Revista Comunicación

Las redes sociales y la desinformación

Publicado el 12 marzo 2018 por Felipe @azulmanchego
Las redes sociales y la desinformaciónCONFIESO QUE SENTÍ un cierto desasosiego al leer que “la información falsa llega más lejos, más rápido y a más gente que la verdadera”. No tanto porque no intuyera que algo así pudiera estar ocurriendo, sino porque la capacidad viralizadora de determinados asuntos en las redes sociales puede llegar a menoscabar la confianza de los receptores en la buena información. Claro que, a decir verdad, no es la primera vez que siento esa incomodidad.Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), publicado en la revista Science y apoyado por Twitter, ha concluido que las tristemente de moda fake newstienen un 70 por ciento más de probabilidades de ser replicadas que las veraces.Si en la era digital las noticias falsas se expanden significativamente más deprisa, llegan a más gente que las de verdad, enganchan más, generan una mayor interacción entre los usuarios y se comparten con mayor frecuencia que las de verdad… Si la mentira impacta a un mayor número de personas, y más si el contenido es político, parece llegado el momento de reivindicar el periodismo.En ese estudio también se ha analizado la intervención de los bots–sistemas de creación automática de tuits mediante la intervención de robots–, cuyo propósito último es engañar y generar confusión sin que sea necesaria la intervención directa de los humanos. Y el resultado es demoledor: muchas de las noticias falsas transmitidas por internet son generadas por tan diabólicos artilugios.Si es cierto el dato de que en Twitter hay, o puede haber, 48 millones de botsy 60 millones en Facebook, parece evidente que estamos ante un problema que convendría analizar con detenimiento. Para evitar que el poder de la mentira acabe sepultando el torrente de información que con tanta fruición se expande por internet.Las redes sociales deberían esforzarse en poner coto a los bulos, los mensajes de odio, las ideas extremistas y la propagación de la desinformación. Y mientras no lo hagan, habrá que seguir apostando por el periodismo como único garante de los datos publicados. Su capacidad para verificar, casi al instante, cualquier información es tan necesaria como imbatible. Los destinatarios deben saber, necesitan tener esa certeza, que ningún medio les va a colar un gol publicando información toxica. No, al menos, de forma intencionada dado que el coste que supondría en materia de credibilidad que es el mejor patrimonio de cualquier medio que se precie. Tampoco estaría mal que, ya de paso, los medios –todos ellos– dejaran de coquetear con los titulares sensacionalistas y los contenidos banales solo por aumentar los clics de sus espacios digitales. El cibercebo o clickbaitpuede ser muy adecuado para captar la atención de los usuarios y aumentar el tráfico hacia un sitio web, pero dice bien poco de la solvencia que se le presupone a unos medios tan serios.En verdad, las fake news no suponen un problema para los medios dado que estos cuentan con herramientas suficientes –verificar, contrastar, rectificar– impensables en esa “máquina del fango” en la que, con más frecuencia de la deseable, se han convertido las redes. Siempre nos quedará el (buen) periodismo.

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