Revista Opinión

Levadura nazi

Publicado el 17 agosto 2011 por Cronicasbarbaras

Posiblemente el análisis más acertado sobre los vándalos británicos de mediados de este agosto lo hizo Jon Juaristi, Unamuno contemporáneo, bilbaíno como él, al observar que actuaron con total ausencia de compasión con sus víctimas.

“Lo que sobrecoge de esta revuelta inglesa tan poco inglesa es su radical anomia, su ausencia total de compasión, visible en las imágenes desoladoras del expolio de Ashraf Haziq, el estudiante malasio al que machacaron y robaron sucesivas jaurías de matones”, escribe en su artículo “Revueltas” el pasado domingo en ABC.

Extraña, sin embargo, que Juaristi no llegue más lejos recordando un mundo que ha estudiado, el de la levadura que hinchó a los despiadados nazis desde su origen en los años 1920 hasta el triunfo e imperio de Hitler.

En medio de una crisis económica y moral aparecen esos indignados, muy parecidos a los haraganes y vándalos, pandilleros multiculturales británicos, tipos que han olvidado los valores humanos y que se han convertido en fieras capaces de matar por cualquier despojo de lo que posee la burguesía productiva.

La ausencia de autoridad y de cánones éticos que permite que proliferen las hordas de matones nazis la retrata proféticamente con respecto a estos indignados británicos Victor Klemperer en su “LTI: la lengua del Tercer Reich” (Minúscula).

Son chusma que desconoce la frontera entre lo bueno y lo malo, cuya carencia de autoestima la hace esclava de quien le promete riqueza y poder: así se forman los comandos de asalto fascistas, en algunos casos nihilistas, en otros religiosos.

Su misión es destruir la clase explotadora –en tiempos de Klemperer los judíos--, ahora, además, los ciudadanos anónimos.

Es la oclocracia que se apodera de Occidente para hacer despojos de una civilización costosamente construída y todavía la más valiosa. Sólo necesitan un líder, un sumo sacerdote.

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