En la distopia de George Orwell, 1984, tiene un papel relevante otro libro inventado, Teoría y práctica del colectivismo oligárquico, de un tal Emmanuel Goldstein. Este autor, según nos dice su creador, es físicamente muy parecido a Trotsky, y su nombre recuerda claramente al de la anarquista Emma Goldman. Siguiendo con los mundos alternativos, es imperioso citar la novela dentro de la novela de El hombre en el castillo de Philip K. Dick, que lleva el delirante título de La langosta se ha posado, y cuyo autor es un tal Hawthorne Abdensen. Si en la ficción "real" las potencias del Eje han ganado la Segunda Guerra Mundial -dando lugar a un mundo en el que los nazis, entre otras cosas han desecado el Mediterráneo para convertirlo en tierras de cultivo-, en el libro "ficticio" es Inglaterra, con la ayuda de EE.UU., la que ha logrado una rápida victoria sobre los nazis y se ha erigido luego en imperio mundial. 
Philip K. Dick
En El guardián entre el centeno, Holden Caulfield nos informa de que su hermano D.B. es un gran escritor y cita una de sus obras "El pez dorado secreto", una historia que trata sobre un chico que no deja que nadie mire su pez. Por desgracia, parece que D. B. abandonó la verdadera literatura para irse a Hollywood a escribir guiones. Algo que dice bastante sobre la opinión que a Salinger le merecía el mundo del cine. También encontramos en este gremio de escritores ficticios a uno de mis personajes favoritos, Stephen Maturin, el fiel compañero de aventuras de Jack Aubrey en la serie de Patrick O'Brian. Como experto cirujano naval (aunque confiese que no es muy bueno sacando dientes), Maturin es autor varios tratados médicos, entre ellos un utilísimo manual titulado Enfermedades de los marineros.
Luego hay una serie de escritores que no inventan un libro ficticio, sino muchos. Por ejemplo, Roberto Bolaño, en 2066, presenta a un tal Benno von Archimboldi, autor de una veintena de obras. O George R.R. Martin, que en su serie Canción de hielo y fuego inventa no sólo un mundo riquísimo, sino también las obras literarias que en éste son de lectura obligada. O Nabokov, otro gran fabulador de libros en sus obras. Y, por supuesto, Borges. Pero la lista sería interminable. Si la quieren más completa, existe una web que ofrece una relación abundante de estas curiosidades (aunque no completa). Pero de verdad de verdad, de todos estos libros ficticios, el único que yo daría algo por leer es El manual de la cria del cerdo, de Augustus Whiffle, que Lord Emsworth lee con fruición en las novelas de P.G. Wodehouse. Pero... un momento,¡el libro existe! O al menos, algo que se le acerca mucho.
Para que luego digan que la realidad no imita a la ficción.
