
Una de mis películas favoritas es “Lo que el viento se llevó”, sé que suena a tópico, pero es, no solamente una película que me gusta, sino la película más especial de mi vida. El motivo es este:
Una Mónica de cinco años, hundida en una butaca roja, con los pies colgando y los ojos abiertos como platos, totalmente rojos, irritados por no pestañear.
“Lo que el viento se llevó” es la primera película que recuerdo haber visto. Creó una sensación en mí que no ha cambiado con los años. Evidentemente, con cinco añitos era imposible que me enterara del argumento de la película pero había algo que me cautivó, no lo puedo explicar. Después de ese día estuve durante años dibujando a Escarlata O´Hara, sobre todo el primer vestido que sacaba, me encantaba ese vestido… ¡ah! Y el que se hacía con las cortinas…la de veces que intenté hacerle un vestido a mi Barbie tan bonito y económico (fracasé, claro).


Obviamente no la vi de estreno, que la estrenaron en 1939 aunque aquí en España, no fue hasta 1950 y tampoco soy tan mayor ¿eh? Lo que pasa es que cuando era pequeña al lado de mi casa había un cine, no un multicine de esos con 17 salas a cual peor. No señor, no, UN CINE como tiene que ser, con su olor característico, su suelo pegajoso, su anfiteatro, su pantalla grande (grande de verdad)… Mis padres nos llevaban allí casi todas las tardes, sobre todo en invierno, en verano tocaba el parque o el cine de verano. Por ciento y pico pelas pasabas la tarde gracias a la sesión doble. Te llevabas un bocata o el pan con chocolate, hacías merienda-cena y ¡listo!


Pasaron cuatro años hasta que volví a verla, en 1986 la echaron por primera vez en la tele y sí, otra vez me dejó sin aliento, de hecho todos los años vuelvo a verla al menos una vez. Es algo que necesito. Para mi “Lo que el viento se llevó” no es solamente una película. Gracias a ella el cine es algo tan importante en mi vida que ha pasado a formar parte de ella, necesito ver todos los días una película, sí, sí LO NECESITO y lo hago, esperando volver a sentir alguna vez lo mismo que sentí aquella primera vez en que vi una película.

Aún hoy en día, después de tantos años transcurridos, cada vez que la veo, vuelvo a soñar, vuelvo a recordar, vuelvo a ser esa pequeña niña hipnotizada ante la pantalla y es que esos recuerdos son algo que el viento jamás se llevará.

