La técnica con la que se crearía este embrión humano no es novedosa. Se conoce desde hace algunos años, ya que es muy similar que la empleada para crear a la famosa
oveja Dolly en 1996. Lo que sí es novedoso es que se haya conseguido hacer con células humanas, algo que se había intentado anteriormente pero no se había logrado hasta ahora. Las similitudes con Dolly llevan lógicamente a pensar que
se podría crear un ser humano idéntico a otro ya existente. ¿Se podría crear de verdad? A día de hoy es bastante improbable, dado que no se ha logrado con otros primates y que el embarazo del ser humano es muy complejo. Tampoco la
clonación reproductiva (obtener descendencia humana idéntica a un individuo existente) es el fin de esta investigación, ya no solo por los problemas éticos que no son necesarios explicar, sino también porque probablemente ese ser humano clonado no tendría una buena calidad de vida y viviría menos tiempo que un ser humano normal. Algó así ocurrió con la oveja Dolly y la causa de ello la podemos encontrar en la
epigenética. La epigenética es un conjunto de marcas, determinadas tanto por herencia como por factores ambientales, presentes en el material genético que influye en la expresión del mismo y, en consecuencia, en el funcionamiento del organismo. Este concepto es muy complejo y muy interesante, por lo que dedicaremos un post aparte en próximas semanas.
El objetivo de la investigación del grupo de Oregón es la clonación terapéutica, esto es, conseguir obtener
células madre con idéntico material genético que un determinado paciente, con el fin de luego diferenciarlas en el tipo celular (neuronas, células musculares, células sanguíneas…) que ese paciente necesite para curar su enfermedad. No cabe duda de que para la consecución de este fin, es totalmente posible emplear esta técnica. Lo que ocurre es que esto mismo ya se puede lograr de otra manera más sencilla, más barata, que no tiene problemas éticos y que no necesita de donantes de óvulos. Esta manera es la
reprogramación celular. Los científicos
Yamanaka y
Gurdon obtuvieron el
Premio Nobel de Medicina en 2012 por sus aportaciones clave en este campo, y son muchos los grupos que actualmente investigan para conseguir llevar la reprogramación celular a las clínicas. De momento, su aplicación rutinaria en pacientes no es posible, pero sí que se ha conseguido que células ya especializadas se conviertan en células pluripotenciales inducidas (denominadas
iPS, células que pueden dar lugar a muchos otr
os tipos celulares del organismo) simplemente cultivándolas con ciertos factores que inducen esa desdiferenciación.
La reprogramación celular no tiene que luchar contra objeciones éticas ni legales y se puede lograr de forma menos laboriosa y empleando únicamente células del paciente. Por tanto, tiene muchísima ventaja sobre la clonación terapéutica.