Coronel Luján, cuando el estrépito del portón principal interrumpió la paz nocturna. Alguien llamaba con insistencia.—Borrasca, ¿quieres pedirle al mayordomo que atienda la puerta? —ordenó con voz autoritaria doña Tempestad Luján.—¡Ambrosio, muchacho, la
