Despertar y verte durmiendo a mi lado. Mirarte despacio con los ojos medio cerrados cómo todavía, despeinada, duermes tranquila. Procurar no moverme apenas, para poder escuchar tu respiración, suave, acompasada, sabiéndote así, relajada y feliz.
Levantarme muy despacio para no despertarte y salir hacia la cocina. Sé que te gusta despertar con el olor a café y pan tostado flotando por la casa. Al volver a la puerta del dormitorio con una taza en la mano, ver cómo extiendes el brazo con los ojos aún cerrados, buscándola. Pidiendo el preciado y tan necesario a estas horas, líquido elemento. Después de los primeros sorbos, verte levantar y dejarte pasar hacia el baño, reírme mientras vas dando tumbos por el pasillo y aprovechar para darte una pequeña palmada en el culo cuando pasas a mi lado. Terminar de desayunar juntos. Rápido que llegamos tarde… Yo ya me he duchado y tú estás sacando la ropa. Recoger la cocina mientras acabas de arreglarte y salir hacia el trabajo.
Cerrar la puerta de casa es dejar dentro todos nuestros sueños durante el tiempo que no estamos juntos. Esas horas que las tareas cotidianas nos roban todos los días. Ese paréntesis que se hace, a veces, eterno. Y sólo lo consigo salvar gracias a leer algún mensaje o mirar alguna fotografía tuya. Pequeños detalles que me siguen alegrando el día. Por fin se acaba la tarde y procuro pasar por el súper para poder preparar la cena. No todos los días puede ser lo que te gusta… Hay que comer sano y equilibrado. Si tienes gimnasio, me da tiempo a preparar algo más elaborado, si no, cualquier cosa rápida y algo de fruta nos vale.
Después de cenar, recoger y sentarnos en el sofá a ver alguna serie bajo la manta. Tus piernas sobre un almohadón puesto en mis rodillas, para que puedas tenerlas en alto. Y no es por no atender el argumento de la serie, sino porque ambos tenemos ganas de llegar al refugio. Nuestra cama… Allí, en nuestra particular isla desierta, todo es posible. Con la convicción de que el amor será eterno y sobrevivirá todas las tormentas que la vida ponga en nuestro camino, en ese, nuestro castillo inexpugnable, podemos ser y dar lo mejor de nosotros. Siempre. Me encanta verte, mirarte despacio y acariciar tu cara, mientras tú dedo recorre mis labios… A base de caricias, el ritmo frenético del día se va calmando y poco a poco se nos cierran los ojos.
Sé que estás lista, cuando me das la espalda arrimándote a mí. Quieres que te abrace por la espalda. Sentirte protegida. Y me encanta ese gesto tan dulce, esa complicidad silenciosa creo que es lo mejor de nosotros. Apago la luz y los miedos desaparecen, no hay monstruos que se atrevan con nosotros. Y, al poco, llegan los sueños con la banda sonora de tu respiración cada vez más suave…
…
..
.
Al despertar otro día más, te imaginó durmiendo todavía en la cama, a mi lado. No importa el tiempo que haya pasado desde el maldito accidente, tú sigues junto a mi. Aunque ahora mi vida se reduce a los breves momentos en los que, a base de somníferos y tranquilizantes, consigo vencer a la cruda realidad y puedo revivir en sueños, los maravillosos momentos que la vida nos ofreció, mientras estuvimos juntos.
Lo mejor de nosotros fue ese tiempo… cuando fuimos tan felices…
(Pequeños, frágiles y efímeros cuerpos, recubiertos de una fina película de ego. No somos más. Lo mejor de nosotros, se resume en los buenos recuerdos que podamos dejar en la memoria de todos los seres humanos con los que nos crucemos en nuestro camino, a lo largo de nuestra breve existencia).
Visita el perfil de @netbookk
