Revista Cultura y Ocio

Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil

Publicado el 11 mayo 2010 por Flenning

En el proceso de transformación de lo esencial, del cual hablaba en el post anterior, parece que somos más dóciles de lo que estamos dispuestos a aceptar. A pesar de nosotros, parece, somos las víctimas de una lucha interior entre Resistir y Renunciar, o entre lo que se Debe y lo que se Puede. Quizás tenemos más atributos negociables que no negociables. Quizás Resistir se dice más rápido que Renunciar.

¿Y si uno desconoce sus atributos? ¿Cómo puede renunciar uno a cosas que ni siquiera sabe que tiene? Este escenario es típico de los adolescentes y precisamente ahí se encuentra el estudiante Törless, un poco a la deriva entre los vaivenes de Eros y Tánatos, entre la castidad y la concupiscencia, sin brújula entre las rutas sensoriales.

«… ¿Cuáles son las cosas que me parecen más extrañas? Las más triviales. Más que todos los objetos inanimados… ¿Qué tienen, que me parecen tan extraños? Algo en ellos que no comprendo… ¿De dónde saco esta noción? Siento que está ahí, que existe… Para mí, el mundo está lleno de voces silenciosas. ¿Significa esto que soy clarividente o que alucino? […]»

El conflicto que se le plantea a Törless no es trivial. ¿Cómo saber si el castigo está proporcionado con la falta? Si el castigo es desmedido y no se hace nada, ¿como abandonar la culpa por la inacción? Si se es cómplice del castigo desproporcionado, ¿cómo abandonar la sensación de parecerse a Maquiavelo?


Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil
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Epígrafe.
««Apenas expresamos algo lo empobrecemos singularmente. Creemos que nos hemos sumergido en las profundidades de los abismos y cuando volvemos a la superficie la gota de agua que pende de la pálida punta de nuestros dedos ya no se parece al mar del que procede. Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros y cuando volvemos a la luz del día, solo traemos en nosotros piedras falsas y trozos de vidrio; y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro».»

Parece una situación abstracta, sin embargo, Törless pasa por ella. Su compañero Basini ha cometido una falta reprochable y quizás sea expulsado por esa falta. ¿Qué hacer? ¿Denunciarlo o no denunciarlo? Otros compañeros piensan que, mejor que denunciarlo, sería extorsionarlo o sodomizarlo. Hay un detalle más: Basini es bello, de una belleza sin velos.

«… Basini tenía hermosas formas. Su cuerpo estaba desprovisto casi de todo rastro de líneas viriles. Era de una delgadez esbelta, casta, como la de una muchacha; y Törless sintió que la imagen de esa desnudez encendía sus nervios con cálidas, blancas llamas. No podía sustraerse a la fuerza de esa belleza […]».

¿Seguir a la manada o buscar una respuesta personal ante la falta de Basini? ¿La belleza se detiene en el género? ¿La belleza es superior a la falta?

Cuantificar las acciones y las formas parece ser una idea absurda, porque las asimetrías conducen a laberintos sin salida y a la frustración, inevitablemente. Pero si intentar comparar una forma con otra y una acción con otra conduce a la nada, si la esencia de las personas no está ni en su forma ni en sus acciones, entonces, ¿dónde está?

«… En el caso del ser humano, la naturaleza le pone templanza a su carácter, a su conciencia de serlo, al sentido de la responsabilidad que le compete como parte del espíritu del universo. Y si el ser humano pierde esa conciencia, se pierde a sí mismo… Los verdaderos seres humanos son seres cósmicos capaces de aquel tipo de meditación que les revela su relación con el gran proceso universal. Estos hacen milagros con los ojos cerrados porque saben cómo hacer uso de la totalidad de las fuerzas del universo, que se encuentran en su interior al igual que por fuera de ellos […]».

Basini es el agente catalizador en las tribulaciones de Törless, es el agente que trasmuta la fuerza interior de Törless. Lo lleva a buscar las respuestas entre las páginas de Kant y en el paraíso perfecto de las matemáticas.

«… Compréndame usted bien, Törless, se lo ruego. Mire usted, me está hablando de la función de los factores trascendentes. Hum, sí, se los llama así... Ahora bien, no sé cómo se imagina usted estas cosas; lo que está más allá de los estrictos límites del entendimiento es algo muy especial. A decir verdad, no son cosas que me conciernan a mí mismo; mi especialidad es otra; podrá pensarse de este modo o de este otro, sobre el asunto. Y yo evitaría en cualquier caso polemizar... Pero en lo tocante a las matemáticas –y aquí recalcó la palabra matemáticas como si quisiera cerrar de una vez por todas una puerta fatal– en lo que concierne, pues, a las matemáticas, es absolutamente seguro que se trata de una cuestión solo natural y matemática. Ahora bien, para ser estrictamente científico, yo debería hacerle algunas demostraciones que usted apenas podría comprender. Además, no tenemos tiempo. Sepa usted que me doy cuenta de que, por ejemplo, estos valores numéricos imaginarios, que realmente no existen, son un hueso duro de pelar para cualquier estudiante joven. Debería contentarse usted con saber que tales conceptos matemáticos son, precisamente, necesidades puras del pensar matemático. Reflexione usted. En la fase elemental de los estudios matemáticos, en la cual aún se halla usted, para muchos es difícil comprender la explicación cabal Afortunadamente, solo muy pocos sienten verdadera curiosidad por estas cosas; pero cuando viene uno, como usted hoy (aunque como ya le dije, me ha complacido mucho), a plantear estas cuestiones, entonces lo único que puede decírsele es: querido amigo, aquí no cabe otra cosa que creer. Cuando sepas diez veces más matemáticas de lo que ahora sabes, lo comprenderás […]».

Es interesante ver cómo el amigo Törless busca respuestas en casi todas las cosas y rincones: en el amor de sus padres; en el infinito; en la perfección matemática; en la belleza física, sin género; en la moral; en lo profano; en lo celestial; en lo pagano… No sé, no sabemos si luego de encontrar algunas respuestas se convertirá en rinoceronte. El hecho es que su decisión tendrá el atenuante de que no ha sido una decisión hija del azar, pues ya sabemos que el azar solamente da por hijos a seres que no pueden explicar su origen.


Esta película recibió el premio FIPRESCI en el Festival de Cannes así como los Premios del Cine Alemán de mejor película, guión y director y convirtiéndose en uno de los puntales, junto a Fassbinder o Herzog, del nuevo cine alemán.

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