Revista Opinión

Las recetas venenosas del FMI

Publicado el 30 septiembre 2011 por Mcviento

Orígenes del Fondo Monetario Internacional

En primer lugar, para situarnos en contexto, debemos tener claro qué es y por qué surge el Fondo Monetario Internacional. En 1944, después de la Segunda Guerra Mundial, al mismo tiempo que lo hace el Banco Mundial, nace el FMI. El objetivo de ambas instituciones consistió desde sus inicios en la creación del nuevo orden económico mundial bajo la supremacía de EE.UU como potencia hegemónica del mundo occidental frente a su único contrincante en pié tras la contienda, la URSS y toda su zona de influencia en el mundo oriental e intermitentemente zonas de América central (con la tenaz Cuba a la cabeza) y del sur.

Funcionamiento

En cuanto a su funcionamiento, el FMI nunca ha sido democrático. La participación de los distintos Estados en el sistema ha estado basado en función del peso de cada economía. El poder de cada Estado depende de su cuota de mercado, garantizando siempre mayor poder a las principales potencias (derecho a veto, mayor número de votos, etc.).

Sintetizando, en sus comienzos funcionaba a la manera de un banco en el que las potencias económicas prestaban a países emergentes dinero a cambio de importantes intereses y la condición de realizar reformas económicas que adaptasen su funcionamiento al libre mercado para contribuir a la expansión del sistema capitalista.

Con cada crisis el FMI se ha ido reformulando. Con la caída de la URSS y con la mayoría de la población bajo el capitalismo a mediados de los noventa, llegamos al momento en el que desaparece su función de banco para ejerce el papel de “mediador” entre acreedores y deudores. En resumidas cuentas, se encarga básicamente de que los bancos, quienes se han convertido en los principales acreedores, arrebatándoles este terreno a los estados, cobren sus préstamos. Para lograrlo realiza recetas o recomendaciones a los Estados sobre cómo aumentar beneficios, reducir gastos y así poder pagar sus deudas (Poco a poco va impregnándose de la ideología neoliberal).

Es decir, a priori, el FMI está formado por economistas y expertos que recomiendan a los estados las fórmulas para sacar la mayor rentabilidad económica posible. Lo que ha sucedido es que, desprendido de toda humanidad, ha perdido también su función mediadora entre Estado-mercado para convertirse en “los guardaespaldas y cobradores del frac” de éstos últimos. La prueba más reciente de esta afirmación es la forma de actuar de la que ha hecho gala durante la actual crisis económica. Cada solución propuesta se ha acabado convirtiendo en un problema mayor para la ciudadanía de clase media-baja y lo público, y en una nueva oportunidad para los mercados.

Primera fase

En 2009, cuando se hablaba ya de crisis y se acabaron los eufemismos ridículos para denominarla, los estados más poderosos (G-20) junto con Holanda y España como invitados, acudieron a la llamada del FMI para escuchar sus propuestas para paliar la solución. Para situar mejor aquel momento, antes de dicho acontecimiento, el presidente francés, Sarkozy, en una acto de optimismo desmesurado, pretendía “refundar el capitalismo” (estamos ante un modelo económico que ha necesitado de casi dos siglos para desarrollarse hasta llegar a la cúspide a finales del XX).

Nos encontrábamos ante una crisis financiera -colapso del mercado interbancario- a raíz de la disección de las hipotecas basura en paquetes financieros por todos los banco del mundo y producirse una subida en el mercado inmobiliario que provocó que muchas familias norteamericanas no pudieran pagar sus hipotecas.

La solución parecía sencilla la Inyección de dinero público al mercado. Los líderes convencidos de que se encontraban ante la panacea del problema, volvieron a sus sillones en los palacios gubernamentales y comenzaron a invertir el dinero público. Inversiones tanto para la creación de empleo (PLAN E) por un lado, y por otro, el desembolso de miles de millones de euros a los bancos para estimular la economía con el fin de que se reactivase el mercado interbancario y volvieran a prestar dinero a los ciudadanos. En vez de dar ese dinero directamente a los ciudadanos a través de reducción de impuestos o subida de sueldos y que aumentase la demanda, se optó por que fuese a las arcas de los bancos convencidos del buen criterio del FMI. Los estados estuvieron inyectando dinero público hasta que se secó el pozo. Ya no había más dinero que prestar.

Nota: Existe una máxima liberal que dice que “el mejor gobierno es el que menos gobierna”. Pues bien, durante esta crisis el mercado ha tenido que hacer felaciones a tutiplén a los Estados para que realizaran políticas intervencionistas que antes tanto despreciaban para que les salvaran el culo. Lo que demuestra que no hay Estado sin mercado ni mercado sin Estado. Principio que los neoliberales parecían haber olvidado.

