Revista Comunicación

Lo haré en verano… o después

Por Rutroncal
Lo haré en verano… o después

Hace poco escribía algo que, cuanto más lo observo, más sentido tiene:

¿Y si no estás sin ganas… sino sin movimiento?

Porque muchas veces no es apatía.
No es desmotivación.
Ni siquiera es pereza.

Es algo más sutil.

Es estar en pausa.

Sabiendo lo que quieres hacer…
pero sin dar el paso.

Y ahora, con el verano acercándose, esto se intensifica.

De repente, todo parece poder esperar:
“ya lo haré después del verano”

Pero al mismo tiempo aparece otra sensación:

“debería hacerlo ya” “voy a aprovechar el verano”

Una especie de urgencia silenciosa.

Y entre esas dos fuerzas… te quedas en medio.

Parado/a.

Déjame preguntarte algo:

  • ¿Qué llevas semanas posponiendo “para cuando tengas tiempo”?
  • ¿Qué decisión sigues evitando aunque sabes que es importante?
  • ¿Y si no fuera un tema de ganas… sino de activación?

No es falta de ganas. Es tu cerebro evitando moverse

Aquí es donde la cosa se pone interesante.

La procrastinación no es un problema de tiempo.
Es un problema de autorregulación.

Es decir: la capacidad de pasar de la intención a la acción.

De hecho, se define como un fallo en la autorregulación que interfiere con el bienestar y el crecimiento

¿El problema real?

Nuestro cerebro está diseñado para evitar lo incómodo… ahora.

Si una tarea implica:

  • incertidumbre
  • esfuerzo
  • posible error
  • exposición

nuestro sistema emocional no negocia. Evita. De hecho, podemos empezar a negociar con nosotros/as mismas y empieza ese famoso autosabotaje que ya sabemos cómo acaba… procrastinando eso que no nos apetece hacer.

Y entonces aparece esa sensación tan conocida:

“es que ahora no tengo ganas” “encontraré otro momento mejor”

Pero si afinamos un poco más, muchas veces es esto: no quiero sentir lo que implica hacer esto

La trampa: esperar a tener ganas

Hemos aprendido (mal) algo: “cuando tenga ganas, lo haré”

Suena lógico.

Pero no funciona.

Porque la motivación no suele venir antes.

La motivación suele aparecer después del movimiento.

No antes.

Esperar a tener ganas es una trampa elegante:
te deja en pausa… sintiendo que tiene sentido.

Y aquí entra la famosa regla de los 5 segundos

Seguro que la conoces, la popularizó Mel Robbins en su libro de “El poder de los 5 segundos”:
Visualiza lo que quieres hacer, haz que tu cerebro proyecte lo que vas a hacer.

5-4-3-2-1… y actúa. No negocies contigo mismo/a. No des tiempo al autosabotaje.

Simple. Directa. Casi demasiado.

¿Funciona?

Vamos a ponerle matices.

No hay una base científica sólida que la respalde como método universal.

Pero…

Sí tiene sentido desde la neurociencia.

¿Por qué?

Porque introduce algo clave:

interrumpe el patrón automático de evitación

Ese pequeño espacio entre pensamiento y acción cambia el juego.

Durante esos segundos:

  • reduces el ruido mental
  • activas la corteza prefrontal
  • te mueves antes de que la emoción te frene

No cambia lo que sientes.

Cambia lo que haces.

Y eso, muchas veces, es suficiente para empezar.

Ahora bien, empezar no es el problema real

Aquí viene la parte importante (y menos popular).

Empezar está bien.
Pero no es lo difícil.

Lo difícil es sostener.

La investigación es bastante clara:

No basta con:

  • tener objetivos
  • tomar decisiones

El factor diferencial es otro: la perseverancia

Porque el proceso real no es lineal, es algo así:

  1. Tomas conciencia (aprendes de lo que no hiciste)
  2. Defines objetivos
  3. Decides
  4. Sostienes… o abandonas

Y es en ese cuarto punto donde la mayoría se rompe.

De hecho, la evidencia muestra que la perseverancia es uno de los factores más potentes para reducir la procrastinación 

Dicho de forma más clara:

  • No fallas porque no sabes lo que hacer.
  • Fallas porque no sostienes lo que decides.

Entonces… ¿qué está pasando realmente cuando procrastinas?

No estás perdiendo el tiempo.

Estás evitando algo.

  • evitar sentirte insuficiente
  • evitar equivocarte
  • evitar exponerte
  • evitar tomar una decisión

Por eso ninguna técnica rápida funciona sola.

Porque el problema no es conductual únicamente.

Es emocional.

Una forma más completa de abordarlo

Si juntamos todo, el enfoque cambia bastante:

1. Ponle nombre a lo que evitas

No es pereza.

Es miedo, saturación, perfeccionismo, duda…

2.Visualiza

Dale a tu cerebro una imagen clara de lo que quieres hacer.
Como un/a deportista antes de una jugada clave.

3.Activa movimiento (aunque sea mínimo)

Aquí sí: 5-4-3-2-1.

Pero con un objetivo claro: no hacerlo bien, sino empezar

4. Diseña continuidad

La pregunta clave no es:  “¿cómo empiezo?”
sino: “¿cómo sigo mañana?”. Acuérdate de la regla de los dos minutos.

5. Entrena la perseverancia

No esperes a sentirte motivado/a. Entrena sostener incluso cuando no apetece.

Y para terminar…

Quizá no te faltan ganas.

Quizá llevas tiempo esperando sentir algo
que en realidad solo aparece después de moverte.

Y sí…

A veces todo empieza con algo tan pequeño como esto: moverte antes de pensarlo demasiado

Cinco segundos no cambian tu vida.

Pero pueden cambiar algo mucho más importante:  el momento en el que dejas de quedarte en pausa

5,4,3,2,1…
¿Qué vas a hacer tú ahora?


#Procrastinación
#Neurociencia
#Autoliderazgo
#DesarrolloPersonal
#GestiónEmocional
#ProductividadConsciente
#TomaDeDecisiones
#Hábitos


Volver a la Portada de Logo Paperblog