Revista Música

Lo más divertido. Selección de anécdotas de pianistas! :)

Publicado el 07 septiembre 2017 por Agustin @TecleaTeCrea
Ahora recuerdo un concierto con orquesta donde olvidé los zapatos en el hotel y tuve que tocar con los zapatos de un músico de la orquesta, que tenía algo así como 3 o 4 números más que yo. No puede imaginar la aventura de controlar los pedales con esos zapatos. JAVIER PERIANES Recuerdo que cuando era muy pequeña, empecé a estudiar violín con un profesor ruso en Sevilla. Me encantaba (y encanta) el violín, estaba ilusionadísima y por lo tanto, tocaba bastante tiempo queriendo darlo todo de mí. Tanto daba que no era consciente ni me preocupaba del sonido “gatuno” que producía. Por aquel entonces teníamos una gata que era un amor con el que tenía un vínculo muy especial, tan especial, que al oírme tocar se pensaba que aquellos sonidos que producía eran mi llanto, como el de un gatito pequeño con hambre y me dejaba todas las tardes y las mañanas un montón de pájaros y ratones al lado de mi ventana. A los pocos meses dejé el violín (no por la gata, sino porque con el piano ya tenía lo mío) Hoy día, tengo un violín en casa, el cual de vez en cuando lo uso a modo de viola da gamba. ELENA SALVATIERRA
Guardo muy buen recuerdo de algo que me sucedió en un curso sobre técnicas de estudio del instrumento musical, que tomé cuando iba en mi primer año de piano. Al llenar la solicitud había que marcar si uno quería ser participante u oyente. No hay que decir que yo marqué que quería ser participante; el único inconveniente es que sólo podían participar 20 pianistas de unos 300 que presentaron la solicitud.
Para decidir quiénes serían los 20 elegidos, tendríamos que pasar una audición. Sinceramente, al ver que muchos de los aspirantes estaban en cursos más avanzados que yo y presentaban obras mucho más difíciles (yo llevaba preparadas la sonatina Op. 36, n° 3 de Muzio Clementi y una pieza del "Álbum para la Juventud" Op. 68 de Robert Schumann), hubo momentos en que estuve a punto de levantarme y marcharme. Quizá una de las razones por las que no lo hice fue porque tenía la curiosidad de sentarme a tocar, por primera vez en mi vida en un Steinway de concierto. Mi mayor sorpresa es que, a día siguiente, cuando publicaron los resultados, yo estaba entre los seleccionados, y hasta se especificaba qué día y a qué hora iba yo a pasar a revisión. Aprendí mucho en ese curso, sobre todo una doble lección muy importante en la vida de cualquier músico: por una parte, nunca sabes los criterios que tengan las personas para fijarse en ti, para seleccionarte, para aplaudirte, y por otra parte, que lo importante no es presentar la obra más difícil, sino presentarla lo mejor que se pueda interpretar. CARLOS MARÍN TRIGO
Ahora me viene a la memoria un recital (de improvisación) que yo daba en la casa de cultura de un pueblo de la provincia de Albacete (Hellín). No recuerdo muy bien el año, quizás alrededor del 1985. A ese concierto asistieron mi suegro y dos personas más. El recital fue más bien corto pero en el bis (porque hubo bis) uno de los asistentes me pidió que tocara las bodas de Luis Alonso, yo le expliqué que el concierto era improvisado y por lo tanto no podría hacer lo que me pedía pero que haría unas variaciones a partir del tema principal, y así quedó la cosa¡¡¡
EMILIO MOLINA

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