Segunda fase

La Creación de la deuda pública, ahora son los estados los que están sin un duro. Nueva reunión y nueva receta del FMI. Si los Estados están sin blanca, han que reducir costes para evitar y reducir el déficit, que aumentó de forma escalofriante porque se produjo una caída impresionante de los impuestos derivados del consumo. Es decir, el dinero que los Estados dieron a los bancos para que nos lo prestasen finalmente no acabó en nuestras manos y no lo pudimos gastar.

En este periodo vivimos medidas tan duras como la reducción de los sueldos de los funcionarios, la subida del IVA, congelación de las pensiones, la desaparición del cheque-bebé, la reforma del mercado laboral con grandes facilidades para despedir a los trabajadores, el aumento de la edad de jubilación, el fin de las prestaciones de 400€ para desempleados sin paro, reducción del gasto en sanidad, farmacia, educación, becas, etc. En pocos meses todas estas medidas de corte neoliberal entraron a saco en el congreso y fueron directamente como una patada a la boca de los ciudadanos.

Nuevamente la solución del FMI se tomó como un dogma a la espera de que fuese la solución definitiva. Tal vez nuestra clase política es incapaz de oponerse, de pensar por sí misma soluciones, su capacidad crítica y creativa es nefasta, o ta vez, nuestros gobiernos no tiene tanto poder de decisión como pudiera parecer. Yo estoy  convencido de que hay cucharadas de las dos situaciones.

Recapitulemos, en sólo dos jugadas el FMI ha logrado transformar la deuda privada en deuda pública, y se ha producido el mayor recorte de derechos y servicios públicos de la historia. Una jugada maestra sin duda, los mercados vuelven a tener dinero con el que especular y un floreciente negocio; debido a los recortes, los servicios públicos irán desapareciendo poco a poco y será el capital privado el que ocupará su lugar (pensiones privadas, sanidad privada, servicios sociales pobres para gente pobre, y menor protección para el trabajador).

Tercera Fase

La deuda de los países sigue aumentando. Las políticas neoliberales no están dando los frutos esperados (para los Estados), y entra en escena un nuevo mercado donde se compra y vende deuda. El FMI “recomienda” subastar la deuda pública en ese mercado. Es un recurso económico que ya existía, pero secundario, hasta este momento ni los repeinados de intereconomía habían oído hablar de los “300-400 puntos básicos”. Por cierto, ¿se habla de economía en este canal?

En este mercado paradójicamente los Estados subastan su deuda y los bancos, grupos de inversión,  multinacionales y grandes fortunas, hasta hace poco sin blanca, compran esas deudas a intereses altísimos, mucho más altos que los que impusieron los estados cuando inyectaron dinero público en la primera fase. Estamos en la otra cara de la moneda.

Los Estados, especialmente los Estados con más déficit: España, Italia, Irlanda y Portugal; van logrando colocar sus deudas a intereses históricos. Al mercado lo que le interesa es cobrar en el futuro la deuda con sus respectivos intereses, se trata ahora de Lograr primar el pago de la deuda. Para ello, el FMI, el cobrador del frac de los mercados como dije antes, impone que quede reflejado en la ley que se hará todo lo posible para pagar, si no es así, nuestros puntos subirán como la espuma -hasta llegar a los temidos 400- ya no se comprará más deuda. Nos vamos inevitablemente a la bancarrota. Tendremos deuda que nadie comprará porque es probable que nunca la podamos pagar.

En España se modificará la constitución para que se limite el déficit y que cada euro que entre en el estado vaya primordialmente al pago de las deuda, por encima de otros intereses e inversiones como la educación o la sanidad. Se trata de un chantaje inmoral, de un verdadero atraco. Esto es lo que realmente supone la  modificación de la constitución, la sumisión de todos nosotros al mercado, la legalización de esta esclavitud. Poner la economía (la deuda) por delante de las personas.

Estamos realmente entre la espada y la pared. Tal y como está el tablero de juego, no modificar la constitución nos llevará a la quiebra, a una todavía más profunda crisis. Pero firmar la reforma supondrá la sumisión, la servidumbre de cada contribuyente para con los mercados, la vejación de la ciudadanía. Es lo que parece que nadie a entendido. La mayoría querrá refugiarse en la comodidad del yugo escondido tras un leve velo, mientras pocos estaremos dispuesto a decir NO a la reforma, asumiendo que quizás las consecuencias serán terribles, pero en cualquier caso es mejor decir no a los nuevos tiranos, cada vez más difíciles de reconocer.

Para finalizar, una reflexión: La modificación de la CE tiene un peligro aún mayor. El cobro de impuestos a los ciudadanos -que algunos egoístas consideran un atraco y coartación a su libertad- se sustenta en el principio de solidaridad entre ciudadanos. El Estado te “obliga” a ser solidario con el resto, en pos de otros tantos principios legítimos como la justicia, la igualdad y la equidad. ¿Qué pasará ahora que nuestros impuestos no estarán  destinados a ayudarnos los unos los otros?, ¿supondrá la modificación de la constitución el fin de la cohesión social?


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